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Biografia Dr. Gustavo Baz Padra
 

     Zonas Arqueológicas, Santa Cecilia y Tenayuca

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Construcciones del pasado, monumentos del presente

 

Pirámide de Tenayuca

Los habitantes de Tenayuca no tuvieron la misma cultura atrasada que sus antepasados más lejanos los chichimecas, por lo contrario, refinaron ampliamente sus costumbres, su religión y arte con el contacto directo de otros grupos que habitaban el Valle. De esto estamos completamente seguros al admirar las pirámides de Santa Cecilia y de la misma Tenayuca.

Durante muchos siglos estas construcciones quedaron en el olvido; el tiempo y el polvo las cubrieron hasta parecer simples montículos naturales. Las primeras noticias de que algo se escondía tras el velo de la tierra se dieron en 1898. Ya en 1925 la entonces Dirección de Arqueología apreciaría la importancia de la Pirámide en Tenayuca, por lo cual se iniciaron formalmente tanto su exploración, como su posterior conservación. Las condiciones en las que se encontraba eran deplorables: por un lado el montículo estaba cubierto de escombros que formaban parte del templo que ocupaba la parte de arriba del monumento; además se encontraba cubierto de pasto y otros tipos de vegetación. También en su destrucción había participado el hombre moderno, quien tal vez por ignorancia, tomaba de ahí piedra como material de construcción para algunas edificaciones cercanas. Por último, en la parte superior del montículo se encontraban árboles talados y cactus. Todo esto tan solo era una manifestación del desinterés que se dio en las épocas posteriores a la llegada de los conquistadores, por toda construcción del pasado indígena.

La importancia de la pirámide de Tenayuca radica en un hecho trascendental para la cultura mexicana: presenta los elementos que se conocen como el estilo azteca de construcción, y los cuales iremos explicando poco a poco. Antes, hay que decir que sus medidas la presentan como una pirámide de regular tamaño: se alza en una plataforma de 60 centímetros y con 68 metros en los lados oriente y poniente y 76 metros en los lados norte a sur.

Galería Fotográfica

El primer elemento que hemos de mencionar se encuentra en la plataforma, con serpientes hechas de piedra y mezcla de cal, con sus cabezas proyectadas fuera de la propia plataforma. Con ello llegan a formar una especie de muro llamado Coatepantli o Coatenamitl, que quiere decir precisamente, muralla de serpientes. Con estas serpientes en la saliente de la escalera, la pirámide toma una forma de cuadrado perfecto.

Por el lado poniente se encuentra la escalinata, la cual está limitada por dos anchas alfardas; además una doble alfarda en el centro divide en dos la escalinata, lo cual constituye, junto con el doble templo de la parte superior, el segundo elemento clásico de la arquitectura mexica. En efecto, en la parte superior y cargados a la parte posterior, se encontraban dos templos, a los cuales se entraba a través de una puerta central, a la manera del Templo Mayor de México. Su techo era de madera, con un grueso aplanado de cal; su decoración interior era con piedras que asemejaban clavos, o bien cráneos humanos empotrados en el mismo aplanado.

El tercer elemento típico azteca son las superposiciones de las pirámides, una cubriendo a la anterior, con ciclos comprobados de 52 años. Esto se siguió llevando a cabo en los últimos tres siglos de la vida prehispánica. Pero Tenayuca demuestra ampliamente esta costumbre, siendo "el único caso comprobado en que cada una de las principales etapas de superposición coincide con el final de un ciclo de 52 años y su correspondiente celebración de un fuego nuevo". Así pues, cada 52 años la estructura anterior se cubriría con piedras y tierra, y esto servía como base de la nueva construcción, más grande y hermosa que la anterior. El Fuego Nuevo no era un rito más: era una ceremonia tan importantísima; de acuerdo al Códice Borbónico, la llevaban a cabo cuatro altos sacerdotes quienes encendían un atado de leña con el fuego que estaba en el centro del Templo. Así comenzaban una época nueva, una luz renovada que alumbraba los destinos de los hombres.

La pirámide de Tenayuca presenta, por lo menos, ocho superposiciones sucesivas, y para conocerlas los arqueólogos lograron hacer varios túneles. Por la cerámica encontrada y las fuentes históricas, se ha propuesto la fecha de la primera superposición entre 1064 y 1116 y la última, con mucho más semejanza con el Templo Mayor, entre 1450 y 1500. Con ello tenemos un periodo de ocupación de 350 a 400 años, con períodos de 52 años.

El último elemento de tipo azteca es la presencia de habitaciones al pie del basamento, en el nivel del primer escalón, lo cual era notorio en el Templo Mayor. Estas habitaciones pertenecían probablemente a los sacerdotes, y estaban construidas con material perecedero.
Estos cuatro elementos se llaman "aztecas" no porque sean ellos los inventores, sino porque ellos fueron los principales promotores, llegando incluso a Guatemala. Por ello, y aventurándonos un poco, podemos afirmar que Tenayuca fue la primera pirámide que los tuvo de manera constante, y de ahí los tomarían como ejemplo los propios mexicas.

Encontramos, además de los elementos mencionados, otros muy propios de esta pirámide, como los ornatos que se encuentran labrados en la escalinata. Ahí se presentan varios asuntos, entre los cuales abundan muchas orejas y narigueras de turquesa llamados "xiuhnacaztli y yacaxihuitl" , que se relacionan con adoraciones al fuego, al sol y al paso del año; también escudos con dardos, banderas y emblemas de guerreros y otros signos de guerra, cuentas verdes de jade, serpientes y broches usados bajo la cintura.
La decoración de las serpientes del basamento es también digno de destacarse, pues aunque estuvieron bajo escombros, se encontraron los vestigios de sus brillantes colores: algunas como las del lado sur y las de la mitad del lado oriente estaban pintadas de color verde y escamas marcadas con líneas negras. La otra mitad del lado oriente y las del norte tenían color rojo por abajo y negro por arriba con círculos concéntricos blancos. Estos colores representaban el día y la noche en la teogonía prehispánica.

Muchas de las pirámides del mundo indígena estaban orientadas hacia la salida o la puesta del sol; pero el caso de Tenayuca es muy diferente, pues su orientación no es exacta con respecto a los puntos cardinales: el frente se desvía 17” al norte. Pero lo más interesante es que en ese preciso punto se oculta la estrella conocida como "Aldebarán", que es parte de la constelación del toro; en el mundo indígena se le conocía como "yohualtecutli" o el Señor de la Noche. Por todo lo anterior, los expertos han deducido que la pirámide se dedicaba a adorar la puesta del sol: se recordaba el paso del cielo por el cenit, en su camino constante hasta su casa, en donde se oculta. El sol era devorado por la tierra, y por la noche tras una lucha encarnizada contra las estrellas que eran los Centzon Huitzuáhuac, o 400 guerreros, resurgía victorioso por el oriente en la maña siguiente. Otro elemento que nos recuerda la relación entre esta pirámide y el sol lo constituyen las serpientes de fuego o xiuhcóatl que están adornando la pirámide en los lados sur y norte, y que además indican la posición del sol durante los solsticios: mentalidad mágica que nos impresiona aún en la actualidad por su gran conocimiento de los astros celestes.

Por último, esta construcción es la muestra de una actividad que en épocas posteriores caracterizaría a los habitantes de Tenayuca: el trabajo de la cantera. En efecto, el talud que formaba el primer cuerpo está hecho de piedra proveniente del cerro del Tenayo, la cual se obtiene de cantera y de tamaño regular, necesitando un ligero trabajo para labrarla pero un gran arte e ingenio de los indios para hacerlo lucir en otras decoraciones. Es precisamente por esta relativa facilidad para obtener la cantera, que los tenayucas perfeccionaron la técnica y aún después de la conquista sería bastante apreciada.

Pirámide de Santa Cecilia

El otro monumento prehispánico con que cuenta nuestro municipio es la pirámide de Santa Cecilia, que se encuentra precisamente en esa localidad, distante de Tenayuca tres kilómetros al noroeste. Es, ciertamente, de menores proporciones que la otra, mas no por ello, de menor belleza. También era sólo un montículo hasta antes de 1922, año en que la Dirección de Antropología comenzó su exploración. Está reconstruida casi por completo por el INAH, y es también un claro ejemplo de la llamada "arquitectura azteca".

En la parte superior se encontraba un templo dentro del cual se hacían sacrificios, y se quemaba incienso, ritos típicos del mundo indígena. El techo era alto e inclinado, de donde sobresalen piedras redondeadas a manera de clavos que simbolizan las estrellas. Sólo faltan las almenas del techo; para subir allá se construyeron dos pequeñas escalinatas.

Galería Fotográfica

La base de esta pirámide es rectangular, y sus medidas son 17 metros en los lados norte y sur, y 27 metros en los lados oriente y poniente. El material con el que se hizo la construcción es similar a la de Tenayuca y cuenta con una altura de 8 metros. También se encuentran superposiciones tanto en la pirámide como en las plataformas que están frente a ella. Así pues, nos encontramos con una construcción  muy semejante, en general, al Templo Mayor, pero evidentemente anterior a éste. Por último, es digno de mencionar que una de las esculturas que se encontraron en las excavaciones es una calavera colosal de tipo azteca también y que probablemente estuvo empotrada tiempo atrás, y un muro o basamento, pues en su parte trasera presenta una espiga de donde se sostenía.  Es probable que estas descripciones no puedan reflejar en su totalidad, la magnificencia de estos monumentos: el consuelo que nos queda es, sin embargo, que los tenemos muy cerca de nosotros y que sólo con nuestros ojos y frente a ellos podemos experimentar que el pasado y el presente se unen estrechamente hoy y aquí, sin que los siglos hayan logrado que queden en el olvido.


NOTAS:
Para las notas de pié de página favor de consultar el libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996  en la biblioteca digital de está página web. à

  • Construcciones del pasado, monumentos del presente, páginas de la 22 a la 27 del libro “Tlalnepantla, una región en la Historia”, de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.   
   
 
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