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Biografia Dr. Gustavo Baz Padra
 

     La Conquista de México

Conquista de México
Personajes de la Época
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La llegada de los dioses

 

El año de 1519 marca un parte aguas en la historia nacional. Hasta antes de esta fecha, el mundo indígena había experimentado muchos cambios provocados por enconos tribales. En casi todo lugar se encontraba el imperio de la Triple Alianza: así, Tenayuca y Teocalhueyacan eran súbditos tributarios de los mexicas, con una vida relativamente pacífica. Sin embargo, mucho quedaba por delante con la llegada de hombres barbados y diferentes a los que conocían: estos "dioses", como fueron llamados en un principio, terminarían con un sistema ancestral para entregar estas tierras a un rey lejano y poderoso, allende el mar. Ya antes las expediciones de Hernández de Córdoba y de Juan de Grijalva habían ilustrado la riqueza de la tierra mexicana, lo cual alimentó la codicia del Imperio Español, que no se conformó con algunos tesoros en metales preciosos: lo quería todo. El artífice de la conquista fue indudablemente Hernán Cortés, quien salió de Cuba el 10 de febrero de 1519, junto con 508 soldados, 32 ballesteros, 13 escopeteros, 16 caballos y yeguas, 109 marineros maestres y pilotos, y 200 indios, indias y negros encargados del servicio.

 

“Los españoles de Grijalva ante los indios de Moctezuma”

Fuente: Tlalnepantla, una región en la historia, Laura Edith Bonilla de León – Rebeca López Mora, pág. 35, H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz. 1994-1995.

Su llegada a las costas de nuestro país comenzó a impactar al mundo indígena, noticias que llegaron pronto a Moctezuma Xocoyotzin en Tenochtitlán; esto le provocó inquietud y miedo, y la única explicación que podían darse ante algo absolutamente desconocido era el regreso de su dios: Quetzalcóatl quien regresaba a su pueblo. Por eso Moctezuma ordenó ir a encontrar a Cortés como se recibe a un dios con las siguientes palabras:

"Id, no os demoréis. Haced acatamiento a nuestro ser. Al dios Decidle: - Nos envíe acá tu lugarteniente Motecuhzoma. He aquí lo que te da en agasajo al llegar a tu morada de México."

El paso del conquistador fue dejando amigos y enemigos indígenas. Cortés aprovechó hábilmente el hecho de que se le conociera como "dios", así como el rencor que muchos pueblos tenían con los mexicas por ser éstos sus dominadores. Sintiéndose "dios" ante ellos, repartió promesas y obtuvo aliados, pero también repartió violencia, y llevó la muerte a lugares que consideraba inseguros, como la matanza de Cholula, el 14 de octubre de 1519. Su paso era implacable, inevitable, y su objetivo, uno solo: llegar a la capital del Imperio, con el fin de someterlo. Moctezuma, derrotado antes de la lucha por sus dudas y sus miedos, tornó la decisión de su vida: recibir al extranjero, primero con los enviados en los volcanes y luego personalmente en la misma Tenochtitlán el 18 de noviembre de 1519.

 

     

Decisión angustiosa que marca el encuentro de dos culturas, de dos naciones, de dos mundos diferentes. Es en ese momento que Cortés y sus hombres admiraron la grandeza indígena, lo cual sin embargo no sería obstáculo para destrozarla posteriormente. Muy pronto Moctezuma sufriría en carne propia las consecuencias de su decisión, pues fue apresado por los españoles en los aposentos de éstos, dentro de la urbe indígena y su riqueza confiscada, ante el escándalo y el asombro de su pueblo: ayer señor de todos los pueblos, hoy súbdito inerte del invasor. La duda surge en el corazón indígena: ¿Podía un dios llevar a cabo tal indignidad? Su duda se acabaría pronto, aunque por desgracia, la respuesta vino mezclada con la sangre del pueblo. Un hecho externo pondría las condiciones para hacer de manos amigas puños cerrados, en son de guerra, Pánfilo de Narváez llegó a las costas de Veracruz con la consigna de llevar preso a Cortés por la irregular forma en que salió de Cuba, a escondidas del gobernador Velázquez. Así Cortés y unos cuantos de los suyos salieron a convencerlo, o a combatirlo, en el mes de junio de 1520, dejando a la cabeza de sus hombres en la ciudad mexica a Pedro de Alvarado. El pueblo indígena, mientras tanto, se preparaba para celebrar las fiestas religiosas de Huitzilopochtli según sus costumbres; pero es el momento en que el "sol", como era llamado Alvarado, inicia una espantosa matanza.

". . . Mientras se está gozando de la fiesta, ya es el baile, ya es el canto, ya se enlaza un canto con otro los españoles toman la determinación de matar a la gente. . . van a pie, llevan sus escudos de madera y algunos los llevan de metal y sus espadas".  La matanza fue terrible; artera, alevosa; ni los guerreros pudieron hacer nada "La sangre de los guerreros cual si fuera agua corría"

 

  Fuente: Tlalnepantla, una región en la historia, Laura Edith Bonilla de León – Rebeca López Mora, pág. 35,
H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz. 1994-1995.
 

 

 

“Los dioses con las armas en la mano”
El ataque de Alvarado, códice Telleriano

 

Con esto se iniciaría la guerra: no eran dioses, no lo eran; eran invasores que debían eliminar. El pueblo guerrero por excelencia debía enfrentarse al asesino; así sitiaron a los españoles en sus aposentos, y no los dejarían salir si no era muertos. Cortés regresó de su asunto, con algunos de los hombres de Narváez y cuál sería su sorpresa que nadie lo fue a recibir a la ciudad y lo dejaron llegar pero no salir. Los esfuerzos de Moctezuma  por calmar a su gente fueron inútiles: sus discursos para disuadirlos de la guerra fueron ignorados y su pueblo le contestó:

"Se enojaron en extremo los mexicas, rabiosos se llenaron de cólera y le dijeron: ¿Que es lo que dice ese ruin de Moctezuma?!Ya no somos sus vasallos!

Según Bernal Díaz, testigo presencial, Moctezuma murió de las pedradas que recibió: las piedras eran tan pesadas como la traición para su gente. Aquel que llevó a México a dominar a todos los pueblos indígenas murió en la deshonra: luz y sombra de la grandeza de un rey.

Este fue el inicio de lo que hoy se conoce como la noche triste, triste para el español, alegre aunque por instantes, para el indígena.

Varios días se alargó la misma situación, insostenible para los conquistadores así como para sus indios aliados, quienes en la desesperación decidieron huir la noche del 30 de junio, con puentes de madera para los canales. Poco habían avanzado desde el centro hasta la salida, pero el grito alarmante de una mujer indígena levantó a los mexicanos con el odio en las vísceras y las armas en la mano:

"Guerreros, capitanes mexicanos. . . ¡Se van nuestros enemigos! Venid a perseguirlos”

La persecución se inició por la calzada de Tlacopan (Tacuba), ocasionando la muerte de indios y españoles. En Popotla tomaron un respiro, por lo cual tradicionalmente se ha señalado un árbol antiquísimo como el lugar en que Cortés lloró su derrota, el famoso árbol de la noche triste. Al otro día pasaron a Tototepec, actualmente conocido como los Remedios y de ahí hasta nuestra región: Teocalhueyacan.

   
   
 

“La voz de alarma descubre la huida de los españoles”

Fuente: Tlalnepantla, una región en la historia, Laura Edith Bonilla de León – Rebeca López Mora, pág. 37,
H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz. 1994-1995.

 

 HERNÁN CORTES ENTRA EN EL VALLE

Al amanecer del 7 de noviembre de 1519 contempla a Hernán Cortés cruzando en compañía de su ejército el collado existente entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, desde donde divisa el castellano con asombrados ojos el majestuoso Valle y, en medio de él, resplandeciente como joya, Tenochtitlán, la perla del Anáhuac.

Allí están también Pedro de Alvarado, Cristóbal de Olid, Gonzalo de Sandoval, Juan Velázquez de León, Alonso de Ávila, Fray Bartolomé de Olmedo, Marina la lengua... Detrás de ellos, en abigarrada muchedumbre, los soldados españoles de Cortés, unos a caballo y otros a pie, seguidos por las tropas auxiliares de aliados totonacas y tlaxcaltecas.

   
   
 

“El 7 de noviembre de 1519, Hernán Cortés y su ejército contemplan
a distancia la ciudad capital del imperio mexicano”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 47, 
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

 

Ya más de cerca, desde Ixtapalapa, aquella multitud contempla con claridad el panorama de la gran metrópoli con la enorme mole de su Templo Mayor, las casas de Moctezuma, los palacios de los príncipes y señores de la nobleza, las calzadas, los canales bordeados de arboleda... Escasamente podían creer al testimonio de sus propios ojos; cuanto les habían relatado acerca del país de Moctezuma, palideció ante la realidad.

Las descripciones más fieles sobre el esplendor de Tenochtitlán las haría luego el propio Cortés en sus Cartas de Relación al Emperador Carlos V, Bernal Díaz del Castillo en Historia de la Conquista de la Nueva España, el Conquistador Anónimo y Fr. Bernardino de Sahagún en Historia de las Cosas de Nueva España.

Desde el momento en que Cortés entra en la ciudad (8 de noviembre de 1519), sucesos insólitos estremecen la vida de aquel pueblo.

El gran Moctezuma, rodeado de impresionante séquito, sale de su palacio al encuentro del huésped español, al que aposenta, junto con sus capitanes, en el viejo palacio de sus antepasados... Ese mismo día, en aquella mansión, un soldado de nombre Alonso Yáñez, descubre tras una puerta tapiada el tesoro de Axayácatl… Poco después Cortes hace prisionero al emperador de los mexicanos en su propio palacio y lo traslada al cuartel de los hispanos, donde es aherrojado... El 20 de mayo de 1520 sale Cortés precipitadamente hacia Veracruz para hacer frente a Pánfilo de Narváez, enviado desde Cuba por el gobernador Diego Velázquez para quitarle e l mando.
Por esos mismos días, el 2 de junio, la nobleza mexicana celebra la solemne fiesta de Tóxcatl en honor de Huitzilopochtli en el Templo Mayor. Pedro de Alvarado, con el pretexto de una conspiración en su contra por parte de los mexicas y aprovechando la ausencia de Cortés, lleva a cabo espantosa matanza con el deliberado y cobarde propósito de despojar de sus ricas joyas a los guerreros aztecas.
El pueblo se rebela furiosamente en contra de los castellanos, a los que sitia y ataca en su propio cuartel. La muerte los ronda minuto a minuto, sin que el retorno de Cortés calme los exaltados ánimos de los mexicas.

 

 

“El emperador Moctezuma Xocoyotzin”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 44, 
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

   
     

Moctezuma es vituperado y depuesto por sus propios súbditos, quienes en su lugar erigen como nuevo Tecatecutli, al joven Cuitláhuac.

La noche del 30 de junio, tras asesinar a Moctezuma junto con otros señores de la nobleza mexicana, Cortés y sus huestes abandonan con sigilo la ciudad. La huida se lleva a cabo por la calzada de Tlacopan (Tacuba). Una completa oscuridad, acompañada de pertinaz lluvia, parece favorecer la marcha; pero el paso del ejército es sentido por los centinelas mexicanos quienes, al sonido de teponaxtles y caracoles se lanzan furiosamente sobre los fugitivos, a los que persiguen y destrozan materialmente a lo largo de la calzada hasta Popotla.

La derrota de los españoles es de tal manera catastrófica, que habrá de pasar a los anales de nuestra historia bajo el nombre de "La Noche Triste".

Las primeras luces del primero de julio sorprenden a Cortés llegando con el resto de su destrozado ejército a Cuajimalpa, siempre atacado por los mexicas.

Luego alcanza un cerro cercano llamado Otoncalpolco en el templo de los otomíes", donde existe un teocalli. Allí se refugia el castellano con su gente para descansar. Tiempo después se levantaría en el mismo sitio de ese teocalli el famoso Santuario de los Remedios, en Naucalpan.

De un pueblo no distante, que es también de otomíes, llegan unos indios llevándoles alimentos y mantas para curar sus heridas. Encabeza el grupo un cacique llamado Otocóatl.

Transcribimos aquí, de Fray Bernardino de Sahagún, el diálogo habido entre el jefe indígena y Hernán Cortés:

"Allí vino a darles la bienvenida el jefe de los de Teocalhueyacan. El señor se llamaba en nombre propio de nobleza El Otomí.
Este fue a encontrarlos y allí les fue a entregar comida: tortillas blancas, gallinas guisadas y asados de gallina, huevos y algunas gallinas vivas y también algunas tunas: todo lo pusieron delante del capitán,
"Les dijeron: señores nuestros, os habéis fatigado, habéis pasado angustias. Que los dioses reposen. En tierra asentaos, tomad aliento.

"Entonces les respondió Malintzin (Hernán Cortés), les dijo:

- Señores míos, ¿de dónde venís?, ¿dónde es vuestra casa?

Dijeron ellos:
- Óigalo nuestro señor: venimos de una casa en Teocalhueyacan. Somos gente de ese lugar (actualmente Los Pirules en el cerro de San Andrés, al poniente de Tlalnepantla).

Dijo Cortés:

- Bien está. Os estamos agradecidos. Allá de donde venís, mañana o pasado iremos a pernoctar.

" … Muy de madrugada, muy antes de la aurora, se levantaron (Cortés y su ejército). Se vistieron, se aderezaron, tomaron sus armas de guerra. En seguida emprenden la marcha, van en movimiento, se tienden en el camino.

"Pero los mexicanos los iban acosando, les iban dando gritos de guerra, No se llegaban a ellos, sino de lejos les gritaban, de lejos los iban siguiendo; no hacían más que seguirlos desde lontananza.

"Y cuando hubieron llegado a un sitio que se llama Calacoayan, en una cañada, un poco arriba, allí donde hay cercas de piedra, mataron y apuñalearon los españoles a la gente. No les habían salido al frente las gentes de allí, los habitantes de Calacoayan: sin culpa suya fueron matados. En ellos desquitaron su ira, en ellos saciaron su venganza. Pues cuando hubieron matado a la gente, luego bajaron al plan. Hallaron una llanura, un llano pequeño llamado Atizapán. De allí subieron a Teocalhueyacan.

"Entraron a Teocalhueyacan. Era precisamente cuando llegaron, tiempo en que el sol no había alcanzado su cenit. Y cuando allá llegaron, ya todo estaba preparado: cuantas cosas hay de comer, gallina, etc. Mucho los agasajaron, de buen grado entraron a su servicio. Les daban todo aquello que ellos pedir podían. Pastura para las bestias, agua, maíz desgranado, elotes, elotes verdes y fritura de elotes. Tortillas de elote y cocido de elotes y tamales de elote. Y también rebanadas de calabaza. Los invitaban a la comida, les insistían en que comieran. Con ello pretendían conciliar su amistad, hacerlos sus amigos.

"Ahora bien, los de Tliliuhtepec que allá llegaron, se pusieron en contacto con los de Teocalhueyacan. Y la razón era que los habitantes de Tliliuhtepec eran de la procedencia de los de Teocalhueyacan, eran parientes suyos. El sitio de origen, el lugar de procedencia de los de Tliliuhtepec era precisamente Teocalhueyacan. Allí se vieron, allí se congregaron, allí pusieron en acuerdo sus palabras. Se traspasaron sus palabras, se reconocieron como afines.
"Cuando se hubieron encontrado, hicieron homenaje al capitán ya los demás "dioses». (Les dijeron):

- Han llegado a su casa, aquí en Teocalhueyacan. Aquí los reverenciamos, les damos homenaje, somos sus vasallos. Lo mismo los de Teocalhueyacan que los de Tliliuhtepec. Y que nos oiga el señor:

- "Motecuhzomatzin (Moctezuma) y los mexicanos nos agobian mucho, nos tienen abrumados. Sobre las narices nos llega la angustia y la congoja. Todo nos lo exige como un tributo. Y es más, se dice nuestro amo y señor. Pero si ahora (ustedes) nos abandonan, es un hombre inhumano el mexicano. Es muy perverso. Si nos dejan sin su ayuda, si tardan en regresar, en tomar acá, en dar la vuelta, ya nos habrán aniquilado, ya nos habrán dado fin. Los mexicanos son sumamente malos. No hay nadie que sobrepase en maldad al mexicano. "Y cuando Malinzin (Marina la intérprete) hubo hecho entender al capitán estas palabras, luego el capitán respondió:
- "No tengáis pena que abrume, yo regresare sin tardanza. En breve tiempo vendré. En breve tiempo vendré a darles su merecido. Aquí se hará la ley, desde aquí se hará justicia. El mexicano va a perecer. Ya no podrá daros daños.

"Pues cuando tal cosa oyeron los habitantes de Teocalhueyacan, mucho se alegraron, se hicieron altivos, se creyeron grandes y se levantaron: se creían muy grandes, se hablaban unos a otros altivamente.

''' Pero aquéllos, después de haber dormido, cuando aún tardaba para amanecer, se tocaron las flautas y trompetas. Y al momento son convocados, se convoca en son de guerra. Fue al levantarse. Se levan tan, se reúnen los españoles. Se aderezan con sus armas.

"Todo está hecho, empieza la marcha, es el viaje. Congestionados están los caminos. Luego ya llegaron a Tepotzotlán.....

Sobre estos mismos hechos, el historiador don Alfredo Chavero, en su explicación sobre la vigésima primera lámina del Lienzo de Tlaxcala, dice:

"El único camino que se abría a Cortés (dos días después de la Noche Triste) era seguir los lomeríos del Poniente del Valle y, rodeando éste, salir al camino de Tlaxcala. Así es que a media noche levantó a sus soldados y emprendió la marcha (dejaban Otoncalpolco, actualmente Los Remedios) llevando por guía a un tlaxcalteca conocedor del terreno. Fue sentido el ejército y los indios comenzaron en seguida a batirlo: todo el d1a 2 de julio continuó el combate, hasta que al caer la tarde pudieron los castellanos ganar otro cerro con otro templo, llamado Teocalhueyacan, donde se hicieron fuertes y pudieron rechazar a sus  contrarios.

"En la lámina se ve un gran patio cercado, con dos templos en la extremidad derecha superior y el correspondiente nombre de Teocalhueyacan. Alrededor están los asaltantes, y de uno de los templos un guerrero tigre lanza una flecha. Esto significa que los indios se apoderaron del templo y que el ejército de Cortés se vio reducido a encerrarse en el gran patio. En efecto, en éste se ve a los caballeros y a los guerreros tlaxcaltecas en son de defensa, y detrás a Marina; y caen dentro del patio flechas y piedras. Pero fueron rechazados los asaltantes, lo cual se expresa con un indio muerto y un jefe que huye en la extremidad derecha inferior. Al1I logró tomar descanso el ejército hasta la mitad del día Siguiente.

"Aquella multitud de indios se componía no solamente de los que habían seguido la persecución de los españoles, acolhuas y mexicas sino que se le habían agregado numerosos aliados de Tlalnepantla. Cuauhtitlán, Tollán (Tula), Tenayocan (Tenayuca) y Otompan (Otumba), y de refuerzos marchaban ya escuadrones mayores de mexicas, tepanecas, chalcas. Xochimilcas y texcocanos."

Hasta aquí las versiones de Fray Bernardino de Sahagún en su Historia General de las cosas de Nueva España, y de Alfredo Chavero en su interpretación del Lienzo de Tlaxcala.

Cortés, después de dejar atrás Teocalhueyacan y de pasar por Tepotzotlán y otros pueblos cruzó por un lugar llamado Tonanixpan, cuya ubicación significaba para el extremeño y sus huestes haber salido del Valle. Un día después, el 7 de julio de 1520 tenía lugar en Otumba la célebre batalla en que el ejército de Cortés, a punto de un total exterminio, se levantó con una increíble victoria cuando el soldado español Juan de Salamanca mató y despojó del estandarte al jefe mexica, originando con ello tal desconcierto entre las fuerzas mexicanas, que éstas permitieron a Cortés escapar de una muerte segura y alcanzar su objetivo de llegar a Tlaxcala.

  • El autor de esta obra vivió en el año de 1927 con su familia en el rancho San José Tenexpa, situado en la propia falda del cerro de San Andrés Atenco, entre el pueblo de este nombre y el rancho de Tulpan. Actualmente en ese cerro se hallan los fraccionamientos Los Pirules y Balcones del Valle (otrora Teocalhueyacan). A escasos cien metros del rancho, en la falda del cerro, detrás de la casa de don Jesús Lozano (existente), podían verse los vestigios de lo que en otras épocas fuera la escalinata de un teocalli, así como un simple embaldosado. Todavía a fines de los años treintas existían allí esas ruinas, desaparecidas totalmente poco después bajo la acción de las palas mecánicas, al urbanizarse dicha zona para levantar allí los actuales fraccionamientos ya citados.

 

CORTES Y LOS OTOMIES: UNA RELACION DE HOSPITALIDAD

Efectivamente, Cortés y sus hombres huyeron de Tenochtitlán, con el fin de regresar a Tlaxcala, en donde fueron siempre bien recibidos. Pasaron por varios lugares, cerca de los Remedios y fue en su camino que los otomíes de Teocalhueyacan (San Andrés Atenco) acudieron a su encuentro. No es casual, pues, el paso del conquistador en nuestra región, esto se debió a dos razones principales: la primera fue una invitación explícita de los otomíes a Cortés, quienes le ofrecieron las mejores viandas según el Códice Florentino, de los informantes indígenas de Fray Bernardino de Sahagún:

“Otoncóatl era su nombre de señor; iba a la cabeza de ellos (de los otomíes). Ahí vino a depositar la comida, tortas blancas de maíz, guajolotes, guajolotes asados, guajolotes hervidos, huevos de guajolote, y otros guajolotes, vinos y otras tunas, los depositó frente al capitán"

 

Sus palabras ante Cortés resultaron muy explícitas y fueron altamente hospitalarias:

“Le dijeron: han pasado por muchos trabajos !han sido atormentados nuestros señores los dioses!”

En seguido ella respondió, Malitzín (la Malinche traductora de Cortés) dijo: ¿De dónde vienen? ¿Dónde está pues, su hogar?

En seguida ellos dijeron:
“¡Que se digne escucharnos nuestro señor! ¡Venimos de aquí, de su morada de Teocalhueyacan. En efecto, somos las gentes de Teocalhueyacan"

En seguida ella dijo, Malitzín:
"Está bien. Nos han servido bien allá iremos mañana, allá  dormiremos".

 

“Hernán Cortés”
Fuente: INEHRM

La invitación tan afectuosa de los otomíes era en realidad abrirle la puerta a la esperanza, pues al ayudar a los españoles podían liberarse de sus amos. Como ya se ha visto, los otomíes vivían desde hace mucho tiempo sometidos y vejados por los mexicas, quienes además de despreciarlos, les obligaban a pagar fuertes tributos. Creían, como muchos indígenas que se aliaron a Cortés, que ganando éste, tendrían una mejor forma de vida, vana ilusión que con el tiempo se perdería, puesto que siguieron sometidos, pero ahora bajo la planta de un amo barbado y de piel blanca. Pero sigamos adelante.

Cortés cumplió lo que les dijo, por lo cual se dirigió a Teocalhueyacan al otro día. En su marcha pasaron por el lugar conocido como Calacoayan, de la cual decían que era una "pequeña cumbre con pequeños muros de piedra". Como no eran aquellos otomíes que habían ido a buscarlos, y temiendo que los atacaran los habitantes de aquel lugar, tomaron una fatal determinación.

"No habían venido a enfrentárseles, los hombres de allá, los hombres de Calacoayan. Fueron muertos sin ser advertidos. Sobre ellos aliviaron su cólera, sobre ellos descargaron su pena".

Este es un hecho poco conocido pues ni siquiera Bernal Díaz del Castillo lo consigna en su Historia Verdadera. Pero lo cierto es que sucedió, pues la memoria de los indios conservó este hecho dentro del campo de lo detestable, y así lo consignaron en el Códice Florentino. Probablemente esta matanza no fue tan grande como en otros lugares, pues tan pronto como acabaron, siguieron su camino a nuestra región. Dicen los informantes indios:

"Y cuando lo hubieron masacrado, en seguida, entonces, bajaron hacia allá, encontraron una llanura, una pequeña sabana llamada Tizapán. En seguida pasaron a Teocalhueyacan".

 

 

“El histórico y prehispánico Teocalhueyacan estuvo en las estribaciones del cerro de San Andrés Atenco, en Tlalnepantla. La presente escena, del lienzo de Tlaxcala, representa la batalla que en su lugar sostuviera Hernán Cortés tres días después de la Noche Triste, acosado por las fuerzas mexicas”

 

 
Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 50, 
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.
 

La llegada a Teocalhueyacan puede fijarse el 2 de julio de 1520, antes de mediodía, pues "el sol no había recorrido la mitad de su ruta". Ahí fueron muy bien recibidos, los llevaron a instalar en la parte conocida como Otocanpulco, y ahí les dieron de comer tanto a ellos como a sus caballos, animales que no conocían y nombraban en una forma peculiar:

"Le dieron. . . alimento para los venados, agua, maíz desgranado, mazorcas de maíz verde. . . mazorcas de maíz cocido tortillas de maíz verde. . . mazorcas de maíz todavía lechoso cocidas, mazorcas de maíz asadas, tortas de maíz, calabazas cocidas en rebanadas”

Así pues, la relación amistosa fue acompañada de sus mejores platillos, que nos hablaban del buen nivel de alimentación que tenían por entonces los otomíes. Por eso es que eran muy recios para el trabajo de labranza.

La segunda razón de esta visita tiene que ver con el pasado histórico de los otomíes. Como ya hemos mencionado, un siglo antes de la llegada de Cortés, parte de los habitantes de Teocalhueyacan se fueron a buscar un mejor horizonte cerca de Tlaxcala, en Tliliuhquitepec. Pues bien, estos indios venían también acompañando a los españoles, junto con los tlaxcaltecas, y no habían olvidado a sus ancestros de Teocalhueyacan, por lo cual ellos tan bien influyeron para que Cortés fuese también recibido en nuestra región; así lo consignaron los propios informantes de Sahagún:

"Las gentes de Tliliuhquitepec tenían como lugar de nacimiento, como lugar de origen, como lugar de fundación como cuna, Teocalhueyacan; de allí venían"

Tanto los otomíes de Teocalhueyacan como los de Tliliuhquitepec odiaban a los mexicas, y expusieron directamente a Cortés qué tipo de situación vivían siendo vasallos de Moctezuma:

"Habían llegado a su morada aquí en Teocalhueyacan. Pues aquí, nosotros les suplicamos, los saludamos…Y que se digne escucharnos, nuestro señor! ¡He aquí que Motecuhzoma y los mexicanos nos hacen muy desgraciados, nos han atormentado mucho!”

Después de exponer la triste situación en que se encontraban, pidieron a los españoles que regresaran pronto, porque temían, desde luego, una posible venganza de los mexicas en su contra por haber recibido con beneplácito a sus enemigos, temor que nunca cristalizó, porque en México Tenochtitlán se luchaba contra otro enemigo desconocido hasta entonces y muy peligroso: La viruela. Cortés no desoyó las suplicas de los otomíes; en cambio, les dio una promesa; en estos términos:

“¡Que no los aturda el dolor!, pues no tardaré muy pronto volveré, muy pronto los encontraré de nuevo. Aquí es donde se hará la ley. Aquí se dictará la justicia. Así que no sufráis".

Así pues, en Teocalhueyacan los españoles no sólo recibieron el alimento que pedía su cuerpo, sino también aquel que nutría a su alma conquistadora, pues sus oídos escucharon lo que deseaban: el apoyo y la confianza en ellos depositada para luchar contra los mexicas. Por ello, Cortés después de dormir esa noche, muy temprano partió hacia Tlaxcala; sabía que no debía perder tiempo para urdir un plan idóneo y vencer completamente a los tenochcas. Este paso por Teocalhueyacan, finalmente daría a Cortés el aliento del vencedor, y aunque ciertamente cumpliría con lo prometido, volvió a someterlos pero de otra forma.

Por su camino atravesaron Cuautitlán, Tepotzotlán y Otumba, lugar en donde encontraron por última vez muchos indios mexicanos y sus aliados esperándolos para terminar con ellos. Entre los aliados había gente de Tula, del mismo pueblo de Otumba, de Cuauhtitlán y de Tenayuca. Esta fue la última gran batalla que libraron antes de llegar a Tlaxcala, y aunque pasaron muchos trabajos, un golpe de suerte los ayudó para ganar: Cortés localizó al jefe de los mexicas, quien tenía un gran estandarte y estaba ataviado con riquísimos penachos y armas de oro, y uno de sus hombres arremetió contra él. Así, la multitud mexica y sus aliados se dispersaron, por la creencia que tenían que si era muerto o apresado el portaestandarte significaba la derrota. Esta última batalla fue el 14·de julio de 1520.

Con esto tenemos una visión panorámica del paso del conquistador por nuestra región. Por un lado, en Teocalhueyacan es recibido como un dios, y como tal le depositan sus penas y esperanzas. Por otro lado, en Tenayuca, por ser un tributario y un aliado de México-Tenochtitlán, es recibido con las armas en la mano en la batalla de Otumba. Este es, pues, un sólo ejemplo de la división que sembró su llegada entre el mundo indígena: unos los apoyaron, otros los detestaron. Pero aún no se vivía el final de este trágico capítulo de la vida nacional, pues lo peor estaba por venir; es lo peor porque unos y otros grupos indígenas tuvieron un mismo final, el de quedar sometidos, pero ahora a un imperio ultramarino.

CAIDA DE TENOCHTITLÁN
En seis meses escasos Cortés realiza grandes preparativos en Tlaxcala para atacar la ciudad de Tenochtitlán. La guerra ahora será por agua, para lo cual el ibero construye una gran cantidad de barcas. El 31 de diciembre de 1520 se halla frente a Texcoco con un ejército de más de 100,000 hombres.

“Así era la Ciudad Capital del gran imperio Mexica en los días de
su mayor esplendor, según reconstrucción del Arq. Ignacio Marquina”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 50, 
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

Cuitláhuac, el héroe de la Noche Triste y penúltimo emperador de México, había muerto hacía poco víctima de la epidemia del teozáhuatl "grano divino", que un soldado negro de la expedición de Narváez trajera a estas tierras.

Reinaba ya Cuauhtémoc, el joven guerrero de noble estirpe, predestinado a escribir una de las gestas más sublimes de heroísmo de nuestra historia, cuando Cortés pusiera cerco a la ciudad de Tenochtitlán.

Setenta y cinco días de sobrehumana resistencia por parte de aquel caudillo y su pueblo de patriotas, epilogaron la gloria de la orgullosa capital mexica, que viera caer muro tras muro y piedra tras piedra sus casas, palacios y templos, ante el empuje de las huestes enemigas.

Al final de todo, cuando sólo quedaron escombros humeantes y apenas en pie las moles de los teocallis o algún palacio de la nobleza millares de cadáveres insepultos yacían amontonados o flotando sobre las enrojecidas aguas del lago.

Cuauhtémoc, el águila que con sus garras defendiera hasta el último instante a su pueblo, cayó prisionero el 13 de agosto de 1521, terminando así la gloriosa monarquía mexica que en sólo ciento noventa y seis años llevara al máximo esplendor a la gran Tenochtitlán; ejemplo único de un pueblo que, pobre y hostilizado por razas vecinas, llegara a colocarse en la cima de la grandeza política, económica y cultural de su tiempo.

Desde entonces han transcurrido más de cuatro siglos que no han sido bastantes para borrar la imponente figura de Cuauhtémoc egregio defensor de la dignidad mexica y uno de los héroes más arrogantes y puros de nuestra historia. Su grandeza es tal, que hasta los historiadores más fanáticos de españolismo han tenido que respetarle y admirarle.

Nuestro insigne poeta Ramón López Velarde en su inmortal Suave Patria, alcanza el súmmum de su admiración por el héroe cuando le dice:

Joven abuelo, escúchame loarte,
Único héroe a la altura del arte...

Cuando cayó la noche y el cielo se enrojeció con el resplandor de los incendios, negras columnas de humo ascendieron al infinito cubriendo el Valle como para hacer más tenebrosa y patética la hora. El aire de la región más transparente del Anáhuac, inficionado e irrespirable, había obligado a todos a alejarse...

Envolvió a la ciudad un silencio de muerte. El estruendo de la guerra el ensordecedor griterío de la muchedumbre enardecida y el sordo ruido de los derrumbes había cesado.

Aquella noche, por los montes del Valle estremecido, sólo se oyeron los llantos de los mexica que pudieron escapar a la hecatombe. Y desde allí, al través de sus lágrimas contemplaron el desastre de su ciudad amada, aquella que un día asombrara por su belleza y orden al invasor europeo, misma que ahora destruía éste en la forma más bárbara y despiadada.

 

LA DERROTA DE LOS HEROES

Durante su estancia en Tlaxcala, Cortés y sus allegados armaron el plan que les daría el triunfo sobre los mexicanos. Este plan contemplaba la construcción de varios bergantines, que eran barcos de pequeño calado para poder penetrar por los canales principales de la laguna en que se encontraba la ciudad tenochca.

Además, conociendo perfectamente la distribución de la ciudad y sus calzadas instruyó a sus capitanes para poder bloquear todas las entradas; así lograría sitiar a la ciudad y someterla totalmente. Pero su plan se retrasó un poco porque en la ciudad mexica se vivían tiempos difíciles; la viruela no sólo había acabado con muchos indígenas, sino que le había quitado la vida al gran señor Cuitláhuac, sucesor de Moctezuma Xocoyotzin. Cortés dejó que pasara un poco la epidemia para dirigir el ataque final.

Muchos capítulos tiene este período de la conquista: escaramuzas constantes, el apoyo y desacuerdo del mundo indígena con Cortés, el avance sobre los puntos más importantes del Imperio, por lo cual no entraremos en muchos detalles. Pero lo que sí hay que mencionar es el regreso de Cortés por nuestra región.

En efecto, los españoles fueron tomando los puntos más cercanos de la ciudad mexica. De Texcoco, se dirigieron a Xaltocan, Azcapotzalco y Tlacopan (Tacuba), y pasaron por Tenayuca, pero la encontraron desierta: los tenayucas huyeron al enterarse del regreso del enemigo, pues el recuerdo de su derrota en Otumba aún estaba fresco. Cuenta Torquemada que en esa época la laguna daba hasta Tenayuca. A Teocalhueyacan no nombraban las fuentes, y lo más seguro es que ni siquiera pensó en pasar por ahí, pues constituía un desvío en su camino a Tenochtitlán.

Aunque el plan de Cortés era muy bueno, la derrota final del Imperio Mexica no fue fácil: el ímpetu guerrero del pueblo del Sol era tan grande que no obstante la adversidad, se entregaron a la lucha. Las batallas, según Bernal Díaz fueron de día y noche durante noventa y tres días, en que a veces vencían unos y a veces otros. Sin embargo, el embate de los españoles y los cientos de aliados indígenas obligaron a los mexicanos; a huir en algunos casos, y en otros, sus pasos los llevaron a encerrarse en Tlatelolco, lugar de la resistencia de los "héroes". El sitio duró mucho tiempo, sin comida por el cierre de las calzadas, y sin agua por el quebranto que los españoles provocaron en el acueducto de Chapultepec. A la cabeza de los mexicas se encontraba el último gran señor, Cuauhtémoc, el joven abuelo, junto con sus más allegados.

Hay un hecho interesante en esta época, que se relaciona con nuestra región. Según la “Relación Anónima de Tlatelolco” y la relación indígena más antigua concerniente a la conquista, escrita en 1528 los señores indígenas aliados de Cortés sugirieron a éste que buscaran a los señores de Tlatelolco, para llegar a un tratado de paz; la idea era la siguiente:

“Dejad sólo al Tenochca, que por sí sólo perezca”

Y Cortés mismo les hacia una promesa en caso de que accedieran a dejar a los mexicas:

“Dijo el "dios" (Cortés): -Ida decir a "Cuauhtémoc, que toman acuerdo, que dejan solo a Tenochca. Yo me iré para Teocalhueyacan, como ellos hayan concertado allí me irán a decir sus palabras, Y en cuanto a las naves, las mandaré para Coyoacán".

Por lo anterior, Cortés recordó a los otomíes de nuestra región como un lugar seguro para él, y podía tener la confianza de que lo recibirían bien en caso de que regresara a esperar noticias de Tlatelolco. Esto no se realizó porque de acuerdo a la misma relación, los señores acordaron que "no era posible dejar al Tenochca", decidiendo su destino final. Sin embargo, es importante destacar cómo Teocalhueyacan representaba para el conquistador no sólo un paso sino una casa segura.

La situación de Tlatelolco era angustiosa: rayaba ya en lo humillante, en lo insultante, pues sin comida y sin agua los indios morían debilitados; así se recordaba en 1528:

 

“Cuauhtémoc, águila que desciende, defendió su ciudad heroicamente hasta el último instante”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 52, 
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

"Hemos comido palos de colorín, hemos masticado grama salitrosa, piedras de adobe, lagartijas, ratones ¡tierra en polvo, gusanos. . ."

Por muchas semanas se había alargado el sitio por lo que Cuauhtémoc debía hacer algo: en este punto las fuentes difieren radicalmente. Las relaciones indígenas dicen que después de deliberar acerca de la situación, decidió rendirse antes de ver morir de hambre a su gente, para lo cual abordó una barca con el fin de entregarse, ante las lágrimas de su gente que decía:

"¡Ya va el príncipe más joven, Cuauhtémoc, ya va a entregarse. . . a los dioses!”.

Pero según Bernal Díaz, Cuauhtémoc huía ante la feroz entrada de Gonzalo de Sandoval y en ese momento fue apresado. Añade que en esas "piraguas" llevaba ya su oro, sus joyas, su familia y allegados. Pero en una persecución en los canales, Cuauhtémoc fue obligado a entregarse, y éste lo hizo para poner a salvo a los suyos.

Dos versiones de un mismo hecho, que difieren totalmente, pero lo cierto es que los "héroes" que defendieron hasta con su vida su mundo indígena, su imperio, su todo, cayeron derrotados en 13 de agosto de 1521, es el parte aguas del pasado indígena. Los mexicas probaron por primera y última vez el amargo sabor de la derrota y fue por última vez que tuvieron un señor universal: el Quinto Sol caía ante un "dios". Curiosamente, el día final de los mexicas, llovía copiosamente, como las lágrimas de los vencidos: (poema de 1523).

"E! llanto se extiende, las lágrimas gotean allí en Tlatelolco. Por agua se fueron ya los mexicanos; semejan mujeres; la huida es general.
¿A dónde vamos? ¡Oh amigos! Luego ¿Fue verdad? ¡Ya abandonan la ciudad de México: El humo se está levantando; la niebla se está extendiendo!
…Llorad, amigos míos, tened entendido que con estos hechos hemos perdido la nación mexicana".

Este hecho histórico es el fin y el comienzo de dos períodos importantes: el indígena, y el colonial. Pero más allá del dolor, su trascendencia, cual si fuera un parto, se encuentra en el alumbramiento, es decir, nacía una nación. Para terminar, sólo hemos de repetir las palabras que se encuentran gravadas en la actual Plaza de la Tres Culturas de Tlatelolco:

EL 13 DE AGOSTO DE 1521 HEROICAMENTE DEFENDIDO POR CUAUHTEMOC CAYO TLATELOLCO EN PODER DE HERNAN CORTÉS, NO FUE TRIUNFO NI DERROTA, SINO EL DOLOROSO NACIMIENTO DEL PUEBLO MESTIZO QUE ES EL MEXICO DE HOY.

 

   
   
 

“Cuauhtémoc frente a Cortés, el rostro de la derrota”.
Fuente: Tlalnepantla, una región en la historia, Laura Edith Bonilla de León – Rebeca López Mora, pág. 45,
H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz. 1994-1995.

 

 

  Para las notas de pie de página favor de consultar el libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996 y el libro “Tlalnepantla, Tierra de En medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984; ambos en la biblioteca digital de ésta página web.
REFERENCIAS:
  • LA LLEGADA DE LOS DIOSES, páginas de la 35 a la 37 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.  

 

  • HERNÁN CORTES ENTRA EN EL VALLE, páginas 43 a la 50 del libro “Tlalnepantla, Tierra de En Medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.
  • CORTÉS Y LOS OTOMIES: UNA RELACIÓN DE HOSPITALIDAD, páginas 38 a la 40 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia”, de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.   

 

  • LA CAIDA DE TENOCHTITLÁN, página 51 del libro “Tlalnepantla, Tierra de En Medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.
  • LA DERROTA DE LOS HÉROES (LA CAIDA DE TENOCHTITLÁN), páginas de la 40 a la 45 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia”, de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.   

 

   
 
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