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Biografia Dr. Gustavo Baz Padra
 

     Haciendas y Ranchos

La Colonia
Haciendas y Ranchos
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Los Ranchos y las Haciendas de Tlalnepantla

 

La apropiación y expansión de territorios con base en las iniciales mercedes dio paso a que se generalizara el sistema de haciendas novohispanas. La expansión, que comenzó en el siglo XVI, se acentuó en el XVII y XVIII, correspondiendo al auge de la hacienda.

Las primeras mercedes que se otorgaron se designaban como " labores de tierra"; al ir creciendo éstas a través de apropiaciones, legalizadas a través de las "composiciones", o por compras, se comenzó a utilizar frecuentemente el término de hacienda. En un principio, hacienda era "el conjunto de bienes que tenía un individuo, así como los bienes pertenecientes a una comunidad, país o institución". Por eso se hablaba de hacienda en referencia a las propiedades rurales que tenían cierta riqueza.

 
 
 

“Fachada del casco de la Ex Hacienda de En medio” Fuente: Guillermo Padilla Díaz de León, Monografía de Tlalnepantla.

Sin embargo, hemos de precisar el sentido de la hacienda novohispana. No todos los hacendados eran ricos ni famosos, ni todas las haciendas eran poderosas y lujosas. De hecho, la idea romántica de la hacienda con refinamiento, extensión ilimitada y familias distinguidas que la habitaban, debe olvidarse cuando nos estemos refiriendo a la hacienda de nuestra región. En general, las haciendas novohispanas tenían que enfrentar graves problemas financieros y no es casual que los cambios de dueño se sucedieran tan a menudo. De hecho, existía una pequeña diferencia entre hacienda, rancho, ranchería, estancia y haciendita, razón por la cual en Tlalnepantla existen casos en que se nombran ciertas propiedades indistintamente como ranchos y haciendas.

Herbert Nickel menciona las características estructurales primarias de la hacienda, como el dominio sobre los recursos naturales de una zona, el dominio sobre la fuerza de trabajo y el dominio sobre los mercados regional y local. Sin embargo, en Tlalnepantla hemos encontrado que ninguna de las haciendas cumple con todos estos requerimientos. Esto nos da la idea de un sistema generalizado de haciendas, entre las cuales se mantiene un nivel igual de poder y dominio regional.

 
 
 

“Entrada al casco de la hacienda de San Javier”
Fuente: Guillermo Padilla Díaz de León, Monografía de Tlalnepantla

A pesar de no ser las "grandes haciendas" que siempre se han imaginado, las haciendas novohispanas debían tener un especial atractivo para los inversionistas. Y en Tlalnepantla también debieron contar con esas características entre las cuales hay que destacar las siguientes:

a) Eran una inversión segura en su momento.
b) Si no se querían explotar directamente, podían rentarse en lo que se conocía como "censo".
c) Le daba a su poseedor prestigio social.
d) La tierra le servía como garantía en cuestión de préstamos.
e) Podía expandir su dominio sobre más territorios o sobre recursos naturales.
f) En el caso concreto de Tlalnepantla, el hacendado estaba muy cerca de la ciudad capital, en donde normalmente residía.

De acuerdo a los documentos, las haciendas en Tlalnepantla fueron las siguientes:

  • San José de la Escalera
  • Santa Cruz o San Joaquín
  • Santa Mónica
  • San Francisco Javier
  • San Antonio Del Jaral
  • San Rafael
  • San Nicolás del Pago
  • La Blanca o Barrientos
  • La Patera
  • San Mateo Tulpa o Los Ahuehuetes
  • Las Tablas
  • San Felipe Tenayuca (a veces también conocido como el Rancho de Tenayuca)
  • Nuestra Señora del Rosario
  • El Zapote, o el Tesoro, o San Juan Nepomuceno
  • Santa Cecilia
  • San Ildefonso
  • San Pablo Jalpa
  • San Nicolás Lazarote
  • Tepujaco
  • La Encarnación
  • Zahuatlán
  • San Andrés Tulpa o Talpa Vallejo
  • Santa Ma. Magdalena Culhuacán
  • San Jerónimo
  • San Jacinto Yahuatlán

y los ranchos que con signan los documentos son los siguientes:

  • La Presa
  • Santa Ma. Ticomán
  • San Antonio Calacoaya
  • La Renta
  • San Juanico
  • Rancho de San Aparicio
  • La Venta
  • La Cueva
  • San Isidro
  • Majadas de Ortega
  • San Miguel Chiluca
  • Rancho del Rincón, o Sta. Cruz, o el Rincón de Don Diego.

La mayor parte de los documentos consultados provienen del siglo XVIII, lo que nos hace suponer que el esplendor de la hacienda en Tlalnepantla ocurrió precisamente en esa época. Sin embargo existe una cantidad muy grande de dueños de esas propiedades, lo que nos hace considerar que a pesar de haber tantas, éstas no siempre fueron muy productivas; de hecho, no encontramos que alguna de ellas sea la que domine todo el mercado local.

Las haciendas de nuestra región se dedicaron, en su mayoría, al cultivo de trigo; inclusive, algunas haciendas, como la de Santa Mónica, contaban con molinos de agua para procesar la cosecha y fabricar la harina para el pan. En menor proporción, su tierra se dedicaba el maíz, otras semillas, y además existían ciertas huertas con hortalizas.

La hacienda novohispana generalmente contó con una infraestructura básica: el casco, las cercas los corrales, y las trojes, en algunos casos, las haciendas también contaron con casa de vivienda, casa de trabajadores, iglesia, corrales para animales, áreas para trabajos específicos como la trilla, y el aventadero, en donde se separaba el grano trillado de la paja. En Tlalnepantla no existe evidencia de las construcciones de las haciendas, aunque la de Santa Mónica es la excepción. La hacienda de En medio, de la cual tenemos aún algunas construcciones, no se consigna como una hacienda novohispana.

Cada hacienda de Tlalnepantla tiene una historia y documentos relativos, pero sería imposible dar aquí la relación de cada una; por ello nombramos los asuntos más destacados de unas cuantas.

Hacienda de Santa Mónica

 
 
 

Hermosa fachada de la casa grande de Santa Mónica” Fuente: Guillermo Padilla Díaz de León, Monografía de Tlalnepantla

Esta hacienda tuvo su origen en las tierras que formaban parte de la encomienda de Teocalhueyacan. A la muerte de doña Marina de la Caballería, sus herederos decidieron poner en remate la estancia de ganado menor con su casa, 1/2 caballería de tierra, ganado, y el molino, junto con otros dos sitios para molinos. El que compró esta propiedad fue Alonso Dávalos, casado con una hija de Alonso de Estrada, llamada Francisca. Pero muy poco tiempo después la vendieron a Alonso de Bazán y a Pedro de la Fuente, en 1554. Juan de Bazán, hijo de Alonso compró toda su parte a Pedro de la Fuente, y acrecentó la propiedad comprando parcelas vecinas. Finalmente, el año de 1573 la vendería, junto con su esposa Isabel Pedraza, al convento de San Agustín, quien tendría su posesión por un siglo. Ellos fueron los que bautizaron la hacienda con el nombre de Santa Mónica, en recuerdo de la madre del Obispo de Hipona, San Agustín.

 
 
 

Hermoso frontispicio de tipo virreinal, de estilo barroco, en la hacienda de Santa Mónica, al poniente de Tlalnepantla. Foto: Archivo Histórico Municipal de Tlalnepantla de Baz.

El convento de agustinos aprovechó la hacienda para obtener dinero y otros beneficios económicos con los cuales mantener sus obras en la Ciudad de México; en Tlalnepantla tenía un Prior que funcionaba como procurador administrador y el trabajo lo realizaban a través de peones indígenas asalariados, por quienes probablemente también velaban en cuestiones religiosas. La hacienda creció con el tiempo, comprando al Dr. Diego de Palacios, de quien ya hemos hablado, seis caballerías de tierra con las que colindaba.

En 1686 el convento de San Agustín vendió la hacienda a Blas Mejía, quien la conservó 20 años. El nuevo dueño tuvo que enfrentar los litigios clásicos de la época entre vecinos, pues los linderos no siempre quedaban claros en las escrituras; además existían problemas por el aprovechamiento del río de Tlalnepantla, como por ejemplo, contra José Núñez de Acevedo en 1688. Esto nos habla de una de las causas por las cuales esta hacienda perduraría por muchos siglos: era una hacienda de riego que la hacía mejor cotizada y más productiva.

Blas Mejía la vendió en 1706, teniendo varios dueños: primero Diego de Mendiola quien la remató por deudas en 1731. Este año la compró Agustina de Baeza y Bueno, viuda de Don Domingo de la Canal. A su muerte en 1738, la heredó su hija doña Francisca de la Canal, Marquesa del Valle de la Colina; en 1744 murió, heredándola a su hijo don Pedro Antonio Madraza de la Escalera, Marques de la Colina. Después de 20 años la vendió a José González Calderón, en 1764, con el cual pasaría sus mejores épocas.

 
 
 

La fachada de la casa grande en la ex hacienda de Santa Mónica, es un bello ejemplar del estilo barroco colonial. Foto: Archivo Histórico Municipal de Tlalnepantla de Baz.

José González Calderón fue el que mandó construir el casco de la hacienda que aún ahora conocemos. Era una persona de gran alcurnia, pues fue Alcalde Ordinario de la Ciudad de México, Cónsul y Prior del Real Tribunal del Consulado, y muchísimos otros cargos. Todo ello lo llevó a construir edificios bellos y funcionales. Eran de tipo sobrio, pero con elegancia, con algunos elementos decorativos de estilo mudéjar. EI remate de la portada es barroco, y en el centro se encontraba el escudo de armas de González Calderón en mármol blanco. Por dentro se encontraban las escaleras que conducían al segundo piso, lugar de las habitaciones de los señores. La parte de abajo eran las oficinas, cuentos de servidumbre y las bodegas. Otro elemento muy característico de esta hacienda fue la capilla, que en realidad era una pequeña iglesia, y aunque estaba junto al casco, se construyó en esa misma época.

Esta debió haber sido una etapa de gran prosperidad, pues a la muerte de José González Calderón, la heredó su hijo Manuel González Calderón, con quien recibiría el siglo XIX.

Hacienda la Blanca, o Barrientos, o Casa Blanca, o San José

Esta hacienda se encontraba en la zona conocida actualmente como Barrientos, y fue probablemente la heredera de la merced a Diego de Barrientos, de quien ya hablamos. Probablemente la época de mayor esplendor fue en el siglo XVIII, pues contamos con muchos documentos que nos hablan tanto de los litigios como de los dueños de la hacienda. En la primera mitad del siglo XVIII el dueño fue Juan de Sierra y Tagle, quien amplió y la mejoró, también la arrendó alrededor de 1755, lo cual era muy usual en la Nueva España cuando el dueño no podía trabajarla. No sabemos los motivos que llevaron a Juan de Sierra a vender su propiedad, pero hacia 1762 ya contaba con su nuevo hacendado, don Manuel de Grosso. Con él comenzó una reivindicación de los indios, quienes querían el regreso de sus manos de parte de la hacienda. El alcalde indígena, representando al barrio de Tlayacampa logró que le quitaran parte de la tierra a Don Manuel, el cual se dio a la tarea de legitimar sus terrenos. Las autoridades virreinales debieron hacer una concienzuda revisión de la petición de cada lado, determinando el 25 de junio de 1762 que los indios debían restituirle lo que le habían quitado.

Esta hacienda debió de haber sido muy grande, cerealera también, y con una situación bastante estable, lo cual le permitió mantenerse aún en el siglo XIX.

Hacienda de San Ildefonso

De esta hacienda tenemos pocas referencias: sabemos que se encontraba cerca del pueblo de San Miguel Hila; probablemente era también de buen tamaño, porque además de la hacienda, tenía su molino. El dueño en 1777 era Manuel González Calderón, quien debió tener alguna relación con el dueño de la hacienda de Santa Mónica: probablemente era su hermano. Por ese entonces se dirimía un litigio con indios de dicho pueblo por la posesión de las tierras y de un monte, de donde tradicionalmente obtenían leña y carbón. Su permanencia traspasaría también el siglo XIX.

Rancho de la Venta

Este rancho pertenecía a los indios de San Francisco Tizapán y a los de San Mateo Tecoloapan; en realidad ellos no siempre trabajaron la tierra, por lo cual normalmente la arrendaban. Los tratos de arrendamiento también fueron muy frecuentes, debido a que a los dueños les convenía más trabajarlas directamente. El que rentó este rancho el año de 1721 fue un vecino de Tlalnepantla llamado Tomás de Rivas.

Rancho de San Juanico

Este se encontraba en el pueblo de San Juan Ixhuatepec y tenemos una breve referencia en los postreros años del siglo XVIII. El dueño hasta antes de 1793 fue José María Escalona y Cortés, y al morir éste la hacienda se vendió. Los indios protestaron porque le dieron preferencia a José Antonio Valdés quien la obtuvo en 1796.

Hacienda de San Jerónimo

El primer dueño de esta hacienda fue Diego de Correa; su propiedad se encontraba en los límites lejanos de Tlalnepantla, pues sabemos que uno de sus vecinos era la hacienda de Saavedra, o Sayavedra. En 1648 el heredero de Correa, un Joseph de Solís, que vivía en México, dio escritura de venta a los jesuitas para que pudieran usar la hacienda en su beneficio. Este constaba de un sitio de ganado menor y dos caballerías de tierra. En realidad los jesuitas obtuvieron esta hacienda porque Joseph de Solís se las hipotecó, y no pudiendo pagar, la Compañía de Jesús le demandó las escrituras. No sabemos, por desgracia, cuánto tiempo hubo jesuitas en nuestra región, pero probablemente hicieron que prosperara, pues fueron diestros administradores y empresarios visionarios durante su estancia en la Nueva España.

Podríamos extendernos mucho más en este asunto, pero no es pertinente. Sin embargo, hay que hacer ciertas precisiones finales: si bien el sistema hacendario se difundió y generalizó durante los siglos XVII y XVIII, su importancia en Tlalnepantla es muy relativo. Aunque los terrenos eran grandes, no son, con mucho, comparables con las haciendas del norte de nuestro país. Los hacendados debieron enfrentar continuos problemas financieros que les impidieron hacer, en general, grandes construcciones; además, pocas veces una hacienda pasa por varias generaciones, probablemente por el desinterés a enfrentar los problemas que representaba la explotación agrícola poco redituable. Su producción, que en general era de trigo, cumplía la misión de surtir al mercado local, y probablemente también se mandaban los excedentes a la capital virreinal, aprovechando su cercanía. Así, el pan diario de México llevaba granos y trabajo de Tlalnepantla. Pero para el pueblo trabajador de nuestra región, que básicamente se componía de indígenas, la hacienda le dio la oportunidad de obtener lo necesario para vivir y para pagar los tributos, a través del salario que se les pagaba por su labor. Por ello, aun no siendo tan poderosas nuestras haciendas, cumplieron su función económica tanto entre los propietarios como entre los trabajadores: el trigo y los demás cereales dieron el sustento a los habitantes de Tlalnepantla en los postreros siglos del virreinato.

La conclusión de la nueva tierra en nuevas manos sería quizá que durante la época colonial se fraguó un cambio estructural muy importante, borrando casi de la memoria las formas indígenas de ocupación y aprovechamiento de la tierra, y dibujando, en el panorama de nuestra región, los matices que la distinguían en el futuro, es decir, en el tiempo que hoy nos toca vivir.

NOTAS:
Para las notas de pié de página favor de consultar el libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996  en la biblioteca digital de ésta página web. à

  • LOS RANCHOS Y LAS HACIENDAS DE TLALNEPANTLA, páginas de la  a la del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.   
  • HACIENDA DE SANTA MONICA, páginas de la  a la del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.   
  • HACIENDA LA BLANCA, O BARRIENTOS, O CASA BLANCA, O SAN JOSE, páginas de la  a la del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.   
  • HACIENDA DE SAN ILDEFONSO, páginas de la  a la del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.   
  • RANCHO DE LA VENTA, páginas de la  a la del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.   
  • RANCHO DE SAN JUANICO, páginas de la  a la del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.   
  • HACIENDA DE SAN JERONIMO, páginas de la  a la del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.   
   
 
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