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Biografia Dr. Gustavo Baz Padra
 

     La Revolución

La Revolución
Personajes de la Época
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EL RESQUEBRAJAMIENTO DE UNA DICTADURA

 

En los primeros diez años del siglo XX se marcaron y acentuaron las inconformidades de muchos habitantes del país, ante la dictadura Porfirista. En el norte los estados de Coahuila, Sonora, Chihuahua y Durango fueron escenario de las inconformidades políticas de antiguos terratenientes resentidos contra Díaz por haberles quitad o privilegios. En el centro las inconformidades giraron hacia la legalización de la tenencia de la tierra.


En 1910 Porfirio Díaz fue reelegido presidente de México y como vicepresidente Ramón Corral; Madero que ya había empezado a luchar por un gobierno distinto, denunció el fraude electoral, la lucha se acentuó y Díaz tuvo que renunciar a la presidencia de la República, iniciándose así una nueva etapa en la vida política del país, en la que se prolongaría la lucha armada, hasta llegar a una época de cambios plasmados en la Constitución de 1917.


EL ESTADO DE MEXICO Y TLALNEPANTLA EN LA REVOLUCIÓN MEXICANA
El movimiento armado de 1910 tuvo repercusiones diferentes en cada uno de los distritos del Estado de México. En el sur las manifestaciones fueron similares a las del Estado de Morelos; pero en el norte y centro fueron otras las condiciones, pues las características particulares del lugar como son su ubicación geográfica, extensa propiedad territorial en pocas manos y sobre todo un apoyo político de Díaz a los gobernadores, quienes a su vez mantuvieron buenas relaciones con los grandes hacendados, hicieron del Estado de México una región muy protegida y con pocos levantamientos que buscaran la reivindicación de la tierra; y a diferencia de los estados del Norte, no hubo resentimientos políticos. El ejemplo de las buenas relaciones de Díaz con los gobernadores lo podemos encontrar en el gobierno de Vicente Villada y Fernando González.

Sobre éste último diremos que: “El mismo día que Díaz renunció a la presidencia de la República, el gobernador del Estado de México, Fernando González dejó su cargo haciendo un gesto de fidelidad al viejo dictador. La renuncia de González marcó el inicio de los años de revolución en la provincia".
Ricardo Ávila, un historiador que ha estudiado este período dice al respecto que:
“…en el Estado de México no hubo levantamientos locales en el sentido literal de la palabra, es decir que los primeros levantamientos no se dieron, de hecho, en el territorio del Estado de México, si no que provinieron de otros estados, donde las condiciones para la revuelta eran más propicias".


El Estado fue absorbiendo poco a poco los problemas del país, participó en el movimiento revolucionario, pero fue de una manera menos profunda:
“El Estado de México estuvo presente en la Revolución armada y en gran proporción fue zapatista (sobre todo en el sur) No tiene nuestra entidad participación heroica, dramática, espectacular, de que se pueden enorgullecer Coahuila, Sonora, Morelos, Veracruz; por la simple razón geográfica de que su territorio envuelve, como una descomunal zalea, toda la figura vertical de la Metrópoli y por lo tanto resulta de un más fácil control inmediato. "


Ese mismo control impidió que muchas personas simpatizantes con el maderismo lo  hicieran abiertamente, pero en la medida en que las noticias sobre la revolución avanzaron, empezaron a manifestarse inconformidades en el Estado, así en abril de 1911 un puente de ferrocarril en el Distrito de Lerma fue incendiado, y se cree que fueron revolucionarios quienes realizaron tal acción.

 

   
   
 

“De regreso a México, en 1893, Madero decidió establecerse en San Pedro de la Colonias, Coahuila, donde se dedicó a las labores del campo: cría de ganado, cultivo del algodón y producción de guayule”
Fuente: INEHRM.

 

 

El sector político más que simpatizar con Madero se inclinó por el general Bernardo Reyes como vicepresidente y Porfirio Díaz como presidente pero conforme avanzaron los hechos fueron apoyando las decisiones del centro.
“Con excepción del sur, los dos grandes valles, el de México y el de Toluca, por lo general se plegaban inmediatamente a la voluntad del centro. O eran sometidos sin tardanza. Hemos dicho que en el Estado hirvió especialmente el zapatismo, no obstante lo cual, cuando Madero, Toluca tuvo gobierno maderista; cuando Huerta, el Gobierno de Toluca fue Huertista, la primera vez que Obregón entró a México, inmediatamente Francisco Murguía ocupó Toluca; El gobierno de la Convención, donde Zapata era número uno y  los convencionistas controlaban el centro, trajo a Toluca un régimen zapatista (el único) y al regresar Carranza, la capital del Estado fue ocupada sin tiros y tuvo autoridades carrancistas"

El conflicto armado, como en todo el país, provocó inestabilidad política en el Estado, pues de 1911 a 1924 se sucedieron en el gobierno 24 mandatarios. También repercutió desfavorablemente en la economía y la industria, pues muchos recursos que se le podrían haber asignado, fueron para combatir la lucha revolucionaria.
Ante la derrota de Madero y la entrada al poder de Huerta, diversos sectores de la población apoyaron a, éste último, el mismo gobernador Medina Garduño declaró que el gobierno de Huerta era la "salvación nacional", y los sectores conservadores lo apoyaron. Industriales, comerciantes y hacendados le concedieron préstamos para sufragar los gastos de la guerra y hasta pequeños comerciantes y agricultores apoyaron a Huerta.
El régimen Huertista mató a todo aquél que fuera sospecho por revolucionario mandándolos presos a Tlalnepantla, Coyoacán, Tlalpan, Azcapotzalco y la Villa de Guadalupe. Tal fue el caso de Solón de Argüello, a quien se le acusó de haber ido a la ciudad de México para matar a Victoriano Huerta, y a quien se le fusiló en la estación de Lechería.
EI 2 de julio de 1913 también fue fusilado, en el cuartel de la Plaza de Tlalnepantla, Serapio Rendón un colaborador de Pino Suárez, quien en un discurso político condenó a Huerta por haber matado a Madero y Pino Suárez y el presidente no dudó en condenarlo. Su cuerpo fue enterrado en el panteón de La Loma.
Entre la terminación del gobierno de Huerta y el avance de Carranza hacia el poder, en el Estado de México los zapatistas ya habían logrado avanzar hacia el centro y hacia el norte del Estado. En 1913 luego del golpe de estado de Huerta, los zapatistas pasaron por Valle de Bravo, Toluca, Tenango, Lerma, Tlalnepantla, Distrito Federal y Chalco. En 1914 los zapatistas combatieron en una buena extensión del Estado de México, atravesando incluso por Tlalnepantla, ya que como siempre era el lugar de paso hacia el Distrito Federal. Es importante destacar que por nuestra región incursionaron rápidamente los rebeldes, pero la población por sí misma no se levantó en armas, no descartamos que haya habido simpatizantes, algunos de los cuales se unieron a otros contingentes fuera del Distrito, pero el hecho es que en nuestra región no se hizo ni un fuerte desatamiento del lugar, ni hubo graves disturbios. Se habló de que en el Distrito de Tlalnepantla habría algunos levantamientos en la hacienda de Taximay y asaltarían las fábricas textiles, además de llevar a la rebelión a los obreros, pero todo quedo en rumores.
Existió también un paralelismo de Tlalnepantla con la posición estatal, en la medida en que se ubicaron en un plano conservador. Ello es entendible dada la situación estratégica de todo el Estado, pero también en el caso de Tlalnepantla, en que las tierras eran de mala calidad, con cadenas montañosas que dificultaban la agricultura, se propició que la población no creciera tanto, como fue el caso de Toluca, Lerma y Tenango. Como consecuencia y paradójicamente la reivindicación de las tierras no fue la prioridad revolucionaria; y por ello no hubo levantamientos con esa bandera.


EPISODIOS SANGRIENTOS
En febrero de 1913 se desarrollaron en la capital mexicana los sucesos conocidos como la "Decena Trágica", en que fueran asesinados el presidente don Francisco I. Madero y el vicepresidente don José María Pino Suárez. Un mes más tarde se sublevaba en Tlalnepantla una parte de la guarnición en contra de Victoriano Huerta, y se dirigía hacia Tamaulipas atravesando el Estado de Hidalgo, con el fin de incorporarse a las tropas del general Jesús Agustín Castro, quien a su vez se había levantado en contra del gobierno usurpador. De este hecho existió en la fachada principal del cuartel de Tlalnepantla una placa conmemorativa.

 

 

“El usurpador Victoriano Huerta acompañado de su gabinete.
A su izquierda aparece el doctor Aureliano Urrutia”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 143,
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

 

 

 

Ironías del destino hicieron que Huerta, quien encamó a uno de los personajes más negativos de los turbulentos años de la Revolución Mexicana, eligiera a Tlalnepantla como uno de sus escenarios favoritos para consumar en él algunos de sus innumerables crímenes, de los cuales muchos quedaron en el silencio y en el anonimato.

Fueron varios lugares de esta población los que se mancharon entonces con la sangre de incontables víctimas en ellos inmoladas: el cuartel, el panteón, el bordo del rio junto a la vía del ferrocarril, una casa aún existente en la calle de Vallarta, la barda norte del atrio de la iglesia...

Muchas familias abandonaron entonces esta población, algunas de ellas para siempre, buscando en la ciudad de México o en otros sitios algún lugar más seguro.

 

“El Lic. y diputado yucateco Serapio Rendón, cobardemente asesinado por esbirros de Huerta en el cuartel de Tlalnepantla”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 144,
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

 
     

El aterrorizado pueblo de Tlalnepantla quedó casi desierto. La gente que no se fue sólo escuchaba, en las noches de insomnio y sobresalto, las descargas cerradas y el tiro de gracia denunciando los crímenes con que Huerta hacía desaparecer a sus enemigos.

Don Agustín B. Salas Zepeda, nativo de Tlalnepantla, copropietario del rancho de Tulpan, quien había resultado elegido como presidente municipal para el periodo de 1912 en plena época maderista, tuvo que renunciar a su cargo a escasos tres meses de haberlo recibido, en virtud de ser asediado por esbirros de Huerta, quienes traían órdenes precisas de asesinarlo. El señor Salas cautelosamente se ocultó en Tulpan, donde permaneció todo el tiempo que el usurpador duró en el poder.

El licenciado y diputado yucateco Serapio Rendón, amigo íntimo de Pino Suárez y adversario del régimen porfirista, había venido distinguiéndose como orador desde la iniciación del movimiento político. Unos días después de pronunciar memorable discurso en el mitin organizado por la Casa del Obrero Mundial, en el que hizo caer sobre Huerta todo el peso de los crímenes cometidos en las personas de Madero y Pino Suárez, fue aprehendido, maniatado, amordazado y conducido en un automóvil al cuartel de la vecina población de Tlalnepantla, del cual era jefe el mayor Fortuño Miramón.

Allí, sin tener a quién recurrir, el licenciado Rendón intentó convencer a Fortuño de que aquello era un atentado, logrando sólo que se le concediera tiempo para despedirse de su familia por medio de unas líneas. Estaba Serapio Rendón escribiendo una carta para su esposa, cuando Fortuño, por detrás, le disparó su pistola en la cabeza. El señor Rendón cayó muerto en el acto. Su asesino hizo entrar al instante en la oficina una escolta, para que hiciera una descarga sobre el cadáver de Rendón, con lo cual se haría aparecer que habla sido fusilado. Esa misma noche fue llevado el cuerpo del diputado al panteón de La Loma, donde se le enterró. Era el 22 de agosto de 1913.

 

   
   
 

“Momentos después de ser exhumados los restos del diputado Serapio Rendón en el panteón de La Loma en Tlalnepantla, los doctores Antonio Buitrón y Jacinto García proceden a levantar el acta de ley”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 115,
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

 

Una semana más tarde, el 29 de agosto, caía fusilado en el mismo lugar, junto con otras tres personas más, el periodista y poeta nicaragüense, destacado maderista, Solón Argüello, por suponérsele haber llegado a la capital de la República con el propósito de asesinar al general Huerta.

El coronel Alfonso Zaragoza quien pidiera su baja en el ejército, como muda protesta por los asesinatos de Madero y Pino Suárez, se hizo sospechoso ante la gente de Huerta, quien ordenó a sus secuaces que lo aprehendieran y condujeran a Tlalnepantla para ser pasado por las armas. El joven Zaragoza murió vitoreando a Madero.

Otro de los crímenes cometidos por la gente de Huerta en el fatídico cuartel de Tlalnepantla, fue el perpetrado en la persona del Ing. Carlos Villa, al que se tomó como familiar de Francisco Villa. Luego de detenerlo en la ciudad de México, se le trasladó a esta población, donde sin más se le asesinó. Este crimen lo llevó a cabo el Coronel Quiróz, yerno de Huerta.

CARRANZA, OBREGÓN Y AMARO EN TLALNEPANTLA
Al triunfo del Ejército Constitucionalista, resueltos satisfactoriamente los Tratados de Teoloyucan. Las fuerzas carrancista pasaron por Tlalnepantla el 15 de agosto de 1914. El Primer Jefe y la oficialidad montaban espléndidos caballos y vestían de gala. Don Venustiano permaneció en esta Villa por espacio de algunos días, mientras el general Pablo González licenciaba a los soldados federales en diversos puntos del país, y el general Álvaro Obregón preparaba la entrada de Carranza en la ciudad de México.

En Tlalnepantla fue visitado el Primer Jefe por muchas personas de la localidad, por comisiones de políticos de la capital y amigos que venían a felicitarlo. El general Obregón se entrevistaba frecuentemente con é1.

El 20 de agosto de 1914, el señor Carranza hace su entrada triunfal en la capital mexicana después de dieciocho meses de lucha. Lograda la renuncia de Huerta hacía algunos meses, el Barón de Cuatro Ciénegas asumía la Primera Magistratura del país.

En los finales de 1914 fueron exhumados los restos de los políticos enemigos del régimen de Victoriano Huerta, asesinados y sepultados en distintos lugares del Distrito Federal y del Estado de México, como eran Belisario Domínguez, Serapio Rendón, Adolfo Bassó y otros muchos.

La exhumación se hizo por cuenta del Erario Nacional y los cadáveres pasaron de las cajas humildes en que se encontraban, a lujosos ataúdes adquiridos para el efecto, inhumándoseles solemnemente en fosas de primera clase en el Panteón Francés.

Los restos del Lic. Serapio Rendón, sacrificado en Tlalnepantla, fueron exhumados en el panteón de La Loma de dicha población, ante los doctores Antonio Buitrón y Jacinto Garda, quienes levantaron el acta correspondiente.

En 1915 ocupó por tercera vez la Presidencia Municipal de Tlalnepantla el doctor Emilio Cárdenas, cargo que en esta ocasión le fue conferido por don Venustiano Carranza, quien lo nombró única autoridad para imponer el orden constitucional de la región.

Por aquellos días guarnecía la población de Tlalnepantla el 3er. Regimiento de caballería al mando del Coronel. Severiano Leal, al que no daban punto de reposo ciertas fuerzas zapatistas que se habían adueñado de la Sierra de Monte Alto, desde donde se desplazaban a los pueblos comarcanos para llevar a cabo toda clase de depredaciones.

Habla entre aquella gente un cabecilla desalmado, de nombre Lino Camacho, famoso por sus crímenes y violaciones, el cual tenía aterrorizada a la región. Un día fue aprehendido por soldados carrancistas comandados por el Coronel Leal y conducido ante éste en el cuartel de Tlalnepantla. En cuanto se tuvo conocimiento de que Lino Camacho se hallaba preso en dicho lugar, el pueblo y muchas gentes que vinieron de diversos puntos, se amotinaron frente a aquel edificio para clamar justicia. Días más tarde el detenido fue sentenciado a la pena capital y pasado por las armas el 13 de septiembre de 1916 a las tres de la tarde, frente a la barda norte de la iglesia y ante una enorme muchedumbre que llenó la plaza para presenciar la ejecución del temible asaltante.

En el año de 1918, establecido ya el Gobierno Constitucionalista, el Gral. Joaquín Amaro se reconcentró en Sonora con su División integrada por diez mil hombres, en su mayoría yaquis que no hablaban ni entendían español. A su paso por Tlalnepantla, permaneció Amaro con su ejército en esta población algunos días, habiendo experimentado el comercio una muy fuerte alza en sus ventas y utilidades, pues aquella tropa acababa de recibir sus haberes en oro. Los comestibles se agotaron, no así lo referente a bebidas embriagantes, porque había órdenes precisas del General a los comerciantes de no vender una sola gota de alcohol a los soldados, so pena de arresto y multa.

EL HEROE OLVIDADO
Estamos en el mes de junio de 1915. El Gral. Constitucionalista Pablo González, al frente de 10,000 soldados, se aproxima por el norte a la ciudad de México, preparando el camino al Primer Jefe don Venustiano Carranza para la recuperación de la capital.

Acá, fuerzas villistas y zapatistas vigilan las entradas al Valle de México. El Gral. González llega hasta San Juan Teotihuacán, donde se acuartela y envía desde allí tropas para despejar el sendero. Tlalnepantla se encuentra ocupada por una guarnición zapatista al mando del Gral. Genovevo de la O, quien cuenta entre sus oficiales con el joven Guillermo Salas Sandoval, egresado del Colegio Militar con el grado de Teniente de artillería Ligera, hijo de padres nacidos en Tlalnepantla y miembro de una de las familias más connotadas de la localidad.

Acuartelado el general de la O en el ex convento de Corpus Christi, ha convertido a éste en una verdadera fortaleza.

El 21 de junio de 1915 las fuerzas carrancistas han alcanzado las alturas de Barrientos, desde donde pueden percatarse de que el pueblo de Tlalnepantla se encuentra ocupado por fuerzas zapatistas dispuestas a defenderse.

Ambos contendientes, desde sus respectivas posiciones, pueden advertir sus maniobras.

Los constitucionalistas rompen el fuego desde Barrientos, haciendo pasar sus proyectiles por sobre la torre y la cúpula de la iglesia, yendo éstos a incrustarse o explotar en terrenos del barrio de La Loma. En el pueblo de  Tlalnepantla hay espanto y angustia, temiendo sus habitantes perecer todos en aquel terrible día.

El teniente Salas, consciente del peligro que corre el pueblo, abandona su fortaleza para dirigirse con un escuadrón en busca de algún punto estratégico desde el cual poder contener al enemigo. El sitio lo halla junto al bordo del río San Javier, en el desaparecido "Puente Colorado" de camino a Cuautitlán, desde donde sostiene cerrado combate con el adversario. Este, percatado del movimiento envolvente que en aquellos instantes inician los zapatistas, abandona su posición, no sin antes lanzar por la vía del ferrocarril una "máquina loca" cargada de dinamita, con el propósito de hacerla chocar contra los carros de tropas estacionados en Tlalnepantla y con ello provocar una explosión que hiciera volar al pueblo entero junto con la guarnición que allí se encontraba.

 

   
   
 

“El héroe olvidado”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 152,
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

 

Guillermo Salas, desde su trinchera, calculando perfectamente el paso de la máquina, acierta un  cañonazo a la vía, a la que abre por completo, provocando el descarrilamiento de la locomotora y la explosión de su mortífera carga, cuya detonación hizo estremecer la tierra a gran distancia a la redonda. La máquina quedó como botín de los zapatistas, la cual, una vez reparada y puesta de nuevo en servicio, fue bautizada con el nombre de "Genovevo de la O".

La antigua "Tierra de En medio", que se acogiera en momentos de prueba a la protección de su Santo Patrono, el Señor de las Misericordias, se salvó, atribuyendo a éste el portentoso milagro, por lo cual, en acción de gracias, un grupo de vecinos de la localidad celebró una fiesta el 27 de diciembre de aquel año, quedando ésta como una tradición; aunque olvidando injustamente al heroico y temerario artillero Guillermo Salas Sandoval, que de manera tan generosa expusiera su vida por salvar la de este pueblo.

Un mes y días después de estos hechos, el 1o. de agosto de 1915, el general Pablo González dirigía al Primer Jefe Constitucionalista don Venustiano Carranza, una carta en uno de cuyos párrafos le informaba que: "El general Abraham Cepeda, con fuerzas del general Sánchez, tomó hoy a las 11 a.m. la plaza de Tlalnepantla tras reñido combate, haciendo al enemigo cien muertos y noventa heridos y recogiéndole cien caballos, ciento tres monturas, noventa y cuatro armas de distintos calibres y dos mil cartuchos". Como se ve, los carrancistas se vengaron ampliamente.

EL TRIUNFO DE LOS CONSTITUCIONALISTAS Y LA PARTICIPACION DE TLALNEPANTLA EN LA CONSTITUCION DE 1917 DEL ESTADO DE MEXICO.
Carranza, un ex gobernador porfirista, se inconformó con el régimen Huertista, lo combatió y se declaró triunfador ante él; firmó los tratados de Teoloyucan, en donde protocolizaron la victoria constitucionalista y la desmovilización de todo el ejército federal; después de eso Pablo González y Álvaro Obregón prepararon el camino para la entrada de Carranza a la Ciudad de México; quien en su trayectoria pasó por Tlalnepantla el 15 de agosto de 1914 y nombró presidente municipal al Dr. Emilio Cárdenas. En esa época se protegió a nuestra región con un regimiento de caballería, ya que los zapatistas rondaban la población.


La solución para encontrar el camino final y elegir entre las fuerzas villistas, zapatistas y carrancistas al grupo que quedaría triunfante, se buscó en la convención de Aguascalientes, pero como realmente no hubo un acuerdo, las diversas facciones siguieron combatiendo, así a mediados de 1915 los zapatistas nuevamente se habían acuartelado en Tlalnepantla bajo las órdenes del General Genovevo de la O, y entre sus oficiales se encontraba Guillermo Salas Sandoval, nativo de Tlalnepantla. Las fuerzas carrancistas también se acercaron al lugar y desde Barrientos comenzaron a luchar contra los zapatistas. La participación del teniente Salas en el combate fue decisiva, y desde el río San Javier luchó contra los carrancistas y destruyó un máquina cargada de dinamita que habían arrojado aquéllos. Sin embargo los carrancistas triunfaron al final.


"el primero de agosto de 1915, el general Pablo González dirigía al primer jefe constitucionalista, don Venustiano Carranza, una carta en uno de cuyos párrafos le informaba que: el general Abraham Cepeda, con fuerzas del General Sánchez, tomó hoy a las 11 a.m. la plaza de Tlalnepantla tras reñido combate, haciendo al enemigo cien muertos y noventa heridos y recogiéndole cien caballos, ciento tres montaduras, noventa y cuatro armas de distintos calibres y dos mil cartuchos".


Finalmente tenemos la visión de Tlalnepantla como un escenario más de acciones revolucionarias, mas no como el protagonista de estas.


Hay que destacar como un hecho trascendente, que durante los 10 meses en que las fuerzas zapatistas ocuparon el valle de Toluca en 1914, estuvo al frente del gobierno Gustavo Baz, joven pasante de medicina que nació en Tlalnepantla.


Una vez que los constitucionalistas al mando de Carranza se convirtieron en la facción triunfante, se convocó a la elaboración de una nueva Constitución, acorde a las nuevas circunstancias mexicanas y Carranza fue elegido presidente.


Para la elaboración de la Constitución federal se convocó a un Congreso Constituyente en el que estuvieron varios participantes por el Estado de México, y tocó a Antonio Aguilar representar a Tlalnepantla, quien ocupó la primera presidencia de las juntas previas a la Asamblea Constituyente.
En el Estado de México también se elaboró una Constitución como consecuencia de la general de la República, y en el artículo noveno se estableció que el Estado quedaría dividido en 16 Distritos rentísticos y judiciales: Chalco, Cuautitlán, El Oro de Hidalgo, Ixtlahuaca, Jilotepec, Lerma, Otumba, Sultepec, Temascaltepec. Tenango del Valle, Tenancingo, Texcoco, Tlalnepantla, Toluca, Valle de Bravo y Zumpango.

 

  “Gustavo Baz Prada en su época de Revolucionario”
Foto: Archivo Histórico Municipal de Tlalnepantla de Baz
   

DOS DIPUTADOS DE TLALNEPANTLA, CONSTITUYENTES DEL 17
Con objeto de elevar a la categoría de mandato constitucional, la serie de grandes y trascendentales reformas políticas y sociales que exigía el progreso del país, el triunfante primer jefe del ejército constitucionalista y encargado del poder ejecutivo, don Venustiano Carranza, convocó a un Congreso Constituyente en la ciudad de Querétaro, el cual sería inaugurado el día 1o. de diciembre de 1916.

El 21 de noviembre del año que se cita, se iniciaron en la ciudad de México las juntas previas a la Asamblea Constituyente, siendo el Lic. don Antonio Aguilar Gil, joven de la mejor sociedad de Tlalnepantla y Diputado por este Distrito, quien ocupara la presidencia de la primera de aquellas históricas reuniones.

Posteriormente tendría lugar en la Academia de Bellas Artes de la ciudad de Querétaro una serie de más de cincuenta sesiones, a las que asistieron por término medio 200 diputados procedentes de todo el país, quienes percibieron durante el tiempo de sus funciones, que duraron 62 días, del 1° de diciembre de 1916 al 31 de enero de 1917, la cantidad de sesenta pesos diarios, más gastos de viaje.

 

 

Los diputados del Congreso  Constituyente en el momento de jurar la Constitución de 1917 en el Teatro de la República de la ciudad de Querétaro el 31 de enero de 1917.  Entre ellos estuvo el Lic. Don  Antonio Aguilar  Gil, diputado por el Distrito de Tlalnepantla, Estado de México”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 156,
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

   

Las sesiones culminaron el 5 de febrero de 1917 en el Teatro de la República, de Querétaro, con la promulgación de la nueva Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Uno de los 213 diputados que firmaron la Carta Magna, fue el Lic. Antonio Aguilar Gil. El doctor Emilio Cárdenas Márquez firmó a su vez como Diputado Suplente en el XII Distrito.

Medio siglo después de estos hechos, el Ayuntamiento de Tlalnepantla, presidido por el Alcalde, Lic. Javier Pérez Olagaray, honraba con un busto de bronce la memoria del ilustre Barón de Cuatro Ciénegas, con motivo del LI aniversario de la promulgación de la Constitución General de la República Mexicana. El monumento fue erigido en un prado existente en el cruce de la avenida Río Lerma y la calle de Teotihuacán de la colonia Romana. El acto tuvo lugar el día 5 de febrero de 1968, con la asistencia del Cabildo en pleno, los alumnos de varias escuelas y centenares de ciudadanos.

 

 

REFERENCIAS:


Para las notas de pie de página favor de consultar el libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996 y el libro “Tlalnepantla, Tierra de En medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984; ambos en la biblioteca digital de ésta página web.

  • EL RESQUEBRAJAMIENTO DE UNA DICTADURA, página 135  del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996. 
  • EL ESTADO DE MEXICO Y TLALNEPANTLA EN LA REVOLUCIÓN MEXICANA, de la página 135 a la 137 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996. 

 

  • EPISODIOS SANGRIENTOS, páginas 143 a la 145 del libro “Tlalnepantla, Tierra de En Medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.
  • CARRANZA, OBREGÓN Y AMARO EN TLALNEPANTLA, páginas 147 a la 149 del libro “Tlalnepantla, Tierra de En Medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

  • EL HÉROE OLVIDADO, páginas 151 a la 153 del libro “Tlalnepantla, Tierra de En Medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.
  • EL TRIUNFO DE LOS CONSTITUCIONALISTAS Y LA PARTICIPACION DE TLALNEPANTLA EN LA CONSTITUCION DE 1917 DEL ESTADO DE MEXICO, de la página 137 a la 138 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996. 

 

  • DOS DIPUTADOS DE TLALNEPANTLA, CONSTITUYENTES DE 1917, páginas 155 a la 156 del libro “Tlalnepantla, Tierra de En Medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 


   
 
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