background image
     
 
     
Biografia Dr. Gustavo Baz Padra
 

     La Época Prehispánica

Época Prehispánica
Dioses Prehispánicos
Zonas Arqueológicas
Personajes de la Época
Comentar Época
 
 
Las tribus que llegaron de lejos: Xólotl: en Tenayuca
 

El pasado histórico de nuestro país es seguramente uno de los más ricos del mundo. El valor cultural de Mesoamérica queda aún de manifiesto al contemplar la belleza de lugares como Teotihuacán, Cholula, la Mixteca, la zona olmeca y muchos más, que son ya, baluartes universales. Nuestra región no ha quedado fuera de este bagaje cultural. Los que dieron el primer paso para ello, fueron las tribus venidas del norte que invadieron el Valle de México de manera constante desde el siglo XII de nuestra era. Este sería pues, el primer hecho histórico que experimentó nuestra región.

 

 
 
   
 

“Llegaron en busca de su destino”.

Fuente: Tlalnepantla, una región en la historia, Laura Edith Bonilla de León – Rebeca López Mora, pag. 18. H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz. 1994-1995.

 

El principal grupo de invasores que mencionan las fuentes es el de los chichimecas encabezados por Xólotl. Tal vez nunca sepamos la razón por la cual tribus tan lejanas decidieran abandonar sus tierras, pero probablemente su situación no era muy buena: serían sequías, escasez de alimentos o un aumento inusitado de población, el motivo principal de su migración no lo sabremos nunca, pero ciertamente esperaban encontrar algo mejor al sur, una tierra promisoria, un mejor destino para sus hijos.

El lugar de donde parten estas tribus está al norte de Jalisco, aunque no es fácil precisar el sitio exacto, Xólotl, quien era un jefe tribal, envió algunos emisarios a Xalisco, y al regresar éstos se entusiasmó con la idea de llevar a su gente hacia el sur por lo cual durante seis meses preparó a su ejército para tal misión. Con este hecho se inicia su larga peregrinación: más no iba sólo, sino que junto a él iba mucha gente, hombres, mujeres y niños emprendían su incierta marcha.

Uno de los principales grupos culturales de esta época eran los toltecas que habitaban Tula. El año de 1168 ó 1 pedernal según los calendarios indígenas, es la fecha en la que los toltecas abandonaron Tula, sin una razón aparente; sin embargo, es probable que el rey tolteca tuviera noticias de la peregrinación encabezada por Xólotl, y decidiera ordenar el abandono de la ciudad antes de experimentar su destrucción. Xólotl y su gente llegaron a Tula el año de 1172, ó 5 pedernal, pero la encontraron en ruinas y abandonada. Esto les ofreció una situación inmejorable, pues los chichimecas pudieron ocuparla así como también las zonas cercanas.

Después de ahí, Xólotl se dirigió a Cempoala, y luego a Tepepulco, en donde se estableció durante un tiempo, mientras enviaba a otros adelantados, entre ellos a su propio hijo el príncipe Nopaltzin, a conocer tierras más al sur: El espíritu inquieto de Xólotl aún no encontraba el anhelado paraje promisorio.

Nopaltzin, junto con otros principales, visitó varios lugares como Hexotla, Cohuatlychan, Texcoco, al sur a lo alto de un cerro pudo observar otros lugares como Tlatzalan, Coyohuacan, y Chapultepec. Todo aquello debió haber presentado un paisaje increíble, transparente, lleno de verde y agua.

Mientras esto sucedía, Xólotl envió a otros de sus capitanes a inspeccionar un lugar más al occidente; a su regreso y frente a su señor, los enviados dieron una descripción detallada de lo que vieron de la siguiente manera:

"La tierra, es buena y muy dispuesta para nuestra morada”

Esta tierra a la que se referían los enviados no era otra sino Tenayuca. Al tener en su presencia tanto a su hijo Nopaltzin como a los otros enviados, los hizo deliberar para escoger un sitio definitivo de morada: difícil ejercicio frente a un panorama tan embelesador como el que tuvieron a la vista. Sus pláticas culminaron en la siguiente conclusión:

 

"Y habiendo dicho unos, y otros las condiciones de los sitios, y tierras que habían andado, que la de Tenayucan era por entonces mejor, y más acomodada".

 

Dicho lo cual Xólotl y su pueblo se movieron inmediatamente a Tenayuca, y ahí repartió tierras para cada familia lo que más gustó al gran señor es que era un lugar cavernoso, y por lo tanto, confortable para su tipo de vida. Una pregunta surge en este momento: ¿Por qué escogían un lugar cavernoso para su residencia estas tribus chichimecas? Este detalle nos lleva a considerar las costumbres y modo de vida de los primeros habitantes de Tenayuca. Los chichimecas que venían con Xólotl tenían una cultura poco desarrollada. Eran recolectores-cazadores es decir, no conocían la agricultura; no hacían construcciones, vivían en las cuevas, no sabían vestirse: tan sólo se cubrían lo necesario con pieles. En Tenayuca se dedicaron además de la caza, con arco y flecha, a la pesca, pues el lago de Texcoco llegaba hasta esta región en tiempos remotos. La carne de los animales que cazaban la comían cruda y le chupaban la sangre, costumbre por la cual los llamaban chichimecas, es decir, chupadores. Su religión era muy pobre, y no tenían ídolos como otras culturas. Aunque no tenemos una descripción exacta de su organización social, podemos deducir por los informes de su venida, que había diferencias sociales entre capitanes o principales, y pueblo en general; tal vez los primeros eran jefes tribales con carácter militar, que por la fuerza que representaba ganaban su " status" social. Con respecto a su idioma, los expertos han opinado que era diferente al que hablaban los nahuas y los otomíes, quienes también venían procedentes del norte hacia la meseta central. Entonces ¿que idioma hablarían los chichimecas? Pues probablemente una lengua pame, que si bien era de la familia otomiana, tenía rasgos cultural y lingüísticamente diferentes. Por todo lo anterior podemos afirmar que los chichimecas no eran un grupo con una cultura muy avanzada; pero que al llegar a Tenayuca comenzaron a convertirse en sedentarios, y con ello, a tener mayores aportes culturales. Tenayuca, pues, fue el lugar idóneo para Xólotl y su gente; pero aunque no estuviera en ese momento habitado, Xólotl debía asegurarse que no tuviera dueño, para lo cual envió a algunos capitanes a la zona de los lagos a investigar si alguien reclamaba su propiedad. Llegaron hasta Chapultepec, en donde encontraron algunos de los toltecas dispersos y aislados, quienes les confirmaron lo que ya esperaban. Así pues, con toda la seguridad, Tenayuca les pertenecía sólo aquellos que viniendo de lo lejos, encontraron lo anhelado. Comienza, así, la historia de nuestra región. No todos los acompañantes de Xólotl recibieron de él tierras en Tenayuca; este lugar quedó reservado para él, su familia, y algunos de sus allegados. Por increíble que pudiera parecer, repartió tierras en lugares alejadísimos de su propia residencia, sobre todo hacia el norte, como por ejemplo hasta Atotonilco (actual estado de Guanajuato). Y todo este territorio, incluyendo Tenayuca, quedó dentro de la zona conocida como Chichirnecatlalli, o "heredad de los chichimecas, o porción parte y fuerte de chichimecas". Las migraciones venidas del norte siguieron apareciendo en el Valle de México.

 
 
   
 

“Su base económica era la cacería”

Fuente: Tlalnepantla, una región en la historia, Laura Edith Bonilla de León – Rebeca López Mora, pag. 19. H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz. 1994-1995.

 

Después de 47 años de que Xólotl se asentara en la región de Tenayuca, y repartiera las tierras, llegaron otros seis señores principales que lo reconocieron como dueño, por lo cual pidieron les repartiera otros lugares. Esta nueva oleada migratoria era grande en número y probablemente de características físicas diferentes a los chichimecas porque las fuentes refieren que tenían "mucha fuerza y corpulencia". Hablaban una lengua diferente y también debieron haber tenido una mayor cultura, porque estos sí conocían la agricultura, y llevaban una religión más definida, pues ya tenían ídolos. A este grupo se le conoce como los acolhuas. Xólotl debió haber visto en ellos algo verdaderamente atractivo, pues decidió sellar el pacto de amistad dándole a los tres hermanos y señores principales, tres de sus hijas doncellas en matrimonio: costumbre muy usada en el México prehispánico. Probablemente eran estos herederos de la cultura tolteca y por lo tanto portadores de un linaje distinguido. Los nuevos yernos de Xólotl, recibieron un señorío diferente que serían, a la postre, pueblos poderosos aún más que Tenayuca: al mayor de los hermanos le dio el señorío de Azcapotzalco; al segundo le dio Xaltocan, y el más joven  recibió el señorío de Cohuatlychan. Con ello se ponen las bases de los tres centros de poder en el Valle de México más importantes desde la caída de Tula y antes del ascenso de la triple alianza de México-Texcoco Tlacopan, situación que conocieron los españoles.

Años después de hacer su morada en Tenayuca, Xólotl decidió cambiar su residencia a Texcoco, que se encontraba en la otra ribera del lago; la razón de esto lo dicen las propias fuentes:

 

… Su mudanza, debió de ser, a verse multiplicado su gente, o ser corta por allí la tierra, para el modo y manera de sustentarse, y parecerle que has acomodado el sitio de Texcoco, para este intento por tener en su contorno, monte, sierras de muy atendidas, y grandes arboledas, donde había mucha abundancia de caza de que se mantenían. . . "

 

Más no podía borrar de tajo tantos años de vida en Tenayuca, por lo que no lo abandona: él se cambia pero deja algunos de sus allegados a cuidar ese sitio, lugar de su primera casa.

El Xólotl de Texcoco era poderoso, afamado, y por lo tanto, víctima de muchas envidias; rivalidades entre las tribus, que, asentadas en el valle, querían aumentar su territorios. Viendo al señor de Texcoco con recelo, fue víctima de un intento de asesinato en sus propios jardines, pues quisieron ahogarlo. Salió ileso de tal incidente, y quiso alejarse del escenario de las pasiones y la codicia, para lo cual intentó regresar a Tenayuca, lugar muy querido por él, más su deseo quedó sólo en eso: murió repentinamente en el año de 1232 ó 13 pedernal. Por ser tan gran señor, sus exequias se llevaron a cabo con el lujo de esa época, sentándolo en su trono según cuenta la historia, ataviado con multitud de joyas y finalmente fue cremado en una gran pira. Así la azarosa vida del primer personaje histórico de nuestra región llegaba a su fin; mas fue gracias a él que Tenayuca nunca dejó de estar habitada por su pueblo.

No todos los sucesores de Xólotl habitarían esa ciudad; de hecho solamente se llevaban a cabo las entronizaciones de los nuevos señores en Tenayuca; era, pues, un símbolo del origen del poder, pero no la residencia de los señores. Por ello sólo Nopaltzin su hijo, vivió un año en Tenayuca, pero después regresó a Texcoco en busca de su hijo que se había quedado gobernando esa ciudad. Texcoco tenía mayor población y se vivía con una mayor comodidad que en la primera. Durante el reinado de Nopaltzin, y fruto, tal vez del contacto con pueblos de mayor cultura, los chichimecas comenzaron a usar el maíz y el algodón, por lo cual podemos deducir que estaban dejando de lado su vida de cazadores-recolectores para hacerse, finalmente, sedentarios.

Hasta ese momento muchas tribus habían arribado al Valle de México provenientes del norte, y en orden cronológico fueron las siguientes: otomíes, cúlhuas, cuitlahuacas, mixquicas, xochimilcas, chalcas, tepanecas, acolhuas, y mexicas. Pero no siempre tuvieron buenas relaciones, por lo cual el panorama del México prehispánico en el Valle se encuentra plagado de cruentas luchas de unos y otros grupos: a veces se aliaban contra un tercero, y tiempo después los amigos se convertían en enemigos. Tenayuca también fue protagonista de la lucha de facciones, aunque cabe señalar que su nivel político no era ya el que tuvo con Xólotl. Aún la costumbre de entronizar a los principales en esa ciudad se perdió con el nieto de Nopaltzin llamado Quinántzin: él fue el primero que tuvo su jura en Texcoco, ya que tenía allí más lujos y muchos pobladores. Más nunca dejó de tomar en cuenta a Tenayuca, ya que para gobernarla no designó a cualquier otro de sus capitanes, sino a su propio tío llamado Tenancacaltzin.

Durante los siglos XIV y XV la fuerza militar de los Tepanecas, asentados en Azcapotzalco, fue muy importante y dominaba todo el valle: ellos ponían las reglas frente a las demás tribus, aunque probablemente nunca imaginaron que el grupo que llegó al último tomaría un lugar de preponderancia a la postre. Este grupo eran los mexicas, quienes vivieron presos de Culhuacán desde su llegada, y en un primer momento los recluyeron en el alejado lugar de Tizapán: allí servían en todo a sus señores colhuas: pero la suerte les sonreiría poco tiempo después, pues fueron una ayuda importante para las guerras de sus señores colhuas contra los chalcas, los de Cuitláhuac y los pueblos otomíes de Xaltocan, Cuautitlán y Tepotzotlán a fines del siglo XIV. Como premio a sus servicios recibieron el permiso de asentarse en la laguna, único lugar disponible para ese momento, y fundaron Tenochtitlán, en 1325, durante el reinado de Quinántzin y su poder iría en aumento incesante desde entonces, ante la preocupada mirada de sus vecinos.

La violencia intertribal de estos siglos afectó directamente a Tenayuca, pues las tribus, queriendo frenar a los mexicas, hicieron complejas ligas y alianzas. Por ejemplo, el señorío de Xaltocan hizo alianzas con los señoríos del Valle de México, para atacar en conjunto a los aztecas, y de acuerdo a la leyenda de los soles, los aliados serían: Culhuacán, Xaltocan, Cuautitlán, los acolhua, Tenayucan (nuestro Tenayuca), Azcapotzalco y muchos más.  Así Tenayuca era tomada en cuenta para un movimiento de tal magnitud, a pesar de que ya no estaba en un primer papel de importancia.

Durante todo este tiempo, como hemos dicho, los tepanecas de Azcapotzalco tuvieron la supremacía. Pero la semilla de su fin se encontraría dentro de su propio señorío, ya que su tirano Tezozómoc causaría descontento entre su pueblo.

A su muerte en 1422, vino una época de inestabilidad por la usurpación de su hermano Maxtlaton, señor de Coyohuacan, y con ello comenzaría la guerra tepaneca, que duraría diez años hasta 1430. Esta era, pues, la oportunidad que esperaban los mexicas y los acolhuas para liberarse de sus amos, así que unieron fuerzas y tomaron las principales ciudades denominadas por los tepanecas, entre las cuales estaban Azcapotzalco, Tlacopan o Tacuba, Toltitlán, Cuauhtitlán, Xaltocan, Tacubaya  y Tenayuca. Es desde este momento en que Tenayuca tendrá rasgos, cultura y bases de los mexicas. Pero cabe destacar que los mexicas también recibirían influencia de Tenayuca, y su pirámide es, sin duda no sólo una muestra privilegiada de la, belleza de la arquitectura prehispánica, sino que además es la prueba del aporte cultural de Tenayuca a la arquitectura conocida como mexica.

 

LOS OTOMIES DE TEOCALHUEYACAN

Tenayuca no fue, ciertamente, la única zona de nuestro actual municipio que contó con habitantes prehispánicos. El grupo otomí que habitaba Teocalhueyacan, actualmente San Andrés (la manzana de roma) y sus colindantes, vendría a completar el panorama multicolor de nuestra región.

 

 
 
   
 

“Moctezuma Ilhuicamina, quien persigue a los otomíes”

Fuente: Tlalnepantla, una región en la historia, Laura Edith Bonilla de León – Rebeca López Mora, pag. 29. H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz. 1994-1995.

 

 

El origen de los otomíes en el Valle de México, se encuentra muy unido a la llegada de otras importantes tribus en el siglo XIII, quienes salieron de Chicomoztoc o lugar de las siete cuevas poco tiempo después de la caída de Tollan (Tula)  en 1168. Acolhuas, tepanecas y otomíes pudieron haber arribado al valle en 1220, cuando pidieron a Xólotl tierras y él decidió casar a sus hijas doncellas con los caudillos de tales tribus. Este hecho es la primera noticia histórica de los otomíes.

Pero su establecimiento definitivo en su capital Xaltocan tuvo lugar años después, fruto de otra migración, en la cual atravesaron todo el valle, para establecerse en lugares diferentes como Coatlichan, Tepotzotlán, Quanacan, Chiapan, Axocopan, Hueypochtla. Cada grupo formaría los señoríos más importantes hasta antes del fortalecimiento de los aztecas.

Es probablemente durante esta migración, que algunos grupos otomíes quedaron dispersos por lugares que se encontraban en su camino, tal vez porque su atractivo propio invitara a ello. En este caso se encontraría Teocalhueyacan, pues su localización coincide perfectamente con el camino que tomaron hacia Xaltocan los otomíes. Cronológicamente puede fijarse su llegada a partir de 1220.

Teocalhueyacan fue pues, una "isla" otomí, dentro de una zona náhuatl. Como ya dijimos, los tepanecas difundieron su influencia por el Valle de México hasta antes de la llegada de los mexicas; sin embargo, los otomíes de Teocalhueyacan fueron respetados en su pequeño reducto, probablemente porque los consideraban poco peligrosos.

Cuando fueron conocidos los otomíes por los españoles, consideraron erróneamente que éstos habían sido los habitantes más antiguos del valle, porque llevaban un estilo de vida "primitivo" respecto a los aztecas. En efecto, su cultura era diferente y por lo tanto, era vista con desprecio. Los otomíes de Teocalhueyacan y de otros lugares vivían de la agricultura, especialmente del maíz, comiéndolo en jilotes, en tortillas y en tamales de elote. Cultivaban también el maguey, de donde fabricaban el pulque; éste era visto en un nivel inferior a otros de los que llegaban a Tenochtitlán, pues clasificaban a ese producto por su calidad como fino, ordinario y otomí. Los de Teocalhueyacan se distinguieron de otros otomíes por tener un animal doméstico prototipo de la cultura mexicana: el guajolote.

Sus ideas religiosas eran diferentes a las aztecas; escogían lugares aptos para sus cultos, como los cerros, por lo cual podríamos afirmar que el cerro de San Andrés fue el lugar devocional de los otomíes de nuestra región. Hacían sacrificios humanos, y contaban con curanderos o brujos que chupaban la sangre de los enfermos.

No contamos con construcciones tan elaboradas como las de sus vecinos tenayucas, lo cual nos habla de una cultura un poco inferior; sus  casas debieron ser muy pobres y de baja calidad, tal vez con terrados y de planta rectangular como todavía se usan en otras zonas.

Con lo anterior podemos concluir, que si bien su cultura no era muy adelantada, su asentamiento era firme y duradero, pues por varios siglos Teocalhueyacan fue su lugar único de establecimiento, y este hecho los haría permanecer a pesar de eventualidades tan fuertes como el ascenso de los mexicas y la llegada de los españoles: todo ello lo hace un hecho imborrable y de gran importancia en nuestra historia regional.

EL PUEBLO MEXICA
Apenas se inicia el siglo XI de nuestra era. Siete tribus nahoas emprenden un lento y largo viaje hacia lo desconocido. El oráculo es su guía y el escudo su resguardo. Los tiempos pasan sobre aquellos pueblos errantes que sin cesar avanzan hacia el sur. Su memoria ya sólo recuerda un nombre: Chicomostoc "lugar de las siete cuevas", su país de origen. Son los linajes nahuatlacas: los xochimilcas, los chalcas, los tepanecas, los acolhuas, los tlahuicas, los tlaxcaltecas.... Todos hablan una misma lengua: el náhuatl, de sonido suave y melodioso, cuyo significado es "gente que se explica y habla claro" o "cosa que suena bien como campana".

Estas tribus, conforme van llegando al Valle de México, van ocupando las mejores tierras en derredor del lago.

Años después completa el histórico éxodo la séptima tribu, la de los mexicas, los escogidas de Huitzilopochtli, el que habla, el que guía, quienes sumisos a la orden de su dios de salir los últimos, abandonan Aztlán, el mítico "lugar de las garzas", supuestamente localizado en el actual estado de Nayarit, para ir en pos de una tierra por él prometida; aquella que deberán fundar en el sitio en que descubran un águila sobre un tunal devorando a una serpiente. Allí descansarán de sus fatigas...

Los mexicas salieron de Aztlán en el siglo XII (Tira de la Peregrinación). A lo largo de su peregrinaje se fueron estableciendo en varios puntos, al grado de que pudieron en aquel lapso celebrar hasta en tres ocasiones la fiesta del Fuego Nuevo, que tenía lugar cada 52 años. El primer Fuego Nuevo lo encendieron en Coatepec (cerro de la serpiente o lugar de Cihuacóatl), sitio mítico cercano a Tula. Al penetrar más tarde en el Valle de México, pasaron por varios lugares que hoy se encuentran en el estado de Hidalgo, y continuaron hasta Apaxco,  del actual estado de México, donde encendieron el segundo Fuego Nuevo, pues habían transcurrido 52 años desde su estancia en Coatepec.

De Apaxco pasaron los mexicanos a Zumpango, a Xaltocan, a Ehecatépec (hoy San Cristóbal Ecatepec) y a Tecpayocan (hoy cerro del  Chiquihuite, entre los cerros del Tenayo y el Tepeyac). Allí, en Tecpayocan, "lugar lleno de cuchillos de pedernal", encendieron el tercer Fuego Nuevo.

Cuando los mexicas llegan al Valle de México, éste se halla ocupado totalmente por quienes les antecedieron. Allí nadie los acepta; todos los repudian. .. Si acaso les asignan un lugar para vivir, será éste en los sitios más inhóspitos como el desierto, el monte o un islote inhabitable en el centro del lago. Y allí se van a vivir aquellos parias.

Un brumoso amanecer en el Valle, el pueblo se despierta con el aletear de un ave entre los jarales de la laguna. Es el águila del antiguo vaticinio, no cabe duda, pues se halla posada sobre un nopal y tiene atrapada entre las garras a su víctima.

Tenoch, el sumo sacerdote, y su pueblo,  abrumados ante el significado del suceso, levantan ahí un pequeño templo como ofrenda de gracias a su dios Huitzilopochtli y fundan su ciudad Tenochtitlán. Es el año de 1325. El Pueblo del Sol va a dictar desde ese día el rumbo de la historia...

 
 
   
 

"Fundación de México-Tenochtitlán"

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 40, H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

''Aquí, tenochcas, aprenderéis cómo empezó la renombrada, la gran ciudad México-Tenochtitlán en medio del agua, en el tunal, en el cañaveral, donde vivimos, donde nacimos, nosotros los tenochcas". (Crónica Mexicayotl).

La profunda religiosidad del pueblo mexica será el espíritu que lo impulse a todas las empresas de su vida y en todas las creaciones de su arte para forjar en escasos ciento noventa y seis años una de las civilizaciones más admirables de Mesoamérica.

La pequeña ciudad lacustre que los mexicas hicieron con sus manos, ganándole espacio al lago por medio de chinampas, se transforma en sólo unas cuantas décadas en hermosa metrópoli. La inquebrantable fe de aquel pueblo admirable unida a su genio político y militar, lo llevan a sacudir el ominoso vasallaje que al principio sufre, para después, lograda su liberación, hacer sentir su hegemonía sobre todas las naciones y provincias que le rodean.

El cuantioso botín de incesantes victorias sobre otros pueblos y el vigoroso esfuerzo que en todos sentidos realiza el pueblo tenochca, le permite alcanzar un esplendor difícilmente igualado en aquella época por nación alguna de Europa. La ciudad, cada vez más extensa y más bella, cruzada por canales y calzadas, se ha poblado de palacios, teocallis y casas dotadas de piscinas y jardines... Es el emperador Moctezuma Ilhuicamina, "el flechador del cielo" quien ha llevado a su pueblo a aquel grado de progreso.

De entonces es este canto, con el que los juglares mexicanos ensalzaban la grandeza de Tenochtitlán:

"Haciendo círculos de jade se muestra la ciudad,
irradiando rayos de luz, cual plumas de quetzal,
se levanta México Tenochtitlán.
Allí son llevados en barcas los nobles:
sobre ellos se extiende florida niebla.
¡Es tu casa, Ipalnemohuani, Dador de la vida
Reinas tú aquí.
En Anáhuac se oyen tus cantos:
sobre los hombres se extienden.
En Tenochtitlán se yerguen los sauces blancos,
aquí las blancas espadañas;
tú, cual garza azul, extiendes tus alas volando,
tú las abres y embelleces a tus siervos.
Huitzilopochtli revuelve la hoguera,
da su palabra de mando
hacia los cuatro rumbos del universo.
¡Hay aurora de guerra en la ciudad!

Dotado de innato talento el tenochca, absorbe conocimientos de artes y ciencias de otras culturas, adaptándolo todo a su admirable creatividad. Artífices y artesanos de todas las provincias sojuzgadas, contribuyen a la integración de los diversos estilos de una nueva cultura. Arquitectos y orfebres, lapidarios, tlacuilos, ceramistas y maestros de todos los oficios y regiones, aportan sus conocimientos e ingenio.

Superándose de monarca en monarca, el poderío mexicano llega al cenit de su gloria con Moctezuma Xocoyotzin, "señor respetable, el más joven", en que la riqueza, la abundancia, el lujo y la comodidad, son características ya propias en la vida de tan poderoso imperio.

Y es a ese célebre rey a quien corresponde enfrentar el momento histórico de la llegada del invasor español a tierras de Anáhuac, el imperio mexica cuyo esplendor durara lo que un breve y hermoso sueño interrumpido por la infausta noticia de la presencia de hombres blancos y barbados en las costas de nuestro suelo... ¡El retorno de Quetzalcóatl ¡

 

LA TRIPLE ALIANZA SE ADUEÑA DEL VALLE

Durante los tiempos anteriores a la conquista las diversas tribus que llegaron al Valle de México protagonizaron constantes y crueles luchas: pueblos que con cultura superior querían someter a sus vecinos con ejércitos temibles y agresivos.

En 1324 la tribu de mayor influencia fue la de los tepanecas de Azcapotzalco, situación que duraría hasta 1375. Durante este periodo los chichimecas adquirieron una cultura más civilizada.  Pero a partir del siglo XIV los mexicas fueron aumentando sus dominios y vengaron posteriormente las afrentas que tenían con otros pueblos, quienes los quisieron hacer a un lado del panorama indígena. En estos enfrentamientos nuestra región no quedó al margen: frecuentemente tomó parte de uno u otro bando.

En esta época de cambios constantes, ninguna tribu pudo someter completamente a las demás a pesar de que los mexicas fueron la de mayor fuerza. Por eso, al derrotar a Tezozómoc, señor de Azcapotzalco en 1428, se formó la Triple Alianza, esto es, la unión de los tres pueblos más fuertes del valle para obtener una supremacía indiscutible frente a las demás tribus; la formaban México, Texcoco y Tlacopan (Tacuba). Evidentemente, los mexicas tenían superioridad sobre los otros dos, pero fue gracias a esta unión que sometieron a todos los antiguos tributarios tepanecas, de tal manera que los pueblos sometidos por Azcapotzalco, como Tenayuca y Teocalhueyacan, pasaron a ser súbditos de un nuevo señor: el señor de Tenochtitlán. Esta es la última etapa de la época indígena precortesiana y la que admiraron los conquistadores.

La expansión, de la Triple Alianza, llegó a lugares no sólo del Valle de Anáhuac, sino mucho más allá de esos límites. Además provocó nuevos movimientos migratorios de los grupos que más resintieron el dominio de los mexicas. Los otomíes de Xaltocan fueron un ejemplo, quienes derrotados, huyeron a lugares en donde había otros asentamientos de su misma tribu, como Otumba, Tecámac, Metztitlán, Tlaxcala y Puebla. También los otomíes de Teocalhueyacan huyeron ante la fuerza de la Triple Alianza, pero nunca despoblaron completamente nuestra región. Así, parte de los otomíes de Teocalhueyacan se fueron a Tlaxcala en tiempos de Moctezuma Ilhuicamina, a partir de 1428. Estos mismos que salieron, poblaron un pueblo cercano llamado Tliliuhquitepec. Así nos encontramos con que los otomíes de nuestra región impactaron con su fuerza pobladora a lugares lejanos, como parte del movimiento migratorio otomí.

Esto nos hace considerar que a pesar de ser Teocalhueyacan una " isla" en el territorio tepaneca y posteriormente en el de la Triple Alianza, tenían contacto y liga con los demás otomíes, con quienes compartían costumbres y tradiciones. Sin embargo, este asedio no les evitó permanecer en este período como un grupo difuso y subordinado, al grado de que Cortés los llamó montañeses y esclavos de Tenochtitlán.

En esta época de superioridad de la Triple Alianza, todos los pueblos principales fueron sometidos bajo un mismo patrón de conquista: dominado un lugar, dejaban que siguieran gobernando sus señores naturales, con la consigna de pagarles tributo, para ello, separaban algunas tierras que servían sólo para tributar, y dejaban tan sólo un encargado mexica que debía cobrar esos derechos.

Estos se encontraban asentados en los pueblos principales, que se llamaron posteriormente cabeceras, y que estaban por encima de los pueblos de un nivel inferior, llamados después sujetos; de esta manera Tenayuca era un pueblo importante y contó con una tradición tlatoani, es decir, con un señor mexica; pero Teocalhueyacan, considerado inferior, no tuvo Tlatoani, sino que dependía del señor de Tacuba.

 

   
   
 

"Guerreros, sacerdotes, funcionarios, músicos y toda clase de tipos de la sociedad mexica, teniendo como escenario al majestuoso centro ceremonial de Tenochtitlán"

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 41, H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

En Tenayuca, pues, se tenía un tlatoani mexica antes de la conquista, pero éste no era cualquiera, sino que se trataba, ni más ni menos, que uno de los hijos del segundo Moctezuma, conocido como Xocoyotzin, aquel que recibió a los conquistadores. Este hijo de Moctezuma se llamó Acamapichtli, quien salvaría su vida después de la conquista y se bautizaría recibiendo el nombre que llevó su padrino, Rodrigo de Paz, pero murió muy pronto en 1525. Por ello, dentro de nuestra región la zona más importante era precisamente la de Tenayuca y sus al rededores, y sus características serían aprovechadas por la misma Triple Alianza en casos de emergencia. Por ejemplo, en 1446 México-Tenochtitlán, sufrió una gran inundación, pues el lago en el que estaba asentada se desbordó y se vertió toda el agua por calles y avenidas. Podemos imaginar la terrible situación que se vivió en una ciudad bella y grande pero sin forma de desaguarse. Por eso Moctezuma Ilhuicamina, consultando con el señor de Texcoco ordenó crear un gran dique con el que pudieran contener las aguas de la laguna: trabajo difícil el que quería emprender. La fuerza humana que apoyaría tan grande empresa provendría precisamente de sus pueblos súbditos, como Xochimilco que suministraría las estacas de madera; y de Tlacopan, Ixtapalapa, Colhuacan y Tenayuca obtuvo la fuerza humana para tal efecto. Así podemos decir que brazos tenayucas construyeron el dique para el bienestar de la metrópoli mexica, trabajo que sus descendientes seguirían haciendo, pero en obras diferentes en el período colonial, tal como se verá después.

Otro de los modos con los cuales se beneficiaba Tenochtitlán como la principal metrópoli de la Triple Alianza, es la participación de sus súbditos dentro del tianguis de Tlatelolco: escaparate multicolor de productos y artesanos del México pre colonial y que fuera tan elogiado por los españoles. Confluían a ese lugar personas de todas partes del imperio mexica como lo menciona el Padre Clavijero:

“(iba al mercado todo aquello) que pudiese servir a las necesidades de la vida, a la comodidad y regalo, a la vanidad y curiosidad de los hombres”

Ya fueran productos o artesanos, ponían un puesto ante los ojos de los mexicas, y entre estos últimos se encontraban por ejemplo, los pintores de Texcoco, los ramilleteros de Xochimilco, y de gran importancia para nosotros, los canteros de Tenayuca, lo cual nos habla de que los trabajos en cantera que plasmaron en las pirámides, no era algo usual : era admirable su trabajo en este tiempo, y su fama trascendería a la época colonial, pues se le conocía al trabajo de losas labradas en patios y escaleras como tenayucas, en honor de aquellos que más allá de una artesanía realizaban un arte.

 

REFERENCIAS:
Para las notas de pie de página favor de consultar el libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996 y el libro “Tlalnepantla, Tierra de En medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984; ambos en la biblioteca digital de ésta página web.

 

  • LAS TRIBUS QUE  LLEGARON DE LEJOS: XÓLOTL EN TENAYUCA, páginas de la 17 a la 22 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.  
  • LOS OTOMIES DE TEOCALHUEYACAN, páginas 27 y 28 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia”, de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.  
  • EL PUEBLO MEXICA, páginas 39 a la 42 del libro “Tlalnepantla, Tierra de En Medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.
  • LA TRIPLE ALIANZA SE ADUEÑA DEL VALLE, páginas de la 28 a la 31 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia”, de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.
   
 
Se presentan libros digitalizados completos online para su lectura en los cuales se pueden consultar principalmente todo lo escrito acerca de Tlalnepantla
 
 
   
   
     
   
 
Actividades del Instituto Municipal de Cultura realiza para el desarrollo de los Tlalnepantlenses
 
 
   
   
     
   
 
Presentamos videos de las zonas históricas y culturales de Tlalnepantla así como videos del
Bicentenario y Centenario
 
 
   
   
     
   
 
La XLVII Legislatura del Estado de México, con fecha 23 de diciembre de 1978, otorga al municipio de Tlalnepantla el nombre de "Tlalnepantla de Baz",...
 
 
   
   
     
 
 
 
 
     
 
 
MÁS OPCIONES
Plug Ing Flash Adobe Reader
REDES SOCIALES
       
 
   
 
INFORMACIÓN
Archivo Histórico Municipal
Centro Civico y Cultural
"Sor Juana Inés de la Cruz”
Porfirio Díaz s/n esq. Francisco I. Madero Col. San Javier. Tlalnepantla, Estado de México
C.P. 54000.
Asistencia Telefónica 01-55-5565-1813
archivohistorico@tlalnepantla.gob.mx
Eres el Visitante N°.
 
Biografia Dr. Gustavo Baz Padra