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Biografia Dr. Gustavo Baz Padra
 

     La Prehistoria

Época Prehispánica
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Tlalnepantla en Tiempos Prehistóricos
 

Después de haberse plegado los sedimentos marinos del cretácico y emergido del mar gran parte del actual territorio mexicano, hará unos cincuenta millones de años, se inició un período de intenso vulcanismo (terciario) pues al levantarse la corteza que acusa un espesor de 40 o más kilómetros, ocurrieron fracturas por donde salió la roca líquida a la superficie. Ni las fuerzas erosivas superficiales alcanzaron a nivelar el paisaje, ni los ríos a desalojar las lavas frente al mayor crecimiento y actividad de los volcanes. Este fenómeno ha sido especialmente notable en la Cuenca de México. 1

A la aparición de los volcanes Ajusco, lztaccíhuatl y Popocatépetl siguió, ya en el Cuaternario, la extraordinaria efusión de lavas que formó la Sierra de Chichinautzin, represó los ríos que antes iban al sur y produjo la Cuenca Cerrada de México. Este fenómeno ocurrió en el último millón de años y es contemporáneo de las glaciaciones. 2

EL HOMBRE EN EL VALLE

La etapa de formación geológica del Valle de México, la de los grandes cataclismos en que éste adquiere su fisonomía definitiva, había pasado ya. La intensa actividad volcánica con sus grandes terremotos; las espesas lluvias de ceniza ennegreciendo el cielo; las flamígeras lenguas incendiando el firmamento; los sordos ruidos de las explosiones subterráneas; los mares de hirviente lava calcinándolo todo, y las bocas de los cráteres vomitando rocas, habían cedido el paso a las lluvias torrenciales que, aunadas a los grandes cursos fluviales provenientes de los ríos de Teotihuacán, Cuautitlán, Tlalnepantla, Hondo y Tacubaya, así como de copiosos escurrimientos de los altos nevados, dieron lugar a la formación de un inmenso lago que vino a cubrir gran parte del Valle.

Una exuberante flora y una rica fauna aparecieron entonces, llenándolo todo de vida. Pero aclaremos que sólo en relatos como los presentes se pueden acortar tiempos larguísimos que transcurrieron entre unas y otras etapas.

Era el Pleistoceno, principios de la Era Cuaternaria. El arco iris, símbolo de paz, tendiendo su comba policroma desde un confín hasta el otro del Valle, se aprestaba a dar la bienvenida a las primeras criaturas humanas que habrían de habitarlo; quién sabe hasta qué punto sensibles o no a la belleza del lugar.

Grupos de cazadores nómadas, descendientes de los hombres que hace 25,000 años pasarán de Siberia a Alaska sobre un puente natural formado en el estrecho de Bering durante la última glaciación, arribaron por entonces al Valle virgen. Algunos de ellos se establecieron en los alrededores del lago, mientras otros continuaron su peregrinaje hacia el sur, hasta llegar a la Tierra del Fuego. Hace doce o quince mil años que las primeras comunidades asentadas en nuestro valle, las más antiguas de la Cuenca de México y acaso de toda Mesoamérica, se establecieron en las estribaciones de la sierra de Guadalupe, al norte del lago, en sitios que después conoceríamos con los nombres de El Arbolillo, Zacatenco y Ticomán, ubicados entere los cerros del Tepeyac y el Chiquihuite; así como en Tlatilco, en las cercanías de Tacuba.

La caza, la pesca y la recolección, que era de lo que vivía aquella gente, abundaba en el paraje por ellos descubierto, lo que significó las más espléndidas perspectivas para su supervivencia. En la espesura de los bosques poblados de ahuehuetes, encinos y oyameles, habitaban el venado, el jabalí, el tlacuache, el conejo, la víbora, el guajolote, la gallina de México... También los grandes mamíferos existentes por tales épocas en el Valle de México, como el mamut, serían pieza de caza para aquellos hombres. Los restos del hombre de Tepexpan, descubiertos no hace mucho cerca de Teotihuacán, así como algunos fósiles de mamut encontrados en la misma región, han revelado a los científicos una antigüedad de 9,000 años.

El lago, poblado de lirios y cercado de ahuejotes, carrizales y tules, ofreció su variada fauna acuática abundante en peces, tortugas, ajolotes, ranas, patos, chichicuilotes e insectos. Hacia el año de 1,700 antes de nuestra era, aquellas comunidades, integradas por no más de cien o doscientos habitantes, habían dejado las cuevas para vivir en chozas por ellos construidas con troncos, carrizos, paja y lodo, en las laderas de los cerros. Sabían producir fuego y hacer uso de la sal como condimento. Cuando la vida sedentaria les fue descubriendo la agricultura, aprovecharon los ricos mantos de formación aluvial que rodeaban al lago, para cultivar el maíz, el frijol, la calabaza, el chile. Observando los fenómenos naturales como son los cambios de estaciones, el viento, la lluvia, la sequía y las heladas, llegaron a conocer las épocas más propicias para las siembras, el cultivo y la recolección. Hombres y mujeres aprendieron a modelar el barro, con el que fabricaban una gran variedad de utensilios de uso doméstico, así como figuras de tipo antropomorfo y zoomorfo. (En el museo de Tlatilco pueden admirarse muchas de estas piezas.) Con piedra porosa (toba volcánica) fabricaron sus metates y molcajetes para hacer tortillas y triturar las gramíneas. Los arqueólogos, basándose en las piezas halladas en El Arbolillo, Zacatenco, Ticomán y Tlatilco, dividieron la cultura Preclásica del Valle de México en tres periodos: Inferior, Medio y Superior, clasificando a éstas como pertenecientes al Preclásico Inferior y atribuyéndoles una antigüedad de 1,350 años AC. Por el año 1000 anterior a nuestra era, el Valle de México contaba ya con varias decenas de millares de habitantes, tanto por su multiplicación natural como por la inmigración de grupos olmecas, así como otros procedentes de algunos puntos de occidente.

 

“El hombre prehistórico americano cazaba mamuts hace diez mil años en la cuenca
de México” Esta cuenca incluye la región de la ahora Tlalnepantla de Baz

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 40, 
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

Más bien que Valle, ésta es una inmensa hoya hidrográfica, rodeada por un alto muro de montañas y cuya Cuenca, como prendiendo en ella todos los puntos que envían sus aguas hacia el fondo, mide poco más de 8 ,000 kilómetros cuadrados de extensión superficial. Pertenece el Valle a la Mesa de Anáhuac, que por mucho tiempo ha venido llamándosele Mesa Central. En la Cuenca de México, conocida hoy como Valle de México, se han descubierto algunas de las evidencias más remotas de la especie humana en nuestro país. 3

Con una altura de 2,260 metros sobre el nivel del mar y ocho mil kilómetros cuadrados de extensión superficial, el Valle, ocupado en su mayor parte por las aguas del lago, estaba predestinado a ser el centro geográfico de nuestro país, al hallarse colocado a igual distancia del Golfo de México y del Océano Pacífico; del río Bravo y de la frontera con Guatemala. Hace seis siglos y medio que en el centro de aquel lago empezó a formarse nuestra patria, cuando una tribu errante, obedeciendo oráculos sagrados y conducida por pájaros agoreros, echara los primeros cimientos de su ciudad en el sitio mismo en que un águila sobre un tunal devoraba a una serpiente. Encerrado el gran Valle en un vasto circuito montañoso, y teniendo al oriente la sierra de Ahualco con sus eternos centinelas, el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl, veíase ceñido al sur por las últimas estribaciones del Popo, la sierra del Ajusco y el Monte de las Cruces. Después, formando su límite occidental, se miraban recortar en el lejano horizonte las cumbres de Monte Alto y Monte Bajo. Por el norte, semejando una especie de península dentro del lago, la sierra de Guadalupe (tan familiar a los ojos de los tlalnepantlenses por su característico perfil) con sus principales elevaciones: Cerro Gordo, Tepeyac, Tecpayocan (cerro del Chiquihuite), Cuautepec, el Tenayo, Acatitlán y Tlayacampa, para cerrar finalmente el sistema orográfico de la gigantesca hoya, el Cañón o Puerto de San Pedro Barrientos. 4

 

NOTAS:
Para las notas de pie de página favor de consultar el libro “Tlalnepantla, Tierra de En medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984; ambos en la biblioteca digital de ésta página web.

 

 

  1. TLALNEPANTLA EN TIEMPOS PREHISTÓRICOS, Sugerido por el geólogo Federico Mooser en 1963. libro “Tlalnepantla de Baz, Monografía Municipal” de Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 55, editado por el Instituto Mexiquense de Cultura, Estado de México, 1999.
  2. TLALNEPANTLA EN TIEMPOS PREHISTORICOS, Enciclopedia de México. ¿CUENCA O VALLE?, páginas 27 a la 29 del libro “Tlalnepantla, Tierra de En Medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.
  3. EL HOMBRE EN EL VALLE, Historiador Jesús Galindo y Villa, número 49 de Artes de México, de la UNAM. ¿CUENCA O VALLE?, páginas 27 a la 29 del libro “Tlalnepantla, Tierra de En Medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.
  4. EL HOMBRE EN EL VALLE, ¿CUENCA O VALLE?, páginas 27 a la 29 del libro “Tlalnepantla, Tierra de En Medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.
  5. EL HOMBRE EN EL VALLE, páginas 31 a la 33 del libro “Tlalnepantla, Tierra de En Medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

   
 
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