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Biografia Dr. Gustavo Baz Padra
 

     Historia de Azcapotzalco

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EL PLEISTOCENO

 

"Atzcapotzalco señores,
paraíso de la Prehistoria…"
En memoria de don Álvaro Saldaña Rodríguez.

 

Se conoce con el nombre del Pleistoceno al periodo de tiempo geológico que inicia hace 2 000 000 de años hasta 8 000 años antes de nuestra era. Fue una época de grandes cambios climáticos con cuatro periodos de tiempo de fríos extremos o glaciaciones, y otros periodos intermedios de clima benigno o interglaciares, esta época se caracteriza por la aparición de la megafauna: mamut, mastodonte, tigre dientes de sable, bisonte de cuernos largos, gliptodonte, megaterio, etcétera y el hombre.

Durante la última glaciación, llamada Würm o Wisconsin, se da el paso de estos animales de Asia a América y viceversa por el estrecho de Bering, siendo seguida por grupos de seres humanos que pueblan el Nuevo Mundo. Debido a sus condiciones geográficas, el valle de México fue un hábitat excelente para la fauna del Pleistoceno en lugares como Tepexpan, Coacalco, Tezcoco, Xochimilco, lztapalapa, Tacubaya, Peñón de los Baños, Coyoacán, Tacuba y Atzcapotzalco se han encontrado sus restos óseos.

Para Atzcapotzalco tenemos ocho esqueletos casi completos de mamutes y fragmentos de cuatro más, así como restos de caballos prehistóricos. Los lugares en donde se localizaron estos restos óseos son: las estaciones del metro Atzacpotzalco y Tezozómoc y en el antiguo camino de Atzcapotzalco a Tlalnepantla (hoy mal llamado Aquiles Serdán) con Puente de Guerra. Las condiciones en que fueron localizados indican que estos animales murieron empantanados, ya que sus patas fueron encontradas en posición anatómica y enterradas en el fango lacustre, las fechas que se han propuesto paraestos restos van de 26 000 a 20 000 años de antigüedad, mientras que para los restos de caballo es de 11 000 a 9 000 años (Carbajal, 1997).

En ninguno de los casos reportados se encontró evidencia humana, pero si la existencia del antiguo cauce del río de los Remedios que removió algunos de los restos. Hay que señalar que las cuatro osamentas restantes fueron destruidas en su mayoría intencionalmente por los ingenieros de Covitur y Cometro, pero si les interesa ver los restos de un mamut, estos se pueden observar en la estación Talismán, en el museo de Antropología o en el museo de Geología de Santa María la Ribera, en este último caso se trata de un esqueleto completamente armado.

El mamut apareció en Africa hace 5 000 000 de años y se extendió por Asia, Europa y América del Norte. Entre los proboscideos que existieron en el Pleistoceno se encuentran el mastodonte, el mamut colombino, el elefante de colmillos rectos, el mamut lanudo de Eurasia y el mamut emperador de Norteaméríca, el cual fue el elefante más grande de todos los tiempos pues llegó a tener hasta cuatro metros de alzada, a este último corresponde uno de los ejemplares hallados en Atzeapotzalco.

Amantla-Ahuízotla
A todo lo largo del siglo XX, arqueólogos como Manuel Gamio. Franz Boas, Ramón Mena, William Níven. A1fred Tozzer, George Vaillant, Paul Tolstoy, Laurette Séjoumé, Florencia Müller, William Sanders, Teresa Castillo, Raúl Garda y Luis Córdoba. Realizaron investigaciones en los barrios de San Miguel Amantla. Santiago Ahuizotla, Santa Lud a Tornatlán y Atzcapotzalco, mismas que han pennitido conocer el desarrollo cultural de los antiguos atzcapotzalcas. Como resultado de estas investigaciones arqueológicas se han ampliado y reordenado muchos datos y conocimientos acerca de los periodos Preclásico, Clásico, Epiclásico y Postclásico.

En el hoy barrio de Amantla estos arqueólogos han encontrado vestigios materiales del primer asentamiento humano en Atzcapotzalco, éste surge en el periodo Preclásico o Formativo Medio (también llamado Arcaico o de los Cerros), durante la fase Zacatenco, con fechas que van del 800 al año 400 a.C. Este asentamiento se construye cercano a la aldea agrícola de Tlatilco, en Naucalpan, Estado de México, la que se caracterizó por una fuerte integración y jerarquización social así como un conjunto de creencias riguroso y elaborado.

La aldea de Amantla se establece en la planicie aluvial a las márgenes del río Hondo y del lago de Tezcoco, esta comunidad agrícola se comportaba como una entidad política autónoma de Tlatilco que explotaba los recursos naturales de las parts altas, el pie de monte, la planicie y el lago. La cerámica que fabricaron durante la fase Zacatenco se compone de escudillas de silueta compuesta, hemisféricas, acanaladas y arriñonada; botellones, ollas de cuello estrecho, tecomates y figurillas antropomorfas (Castillo, 1993: 63-65).

Para la siguiente fase, Ticomán (del 400 al año 1 a.C), muchas aldeas desaparecen al integrarse sus habitantes a sitios más grandes con arquitectura pública como Cuicuilco, sin embargo, para este momento, Amantla es una localidad subsidiaria de Cuicuilco, quizá por ser un centro productor de cerámica, esta hipótesis se establece tras encontrarse varios alisadores de punta redonda y aplanada hechos en asta y fragmentos de huesos largos, que sugieren instrumentos para fabricar cerámica. Al parecer Amantla es la única localidad preclásica en donde se reporta la fabricación de alfarería, las formas cerámicas de esta fase son escudillas de silueta compuesta y ollas de color café rojizo, escudillas con tres soportes, cajetes rojo y blanco y cajetes policromos Chupícuaro (Castillo, 1993: 65-67).

Podemos resumir que durante el periodo Preclásico Amantla fue una comunidad agrícola sedentaria autosuficiente con una economía mixta: caza, pesca, recolección y comercio; entre los recursos naturales disponibles que aprovecharon están aves, peces, tortugas, conejos, liebres y venado, cuyos restos óseos se han encontrado calcinados, cocinados, masticados y probablemente algunos de ellos fueron usados como herramientas.

En el interior de sus casas el fogón ocupaba el sitio central, además tenían áreas donde desarrollaban diversas actividades, la producción era familiar, manufacturaban canastas, petates, cuerdas, redes, bolsas y cerámica, mismas que eran utilizadas en las actividades domésticas y para intercambio. Empleaban agujas de hueso para la elaboración de textiles, bordados, unión de mantas, sandalias y mallas. En el exterior de las casas criaban a sus animales domésticos, perros y guajolotes, mismos que consumían ya que sus restos se han encontrado calcinados, cocinados y masticados (Castillo. 1993: 67-69). Practicaban el culto a los muertos enterrando los cuerpos en fosas al interior o cerca de las casas, algunos de manera flexionada, la ofrenda consistía en herramientas, vasijas; y figurillas.

Para el siguiente periodo, el Clásico (del año l al 750 d.C.) Amantla va a tener su máximo esplendor el cual se va a reflejar en la extensión del asentamiento y su larga cronología. Durante este periodo el sitio arqueológico más importante es Teotihuacán, alrededor de él y de Atzcapotzalco se ha creado una leyenda que cuenta que a la caída, destrucción y abandono de la Ciudad de los Dioses (entre los años 650 y 750 d.C.) su clase dirigente se establece en Amantla convirtiendo a este lugar en la capital del valle de México.

Sin embargo, hoy sabemos que lo anterior no es cierto y que Amantla va a llevar una vida paralela a la de Teotihuacán, compartiendo además sus rasgos culturales. Para las fases Tzacualli y Miccaotli (del año 1 al 200 d.C.) el altiplano central de México va a ver el desarrollo de la Ciudad de los Dioses, como el primer estado que concentra una gran población, poder político y comercial. Debido a la erupción del volcán Xitle, Cuicuilco es abandonado así como otros asentamientos concentrándose su población en Teotihuacán.

Amantla parece no escapar de este destino y la mayor parte de su población se traslada a Teotihuacán, sin embargo, desde el año 200 d.C. (fase TIamimilolpa) vuelve a repoblarse el lugar siguiendo el patrón de una aldea dispersa. A partir del año 450 d.C. (fase Xolalpan) Amantla va a tener su apogeo, el sitio crecerá hasta convertirse en un centro provincial, la ciudad más grande después de Teotihuacán, entre 300 y 400 hectáreas. Abarcando los actuales barrios de San Miguel Amantla, Santiago Ahuizotla, Santa Lucía Tomatlan, Santa Cruz Acayucan y gran parte de los terrenos de la refinería de Atzcapotzalco (Córdoba, 1990).

Sus habitantes viven en conjuntos habitacionales cuyos cuartos se hallan alrededor de patios, éstos se edifican con piedra, tierra y madera, los que son recubiertos con una capa de cal y tepetate molido para crear los aplanados de muros y pisos. La cerámica que se fabrica en este sitio es idéntica a la que podemos encontrar en Teotihuacán: ollas, ollas Tláloc, candeleros, braseros teatro, vasos, tapaplatos, floreros, ánforas, cajetes, platos, cerámica decorada al fresco y con pintura, así como aquella conocida como anaranjado delgado.

Cabe señalar que debido a que Teotihuacán acapara la mayor parte de las materias primas, los habitantes de Atzcapotzalco tienen que abrir rutas de comercio hacia otras regiones para poder abastecerse sin el apoyo de Teotihuacán. Así tenemos que buena parte de la obsidiana que se ha encontrado no procede de las minas teotihuacanas de Otumba y Pachuca, sino de Michoacán (García et. al. 1990).

Tal y como podemos ver, los pobladores del Atzcapotzalco Clásico tenían diversos oficios entre los que se encuentran los alfareros, lapidarios, constructores, canteros, leñadores, comerciantes, tejedores, campesinos, así como dirigentes y sacerdotes. Su religión estaba dedicada al culto de deidades como Tlaloc, Chalchihuitlicue, el dios Gordo; Yacatecuhtli, Huehuetéotl y Quetzalcóatl.

En la última fase del Clásico (Metepec) se marca el fin del Atzcapotzalco Teotihuacano (años 650 al 750 d.C.), en grandes basureros y en los conjuntos habitacionales se encontraron tapaplatos, braseros teatro, candeleros pellizcados, vasos trípodes, anafres de tres protuberancias, cajetes de paredes cortas, anaranjado delgado y tazas con soporte anular con diversas decoraciones que copia al anaranjado delgado, vasijas que indican su importancia como un sitio productor de cerámica (Garda. 1990), sin embargo, se inicia el abandono del lugar.

Grandes cambios debieron ocurrir para que se desmoronara la organización teotihuacana, con estos cambios los habitantes de Teotihuacán y los atzcapotzalcas-teotihuacanos se dirigen hacia el valle de Toluca mientras otros grupos llegan del norte para asentarse en las ruinas que dejaron los anteriores.

En 1919, Alfred Tozzer exploró un montículo entre Amantla y Ahuizotla que se conocía como la Loma Coyatlatelco, esta investigación fue de gran importancia ya que por vez primera se definió la cerámica a la que se nombró con el mismo nombre: Coyatlatelco, marcador del periodo comprendido entre el abandono de Teotihuacán y el surgimiento de Tula, es decir, entre los años 750 al 900 d.C. o Epiclásico.

Esta cerámica se caracteriza por estar decorada con líneas rojas sobre un fondo bayo o crema, con cajetes trípodes, de base anular y hemisféricos, cucharones, sahumadores, ánforas de asa doble, cráters y comales de pared levantada (García, 1990: 9) estas vasijas no son de buena calidad y no tienen la variedad de formas y acabados de la cerámica teotihuacana o la que se puede encontrar en otros sitios Coyotlatelco.

El sitio Coyotlatelco de Atzcapotzalco ocupó el área de Amantla, aunque la extensión y la población se redujeron, se calcula que ésta debió de medir ocho hectáreas, no presenta arquitectura propia sino que utilizó las ruinas del asentamiento teotihuacano. En comparación con otros lugares como los cerros Portezuelo, Tenayo, de la Estrella y aún Teotihuacán, Atzcapotzalco no debe considerarse como un centro regional para esta época, sino como una villa dispersa quizá dependiente del asentamiento del Cerro Tenayo.

Durante el Epiclásico no podemos hablar de una sociedad con fonnas de organización estatal, tal como en el caso de Teotihuacán y de Tula, que se caracterizan por altas concentraciones humanas, arquitectura monumental e influencia sobre su área inmediata, sino que en el caso de las sociedades Coyotlatelco se estaban dando las condiciones para el surgimiento de un estado Tolteca-Coyotlatelco.

En el área de Tula, desde el periodo Clásico, se empezaron a dar estas condiciones para el establecimiento de grupos provenientes del Bajío, quienes formnan una entidad política protoestatal capaz de organizar el trabajo como una de las condiciones previas al estado; paralelamente desarrolla una fuerza guerrera que le da soporte y que le permite expandirse hacia lugares semi despoblados, como Amantla (Garefa, 1990: 14-16). Entre los años 900 y 1100 d.C. (Postclásico Temprano) va a ver su apogeo Tula, al parecer varios de los asentamientos Coyotlatelco van a formar parte del estado Tolteca, aunque en otros volverá a ocurrir un despoblamiento. En el caso de Amantla no tenemos hasta el día de hoy indicios de la presencia tolteca, pero esto no oc urre en el barrio de Tlilhuacán y en Atzcapotzalco donde si se ha encontrado cerámica tolteca, desafortunadamente, de lo concerniente a este momento del desarrollo histórico y cultural de la localidad, no podemos decir más.

 

La fundación del Atzcapotzalco Tepaneca
Sobre la fundación del Atzcapotzalco Tepaneca hay muchas historias, las cuales son dificiles de empatar, entre esta, narraciones está aquella que dice que el Hormiguero fue fundado y debe su nombre a un rey que se llamaba Ixputzal (Sánchez, 1974: 79) tal y como también ocurrió con Tenoch y Tenochtitlán. Otra historia cuenta que los tepanecas son uno de los siete linajes que salen de Chicomoztoc o lugar de las Siete Cuevas, posterior a los xochimilcas y chalcas, fundando su ciudad después de establecerse en Azcapotzaltongo (San Pedro) y TIilhuacán (San Juan): “...los cuales asimismo poblaron quieta y pacíficamente a la orilla de la laguna. Estos tomaron el sitio que cae a la parte del occidente, extendiéndose tanto por toda aquella parte que, y crecieron en tanto número que a la cabecera de su provincia llamaron Azcaputzalco que quiere decir hormiguero por la mucha gente que tenía…” (SEP, 1975: 11).

Finalmente tenemos la versión tezcocana que dice que estando establecido el chichimeca Xólotl en Tenayuca y 52 años después de la destrucción de Tula, en el año de 1220 d.C. (Carrasco. 1979: 254) 1 se presentaron ante él tres caudillos que guiaban a tres naciones provenientes de delante de Michoacán: los otomíes, los acolhuas y los tepanecas, estos últimos eran conducidos por Aculhua, el más principal; a éste, Xólotl le otorga a su hija Cuetlaxochitl y le da por ciudad y cabeza de señorío a Atzcapotzalco, con otras muchas tierras y provincias que poblaron sus vasallos, los tepanecas (Alva, 1975. vol. 1: 299).

Otras fuentes históricas dan distintas fechas a partir de cuando fueron escritas, así tenemos que fray Juan de Torquemada escribe que hace 1561 años había ocurrido el suceso. Torquemada escribió lo anterior hacia 1591 d.C. por lo que más o menos da el año 30 d.C. (Córdoba. 1989). En un documento fechado en 1561 d.C. y que se encuentra en el Archivo de Indias en Sevilla se puede leer que Atzcapotzalco fue fundado hace 1525 años, lo que resulta el año de 36 d.C. (Carrasco. 1984).

En los Anales de Tlatelolco narran que cuando los mexicas ocupan el islote de Tenochtitlán en el año de 1325 d.C.; hacía 170 años que existía el reinado de Atzcapotzalco, el que fue fundado por Matlaccohuatl y su esposa Azcueitl, lo que da el año de 1155 d.C. para la fundación del lugar de las hormigas (Córdoba. 1989).

De igual manera, algunos investigadores propusieron que Atzcapotzalco fue fundado a la caída de Teotihuacán por la nobleza de ese lugar, sin embargo, hoy sabemos que no es así y que Atzcapotzalco es más antiguo que Teotihuacán. Las exploraciones que han realizado los arqueólogos dentro del área de Atzcapotzalco han aportado algunos datos sobre la ocupación tolteca en la localidad, dándoselo el año 900 d.C. para este asentamiento. Estos datos concuerdan con lo que se narra en las fuentes históricas, ya que los primeros pueblos en donde los chichimecas se asentaron fueron Atzcapotzalco, Tenayuca, Tacuba, Quiyohuacán y Coatlinchán, mismos que fueron fundados anteriormente por los de Culhua, se supone que los culhuas son toltecas o sus descendientes, por lo que estas ciudades son de origen tolteca (Córdoba. 1989: 2). Por otro lado, Ixtlilxóchitl dice que los tepanecas no son del linaje chichimeco de Xólotl, sino del linaje tolteca (Alva, 1975, vol. 1: 306-307).

Como se puede ver es complicado hablar de la fundac ión de Atzcapotzalco pues el área ha estado habitada continuamente durante más de 2 500 años. coincidiendo algunas fechas de las fuentes históricas con los datos arqueológicos. pero si nos referimos al lugar donde se halla el banio o cabecera de Atzcapotzalco. ento nces se puede deci r que este sitio se ocupó alrededor del año 900 d.C .

 

Los Tepanecas
Identificamos a los tepanecas como los habitantes de Atzcapotzalco, Tacuba, Coyoacán, Tultitlán y otros lugares, sin embargo, sobre este grupo étnico prácticamente no se conoce mucho. Lo que se ha escrito dice que éste perteneció a uno de los siete linajes que salen de Chicomoztoc o lugar de las Siete Cuevas, identificándosele comúnmente como un grupo hablante del náhuatl.

No obstante que se reconocen a los grupos étnicos por los gentilicios que indican el lugar que habitan, por ejemplo de Atzcapotzalco: atzcapotzalca, de Tenochtitlán: tenochca, de Xaltocan: xaltocameca, de Xochimilco: xochimilca, etcétera; o por el nombre de la lengua que hablan: otomite, náhoa, matlame, zapoteca, etcétera; algunos grupos son difíciles de identificar porque su gentilicio y filiación lingüística son ambiguos, tal es el caso de los acolhuas, chichimecas y tepanecas.

Según Ixtlilxóchitl, los acolhuas-tepanecas eran chichimecos que salieron de las últimas tierras de la provincia de Michhuacán y pertenecían a la nación de los chichimecas-michihuaque, venían divididos en tres parcialidades y cada una de ellas tenían diferente lenguaje (AIva, 1977. vol. II: 17).

De acuerdo con este cronista presentaban las siguientes características físicas y culturales: eran tan altos de cuerpo que les llamaron tlacahuehueyaque u hombres largos (Alva, 1975, vol. I: 423), además eran gente corpulenta y vestían unas túnicas largas de pellejos curtidos hasta los carcañales, abiertos por delante y atacados con agujetas, sus mangas llegabán hasta las muñecas de las manos y sus cutaras de cuero grueso de tigre o de león; las mujeres sus huipiles y naguas de lo propio, usaban los cabellos largos y sus armas eran arcos, jaras y lanzas. Trajeron un ídolo que adoraban que llamaban Cocópitl, eran idólatras y tenían ritos y ceremonias, usaban templos y otras costumbres. Fueron vecinos de los hueytlapaltecas-toltecas que destruyeron a los toltecas de esta tierra (Alva, 1975. vol. I: 299-300).

Años más tarde los tepanecas vestirán con braguero o maxtlatl y un ayate atado al hombro, en el caso de los hombres, las mujeres usaran las naguas, el huipil y el quechquémitl, todas estas prendas eran confeccionadas primorosamente con algodón e Ixtle; ambos usaban el cabello largo, sólo que en el caso de las mujeres era recogido dejándose dos molotes al frente; como complemento de su adorno tenían por costumbre usar pintura facial, orejeras y zarcillos de piedras preciosas así como bezotes de oro y obsidiana.

Cuando se desintegró el señorío Tolteca muchos grupos comenzaron a migrar, entre ellos los tepanecas, que se identifican con una de las mal llamadas siete tribus nahuatlacas, los que toman asiento en Atzcapotzalco, antigua ciudad con una tradición cultural teotihuacana de mil años. De acuerdo con don Wigberto Jiménez Moreno (citado por Pérez-Rocha, 1982: 27), la población teotihuacana estaba formada por nonoalcas de filiación lingüística chocho-popoloca-mazateca, integrante de la última fase en Teotihuacán y que formó parte del señorío Tolteca, por lo que no es de extrañar que estos se encuentren habitando en Tacuba muchos años después y probablemente en Atzcapotzalco. Otro grupo nónohualca que se integró al señorío Tepaneca fue el de los teotlixcas-tlacochalcas, quienes llegaron en el año 13 calli (1297 d.C.) a Tultitlán (Pérez-Rocha, 1982: 29), pueblo fundado por los tepanecas para detener la expansión chichimeca de Cuautitlán.

Además, hay varios argumentos que sustentan el que los tepanecas fue principalmente un grupo de filiación otomí-matlame, el primero de ellos indica que el territorio que ocuparon comprende la distribución principal de la población matlatzinca, otomí y mazahua; el segundo argumento indica que en Atzcapotzalco se hablaba además del mexicano el matlatzinca y otomí (Carrasco, 1979: 14 y 32).

Otro más dice que su deidad principal lo fue Otontecuhtli-Xócotl, dios viejo del fuego de los otomíes y patrón de los fundidores (los tepanecas de Atzcapotzalo fueron famosos por sus trabajos en plata y oro) y los lapidarios, este dios tiene por otros nombres Tlamatzincatl, deidad de los mataltzincas del valle de Toluca que se identifica por portar una red y una honda, arma que usaban también los tepanecas: el ritual que se hacía a esta deidad consistía en trepar a un palo en cuya cúspide se encontrab a la imagen del dios (el palo encebado que actualmente se realiza durante las fiestas patronales en varios barrios de Atzcapotzalco) .

Entre las entidades relacionadas con Otontecuhtli tenemos a nuestro Padre Viejo, también llamado Tatacoada o Tota, quien es identificado con el fuego y el sol; tamién como dios del fuego está Xócotl u Ocotecuhtli, señor de la tea o de los ocotes; como Cuecuex esta deidad encabeza el culto a los señores y guerreros muertos. Entre las deidades femeninas relacionadas con Otontecuhtli están nuestra Madre Vieja o Tonan, que representa a la tierra y la luna, también se le llama I1ancueye o Ilamateuctli o Xochiquetzal, bajo este último nombre es la diosa joven del tejido y la libertad sexual, igualmente se le conoce como Nohpyttecha (diosa de la basura) o Tlazoltéotl, diosa de la lujuria (Carrasco, 1979: 135-146).

Otras deidades que recibieron culto en Atzcapotzalco son: Tlálocantecutli o Müy' e, dios de las aguas: Maxi o dios barrendero que antecede a los dueños del agua o Ateteo; Yauhqueme, deidad de los cerros; Tezcatzoncatl y Yo Khwa, deidades del pulque; Yoccipa, Mixcóatl y Tlamatzincatl, deidades de la caza; Huehuecóyotl o Coyote viejo, advocación de Tezcatlipoca y dios de la danza y el canto; Huitzilipochtli o el colibrí zurdo, deidad de los mexicas; Tezcatlipoca o espejo que humea, Tepotzoli, dios jorobado o Ccoua, Cocópitl o Coltzin, el torcidillo, dios de los matlatzinas de Tollocan; Cihuacóatl o mujer serpiente, deidad femenina que representa a las mujeres muertas en el parto y Xipe o el desollado, patrón de los orfebres .

Entre los argumentos que sugieren que los tepanecas pudieron ser de filiación nahoa. Está el que los considera como hablantes del náhuatl (lengua franca en el valle de México), identificándoles como oficiales de la pluma (amantecas), pintores, plateros y doradores, carpinteros y lapidarios muy primos en devastar y pulir las piedras preciosas (Sahagún, 1979: 601-602), mismos oficios con que fueron reconocidos los tepanecas, pero la sola mención de que los nonoalcas y popolocas (gente extraña y no hablante del mexicano) fuesen parte integrante de los tepanecas y que en Atzcapotzalco se hablara además el matlatzinca y otomí deja muchas posibilidades abiertas.

Los tepanecas eran un pueblo agrícola cuyos cultivos se componían de maíz, frijol, calabaza, chile, huauzontle o alegría, chía y el maguey, los que eran sembrados en grandes extensiones de terrenos irrigados por acalores y apantles o en chinampas; de la laguna recolectaban la hueva de mosco o ahuautli, el tequesquite, el tecuítlatl o espirulina y el tule; así como diversos animales que eran cazados o pescados: patos, chichicuilotes, chachalacas, ajolotes, ranas, acociles, juiles, michis, charales, tortugas, culebras y otras especies lacustres.

El comercio fue otra de las actividades en que destacaron los tepanecas, hay que señalar que antes de que se estableciera el tianguis de Tlatelolco el de Atzcapotzalco fue el más importante del valle de México, por tal razón, aún después de su transformación a mercado de esclavos, los pochteca o mercaderes atzcapotzalcas siguieron teniendo importancia dentro del comercio del altiplano, estos se juntaban con los pochteca de Tlatelolco, Tenochtitlán, Churubusco, Tultitlán, Cuautitlán, el Acolhuacan, Xochlmilco, Chalco y otros para realizar grandes expediciones comerciales hacia el Soconusco, en Chiapas, o a Xicalanco, en Campeche, o con motivo de recoger el tributo de las regiones por donde pasaban o establecer la guerra (Garibay, 1977).

El sistema de gobierno entre los tepanecas era encabezado por el señor o tlatoani, gobernante supremo del señorío o tlatocayotl, a éste le rodea un consejo de mayorales y ministros llamado achcacahutin o achcauhtin, formado por los hijos de Tezozómoc, estos son: Acolnahuacatl, Tzacualcatl, Tlacacuitlahua, Maxtla y Cuecuex. Los cargos importantes que existían entre los tepanecas son: el cihuacóatl, el huitznáhuatl, el xochicalcatl, el tlacochcalcatl, el tezcacoacatl tlacochc alcatl, el tepanecatlteuctli, el tlailotlacteuctzintli, el zacancatlteuctli, el huecanmecatl y el teuctlatoa, la mayoría de estos son sacerdotes en el culto a Otontecutli-Xócotl (Carrasco, 1979: 110-113), todos estos funcionarios se encargaban de asuntos legislativos, administrativos, judiciales y de guerra que el tlacatecutli no atendía personalmente.
De lo anterior podemos decir que los tepanecas era un grupo pluriétnico de cultura mesoamericana, compuesto por gente matlatzinca, mazahua, otomí, nonohualca, popoloca, chichimeca y nahua, que formó parte del señorío Tolteca y que era hablante del matlatzinca y mexicano (Pedro Carrasco, 1979 y 1995: comunicación personal).

Es importante señalar que el nombre de esta etnia tiene varias acepciones, así, tepaneca, en su forma castellana, o tepanecatl, en náhuatl, se traduce al español como la gente que vive sobre las pied ras o pedregal (lepan) y su glifo es precisamente una piedra o tetl; otra manera en que se le ha traducido es como la gente del lindero (tepantli); según el códice Ramírez, de la palabra tepanohuayan deriva la palabra tepaneca o gente de la puente (SEP, 1975: 10), mientras que una cuarta forma es tecpaneca o la gente del palacio de piedra (tecpan). Hasta el momento las versiones más aceptadas son tepaneca y tecpaneca: la gente del pedregal o del palacio (Urdapilleta, 1994b: 2).

 

El Tepanohuayan de Atzcapotzalco
Se le conoce con el nombre de Tepanohuayan al territorio que abarcó el señorío Tepaneca, ya sea el de Atzcapotzalco o el de TIacopan: “.....Y así vino a ser este el mayor y más principal Reino, de todas [las] seis naciones..." (SEP, 1975: 11).

El señorío Tepaneca estaba encabezado por un pueblo o ciudad llamado ultépetl, que contaba con una organización política propia y una unidad cultural bien definida, la cabecera estaba organizada a partir de un barrio central a cuyo alrededor se concentran otra serie de barrios, los que se van dispersando de acuerdo a su necesidad de explotar diversos recursos: lago, planicie, pie de monte y montaña.

Según cuentan las consejas, el señorío de Atzcapotzalco comprendía los valles de México, Toluca, el Mezquital, Cuernvaca y parte del valle Poblano-Tlaxcalteca, teniendo como límites: al norte Jilotepec (Estado de México), por el sur el río Balsas (Guerrero), por el este Veracruz y por el oeste Michoacán: “.....EI centro del Imperio Tepaneca lo constituyen las regiones occidentales y norteñas de población principalmente otomiana: todo el occidente del Valle de México, el Valle de Toluca (Matlatzinca y Mazahucan), la provincia de Xilotepec, la Teotlalpan y el Valle del Mezquital…” (Carrasco 1979: 269).

El crecimiento del Tepanohuayan fue gracias a la visión y habilidad política de dos de sus tlatoque: Tzihuactlatonac-Acolnahuacatliacatel y Huehue Tezozomoc, quienes, al aumentar su poder, establecen alianzas con otros pueblos a la vez que crean otros bajo el gobierno de sus descendientes, unos de ellos dentro de la misma zona tepaneca como Coyoacán y Tlacopan, otros fueron impuestos a los señoríos conquistados como Coat tinchén, o fundando asentamientos en las regiones sometidas como Tecpatepec o Tonacochtla o, como en el caso de Tultitlán, que fue fundado para contener el avance hacia el sur de los chichimecas de Cuautitlán.

Los pueblos que encabezan estos descendientes son: Tenayucan con Tezozómoctli-Yacateteltetlnipeuhqui; Tlatelolco con Cuacuapitzahuac y posteriormente con Tlacatéotl (nieto y general en jefe de sus ejércitos); TIacopan con dos hermanos: Acolnahuacatl y Tzacualcatl; Coyoacán con Maxtla; Tacubaya con Yepcohuatl; Churubusco con Yztachecatl o Ecatliztac; Coatlayauhcan con Tecocohua; Tultitlán con Epcohuatl o Tepanonoc; Tepexpan con Cuacuauhtzin; Acolman con Teyolcocohua; Tolcayuca con Teuhtlehuac: Cuitlachtepec con Xocotzin; Chiapa con Tomiyauh; Ayotochco con Yohuallatohua; Oztoticpac con Tlacacuitlahuac; Quecholac con Azcalxoch; Totomihuacan con Tlacochcue; Mexicaltzinco con Quetzalcuixin o Yaocuixtli Tlacatécatl (nieto); Cuautitlán con Tezozómoc (nieto); Xochimilca con Tepanquizqui; Cuitláhuac con Tepoltzmaytl; Cuauhnáhuac con Moquihuix; Coatlinchán con Quetzalmaquiztli o Quetzalmazatl; Huexotla con Cuappiyo; Acolman con Teyolcocohuatzin (nieto); Atzcapotzalco con Quetzalayatzin o Tayauhtzin; Tenochtitlán con su hija Ayauhcíhuatl, quien casa con Huitzilíhuitl y tiene a Chimalpopoca (nieto), tercer señor de esta ciudad (Carrasco, 1984: 76-82; Córdoba, 1989: 9-11), desde Cuacuauhpitzáhuac, todos hijos y nietos de Tezozómoc.

De entre todos los señores tepanecas el que destaca es Tezozómoc, pues es quien logra dominar a los señoríos del valle de México y extender más allá sus fronteras, su habilidad política y de negociación es determinante, pues si bien es cierto que varios de los pueblos son conquistados a sangre y fuego, muchos otros, ante la superioridad militar de los tepanecas, voluntariamente se someten a sus dominios o caen bajo el ingenio del magnífico estadista.

Dentro de los planes de Tezozómoc fueron tres las cabeceras importantes para afianzar su poder: Tenayuca, Culhuacán y Coatlinchán. La primera en caer fue Culhuacán, la que le dio los títulos de Culhuatecutli y Toltecatecutli, lo que le llevó a compartir el poder con los señores de Coatlinchán, Amequemecan, Huejotzingo y Cuauhnáhuac (Carrasco, 1979: 268), los cuales pronto estuvieron bajo su control a través de la guerra o de alianzas. La segunda ciudad que cayó fue Tenayuca, por lo que recibió el título de Chichimecatecutli, dejando al final a Coatlinchán y el nombramiento de Acolhuatecutli.

Con la conquista del Acolhuacan, Tezozómoc reparte Coatlinchán para Atzcapotzalco; Huexotla para Tlatelolco y Tezcoco para Tenochtitlán; así mismo inviste a dos de sus descendientes como señores de Acolman y de Coatlinchán. Tanto los pueblos como el tributo y servicios se dividen en ocho partes, tomando para sí dos y el resto para cada uno de los señoríos de la alianza en el Acolhuacan: Tlatelolco, Tenochtitlán, Chalco, Coatlinchán, Acolman y Otumba (Carrasco, 1979: 117-118).

Los señoríos y provincias que pertenecían al Tepanohuayan de Atzcapotzalco en tiempos de Tezozómoc son: Tlatelolco, Tlacopan, Coyoacán, Atlacuihuayan (Tacubaya), Mixcoac, Huitzilopochco (Churubusco), Coatlayahucan, Tulitlán, Tepexpan, Acolman, Tolcayucán, Cuitlachtépetl, Chiapa, Ayotochco, Oztoticpac, Quecholac y Totomihuacán. Los tres últimos en Puebla. Además, los siguientes pueblos le pagaban tributo: Cuauhnéhuac y Tetelpan, Jilotepec, Matlatzinco, Coutepec, Zempoala, Nanacapan, Huejotzingo, Xochimilco, Cuaochpan, el Acolhuacan, Chalco, Mizquic, Cuitláhuac, Mazahuacán, Zumpahuacán y Michoacán (Carrasco, 1984:74-87).

Con base en la Matrícula de Tributos, el códice Mendocino y el Memorial de los Pueblos de Tlacopan, sabemos que las provincias tributarias del señorío Tepeneca eran siete: Cuautitlán, Axocopan, Atotonilco, Hueypochtlán, Jilotepec, Cahuacán y Xocotitlán; y según el Memorial, el Tepanohuayan estaba organizado en cinco distritos militares: Atzcapotzalco, Cuautitlán, Tula, Apazco y Jilotepec (Pérez-Rocha, 1982:13-14); esta forma de organización la heredará en gran parte Tacuba y se conservará hasta el Virreinato.

Finalmente queremos anotar que la palabra Tepanohuayan proviene de las raíces mexicanas tetl: piedra, panohua: vadear el agua y la panícula yan como locativo, es decir: en la puente de piedra o en el paso o vado (SEP. 1975: 10).

 

Los Señores
Varias fuentes indígenas y españolas indican la presencia de dos señores o tlacatecle coexistiendo en Atzcapotzalco, uno por cada parcialidad en que estaba dividida la ciudad: Tepanecapan y Mexicapan, eligiéndose a uno de ellos para ser nombrado como Tepanecatecutli (Carrasco, 1979:111; Gibson, 1981: 41-42).

Existen cuatro fuentes históricas que nos dan los nombres de los señores tepanecas y mexicas de Atzcapotzalco, éstas son: el Anónimo Mexicano, los Anales de TIatelolco, la Monarquía Indiana de fray Juan de Torquemada y el tomo I del Ramo de Tierras del Archivo General de la Nación (Córdoba, 1989).

El Anónimo Mexicano está escrito en lengua mexicana y nos dice que el primer gobernante fue Hueytzin Tecutli, el segundo Acolhua, que era yerno de Xólotl; el tercero, hijo de Acolhua, llamado Cuecuech; el cuarto su hijo llamado Quauhtzin; el quinto fue Ilhuicamina; en sexto lugar Matlaccohuatl; en séptimo término está Tezcacohuatl; en octavo Tezcapuctli; el noveno fue Teotlehuac; en décimo lugar estuvo Tzihuactlatonac, que gobernó durante 60 años, siguió su hijo Tezozómoctli, pero tenía un año de edad cuando murió su padre por lo que gobernó su madre Cihuaxóchitl. Se dice que Tezozómoc gobernó el señorío durante 80 años.

En los Anales de Tlaltelolco se registra el siguiente orden: en primer lugar Matlaccóhuatl, con su mujer llamada Azcueitl tuvieron a Chiconquiauhtzin o Tezcacohuatl, que fue el segundo señor; éste casó con Xicomóyaual y tuvo dos hijos: Tezcapoctzin, tercer señor; y Acolnahuacatzin o Tzihuactlatonac, cuarto señor. Acolnahuacatzin y su mujer CuetIaxochtzin tuvieron siete hijos: Uitziliuitl, Tepanquizqui, Epcouatzin, Moxotzintlazozonizcatl (mujer), Chalchiuenenetzin, Tianquiznenetzin y al menor que llamaron Tezozómoctli-Yacateteltetlnipeuhqui, que fue el quinto en gobernar Atzcapotzalco, su mujer se llamó Iztacxóchitl.

Fray Juan de Torquemada nos dice que el primero que gobernó fue Acolhua, pero según las historias atzcapotzalcas el primero fue Huetzintecutli; en segundo lugar tenemos al hijo de Acolhua llamado Cuecuex: le siguió su hijo Quauhtzintecutli, después siguió Ilhuicamina; luego Matlaccohuatl; después Tezcapuctli; en séptimo lugar estuvo Teotlehuac; a éste le siguió Tzihuactlatonac (con otro nombre Acolnahuacatliacatel), que reino 60 años y en su tiempo llegaron los mexicas; en noveno término estuvo su hijo Tezozómoctli, pero por tener un año de edad gobernó 4 años su madre llamada Cihuacxoch, de Tezozómoc, Torquemada dice que gobernó 160 años.

El siguiente señor fue Maxtlatón, hijo de Tezozómoc, quien reinó tres años; después está Ahquenithuiztli, en cuyo tiempo regresaron los tepanecas que se habían refugiado en Cuajimalpa después de la guerra con los mexicas; el duodécimo señor fue Yohualpai, hermano del anterior, que gobernó 41 años; su hijo fue el siguiente señor y se llamó Tezozómoctli el Mozo, gobernando 25 años, cuando murió, Atzcapotzalco quedó algunos años sin señor; a este gobernante siguió su hijo Tlaltecatzin, durante el décimo año de su gobierno llegaron los españoles, éste muere la noche del 30 de junio de 1520 al ir guiando al capitán Hernán Cortés y sus huestes en la salida de Tenochtitlán.

En el tomo I del Ramo de Tierras del Archivo General de la Nación se hace un listado de los señores de Atzcapotzalco que gobernaron a partir de la Guerra Tepaneca en la parcialidad de mexicanos, estos son: Maxtlatzin, hijo de Tezozómoc; le sigue Cehuetzin; después Yectlitezin; luego Tehutlehuacatzin o Teotleuacatzin (durante su gobierno llego a estas tierras don Hemando Cortés) y finalmente Oquiztzin, también conocido como don Carlos, quien muere en Hueymollan, Honduras, en 1524 (Barlow, 1953).

Hay que mencionar que la regla existente para la sucesión indica que es el hueytlatoani quien designa al escogido paraconvertirse en su sucesor y no el achcacah utin, buscando mantener un solo linaje, el de Tepanecatecutli o Toltecatecutlio Culhuatecutli o Chichimecatecutli. Otra regla señala que la sucesión no está asignada al primogénito exclusivamente, ya que en el caso de Tezozómoc éste es el hijo menor de Tzihuactlatonac; lo mismo ocurre con Tayauhtzin, príncipe de TIacopan e hijo menor de Huehue Tezozómoc, quien lo designa como heredero del señorío de Atzcapotzalco. El último señor tepaneca del que se tienen noticias se le conoce como Tlilanci (Carrasco, 1979: 111).

 

Los Barrios
En el apartado de Geografía hacemos referencia a la existencia actual de treinta y cinco barrios de origen precortesiano en esta delegación, más adelante también se mencionó los casos de Amantla, Ahuizotla, Tomatlán y Acayucan, que son los asentamientos más antiguos en la localidad. De esos treinta y cinco barrios, uno es un barrio foráneo de Tlatelolco, otro más perteneció a la ciudad de México durante el Virreinato, uno más corresponde a Tacuba, otro es una estancia dentro de un barrio y cinco más son barrios de la Magdalena de las Salinas.

Pero, ¿qué es un barrio o calpulli y cuál es su importancia? Entre los pobladores del México central el calpulli era la forma de organización básica en que estaban constituidos, éste se define como una organización propia de un grupo campesino con derechos igualitarios y basada en el parentesco, con un territorio propio y comunal, con una estratificación social y división del trabajo definida, así como la incorporación de otros grupos étnicos en su interior.

Esta forma de organización no sólo sirve para mantener a sus miembros sino que parte de su producción se destina para el pago de tributo y sostener al estado central, de igual manera el conocimiento que tienen de los ecosistemas que habitan, sus formas de explotación, los procesos de transformación a productos y la apropiación de la fuerza de trabajo de otros grupos y/o etnias con las cuales tiene contacto, permite a la sociedad crecer y transformarse socioeconómicamente.

De esta manera, la ciudad de Atzcapotzalco se desarrolló con la presencia de diversas etnias que se establecieron en sus tierras: matlatzincas, otomíes, mazahuas, chocho-popolocas, chichimecas, nonoalcas y nahuas, quienes fundaron la cabecera y sus barrios. De todos estos grupos asentados en Atzcapotzalco, las fuentes históricas identificandos etnias antagónicas: tepanecas y mexicanos.

Los primeros son quienes de hecho fundan la ciudad y los segundos llegan a ella durante su migración en busca de la tierra prometida, ambos grupos cohabitan en Atzcapotzalco en veintisiete barrios, los que se ubican en el lago, ribera, planicie, pie de monte y montaña, éstos son por orden alfabético:

Acayucan (Santa Cruz), Acolnáhuac (San Bemabé), Ahuizotla o Ahuexotlán (Santiago), Amalinaltzinco o Amalinalpan o Malinalco (Santa María), Amantla o Huexotlán (San Miguel), Atenco (San Sebastián), Atenco u Atempan (San Lucas), Atzacoalco (Santa Catarina), Cahualtonco (San Bartolomé), Cuauhtla (Santa Cruz del Monte), Huexotitlán (Santo Domingo), Huitznáhuac (la Concepción), lzquitlán (San Marcos), Nextenco (San Salvador), Pochtlán (San Simón), Tequitl o Xaltilolco (San Mateo), Tetecala o Tzapotlán (San Francisco), Tetlanman (San Andrés), Tetzcolco (SantaApolonia), Tezcacoac o lzquitlán (los Santos Reyes), Tlamatzinco (Santo Tomás), Tlilhuacán o Ahuehuetitlán (San Juan), Tomatlán (Santa Lucía), Xalpan o Mazatlán (San Pedro), Xochináhuac (San Martín), Xocoyahualco (Santa María Nativitas), Yopico o Tetlanman (Santa Bárbara) y la cabecera: Atzcapotzalco (Santos Felipe y Santiago el Menor) (AGN, 1787 y 1795; AHINAH, 1836; Urdapilleta, 1990: 3).

Estos barrios estuvieron reunidos en dos parcialidades u omecampan: Tepanecapan y Mexicapan, división que perduró hasta muy entrado el Virreinato, en la actualidad todavía se pueden identificar estas parcialidades en el barrio de Tlilhuacán.

A la mayoría de los barrios se les puede identificar por dos actividades económicas principalmente, los dedicados a la alfarería (Atzcapotzalco junto con Cuautitlán, Xochimilco, Churubusco y Tezcoco fueron grandes centros productores de cerámica en las épocas precortesiana y colonial) y los agricultores. De esta manera tenemos que a sus habitantes se les reconoce con los siguientes apodos: olleros, tinajeros, cantareros, cazueleros, comaleros, ladrilleros, maceteros y tomateros, calabaceros, cebolleros, nixtamaleros, tlacloyeros e izquiteros.

Con la delimitación del Distrito Federal durante el siglo XIX, los barrios de Cuauhtla y Xocoyahualco quedaron integrados a dos municipios del Estado de México, mientras que con la conformación política de las delegaciones los barrios salineros de Acahualtonco (San Andrés y Santa Cruz), Colhuacatzinco, Coltonco y Huautla, pertenecientes a la Magdalena Coatlayauhcan; más Xocotitlán (San Francisoo), de T1atelolco; Atenco (Santa Cruz), de Tacuba; y Xochimanca (San Salvador), de México, pasan a formar parte del territorio del actual Azcapotzalco.

 

La Triple Alianza: Atzcapotzalco-Tlatelolco Tenochtítlán
En nuestras clases de Historia Patria se nos ha enseñado que en la conquista y destrucción de Atzcapotzalco participaron Tenochtitlán, Tezcoco y Tacuba, los que se unieron en una triple alianza para este fin y para gobernar posteriormente el valle de México y más allá, sin embargo, esto es una mentira como se verá más adelante. Otra cosa que no se nos enseña en las clases de historia, es que las formas de organización de los pueblos precoetesianos del México Central eran a partir de alianzas tripartitas y que esto es tan viejo que viene desde los toltecas.

Así tenemos que una primera alianza pudo haber sido establecida en el siglo XI d.C.  entre Tula, Culhuacán y Otumba, los dos primeros señorios son de filiación náhoa mientras que Otompan es otomí; posteriormente, a la caída de Tula, Coatlinchán hereda su señorío y al ocaso de Otompan, Atzcapotzalco le sustituye, sin embargo, esta alianza va a estar sujeta con alfileres (López, 1967: 9).

Hay que mencionar que Coatlinchán, en Tezcoco, es la capital del señorío Acolhua, mientras que Otumba está fuertemente relacionada con el señorío de Xaltocan. Lo anterior es importante porque todos estos señoríos se encuentran en la mira de los tepanecas de Atzcapotzalco. Así, con la llegada de los mexicas y la fundación de Tenochtitlán en 1325 d.C. y de Tlatelolco quince años después en territorio de Atzcapotzalco, los tepanecas van a tener a dos poderosos aliados que le ayudarán a realizar sus conquistas.

Los primeros señoríos que conquistan los tepaneeas son Culhuacán y Tenayuca, siguiendo Cuautitlán y Tepotzotlán, posteriormente se unirían a esta serie de conquistas Olimalhuacan-Atenco, Coatlinchán, Xico, Chalco-Atenco, Xochlmilco, Cuitláhuac, Cuauhnáhuac (Cuernavaca), Xaltocan, Jilotepec, Huexotla y Tezcoco dominando así el valle de México y más allá, ya que las conquistas se extienden a los estados de Puebla, Guerrero, México e Hidalgo, expandiéndose las fronteras del señorío Tepaneca de Atzcapotzalco.

El señorío Tepaneca se sustenta en la triple alianza que Atzcapotzalco creó al elevar a rango de señoríos a Tlatelolco y Tenochtitlán, lo anterior les permitió establecer sus casas reales: Tlatelolco con Cuacuauhpitzáhuac (hijo de Tezozómoc de Atzcapotzalco) y Tenochtitlán con Acamapichtli de Culhuacán; además se les concedió prerrogativas tales como derechos de conquista y recolección de tributos de los señoríos conquistados, se les autorizó el mejoramiento de las dos ciudades al permitírseles comunicarse con tierra firme a través de dos calzadas: Nonoalco y México-Tacuba. La construcción de dos acueductos para llevar agua potable a las urbes: Zancopinca y Chapultepec, y se estableció el tianguis de Tlatelolco.

Esta estabilidad política que logran los tepanecas se ve resquebrajada a la muerte de Tezozómoc (26 de marzo de 1427 d.C.) y con el ascenso al poder de su hijo Maxtla, ya que éste quita muchas concesiones a Tenochtitlán y Tlatelolco y pretende gravarlos con tributos causando la irritación entre sus aliados al ver perder sus privilegios, por lo que queda rota la alianza consolidada por Tezozómoc, de esta manera, lo único que queda es terminar con Maxtla.

Otra triple alianza es la que va a hacer posible la caída de Maxtlaton, esta vez la unión de Tlatelolco, Teonchtitlán y la confederación de TIaxcala-Huexotzinco-Cholula apoyando a Nezahualcóyotl, va a causar la derrota de los tepanecas y la destrucción de Atzcapotzalco a manos de Cuauhtlahtoa, lzcoátl, Moctezuma Ilhuicamina y Nezahualcóyotl.

Tiempo después se establece una nueva alianza entre los señoríos del valle de México, sin embargo, ésta no va ser totalmente justa ya que la reglas las imponen los déspotas tenochcas por lo que el reparto de los títulos señoriales iniciados en el siglo XI d.C. quedan de la siguiente manera: el título del señorío de Culhuacán pasa por herencia y conquista a Tenochtitlán; el de Tula, que ostentó Coatlinchán, pasa a Tezcoco; y el titulo de Otompan, sustituido por Atzcapotzalco, se proyecta en Tlacopan (Tacuba), señorío surgido por las necesidades religiosa y política de contener a los derrotados pero numerosos tepanecas, dejando fuera de la jugada a sus no muy queridos hermanos tlatelolcas, quienes eran en realidad los herederos del título y señorío de Atzcapotzalco, cerrándoles toda posibilidad de legitimar su señorío (López, 1967: 14- 15).

 

La Guerra Tepaneca
Es al año 13 Caña, 1427 d.C., Tezozómoc está próximo a morir y hereda el mando a su hijo Tayauhtzin, príncipe de Tlacopan, pero su primogénito Maxtla (señor de Coyoacán ) quiere el trono, por lo que los señores tepanecas y mexicas urden matar a Maxtla pero el plan es descubierto y mueren Tayauhtzin; Tlacatéotl, señor de Tlatelolco y Chimalpopoca, señor de Tenochtitlán, estos últimos nietos de Tezozómoc.

Maxtlatón se convierte en el señor de Atzcapotzalco, él es déspota y autoritario, eleva los tributos y surge un descontento general, además amenaza y ofende a los mexicas que son gobernados por Itzcóatl, hijo de Acamapichtli y de una tepaneca, quien estrecha sus relaciones con Nezahualcóyotl y le propone unir fuerzas para derrotar a Maxtla. El peligro de una guerra surge y se interrumpen las relaciones tanto comerciales como de otra índole entre los tlatelolcas y tenochcas y los tepanecas.

Hay temor en el pueblo mexica ante la inminente guerra con los tepanecas pues creen ser derrotados por su superioridad militar, todavía se realizan varias entrevistas entre el soberano tepaneca y Moctezuma Ilhuicamina, pero todo es inútil y los mexicas declaran la guerra. Los guerreros se preparan, visten sus mejores ropas, joyas y penachos, sus escudos acolchados, preparan las macanas, los dardos, las lanzas con punta de obsidíana, los arcos, las flechas, las hondas.

Una gran zanja rodea toda la ciudad de Atzcapotzalco, allí esperan los tepanecas el ataque, por lo que los mexicanos resuelven poner sitio a la metrópoli, sus cuatro escuadrones se reparten como sigue: Itzcóatl y Cuauhtlatoa atacan por el oriente, otro escuadrón ataca por Tlalnepantla, Moctezuma toma la parte sur al amparo de la guarnición de Tacuba, mientras Nezahualcóyotl, apoyado por la alianza poblano-tlaxcalteca, llega en canoa hasta Tlatelolco, sigue hasta Cuautepec y de allí va por el poniente, sobre el único camino por donde podrían llegar socorros.

Las batallas fueron encarnizadas siendo los tepanecas los que perdían más gente, mientras que Nezahualcóyotl y TIacaélel impedían que llegaran los refuerzos. El sitio dura ciento catorce días, Maxtla en su palacio recibe alarmado las noticias, el señor tepaneca pide ayuda a Coyoacán, Xochimilco, Cuautitlán y Tepotzotlán y a todas las ciudades del señorío. Les manda decir que pasen con sus tropas por Tenayuca, desde allí deben atacar por la espalda al escuadrón de Nezahualcóyotl. Todo sucede como Maxtla lo había planeado, esta estrategia es determinante para los tepanecas, el ganador gobernará la altiplanicie.

El combate es ahora a campo abierto, cuerpo a cuerpo, pelean con las macanas, con todo. Moctezuma y Mazatl, general tepaneca, se encuentran frente a frente, pelean furiosamente, por fin Moctezuma le da un golpe mortal a Mazatl, los mexicanos gritan jubilosos y los tepanecas huyen a su fortificación. Nezahualcóyotl y Tlacaélel atacan la fortaleza y la ganan con gran mortandad de tepanecas, después entran a Atzcapotzalco, derriban las casas y templos y prenden fuego a toda la ciudad. De la capital tepaneca salen llantos y humo y escurre la sangre. La carnicería se prolonga toda la noche y dos días más, es el año 1 Pedernal (6 de junio de 1428 d.C.).

Según algunas crónicas, Maxtla se refugia en Coyoacán y luego huye a Taxco, Guerrero, según otras, se esconde en un temazcal, Nezahualcoyótl lo encuentra y lo mata, le saca el corazón y lo ofrece a su padre muerto. Las consecuencias de esta guerra fueron para los atzcapotzalcas las siguientes: a) destrucción, saqueo y robo de su ciudad; b) sometimiento político a Tenochtitlán; C) pago de tributo en tierras, servicios y productos: madera, tablas, piedra y cal para construcción; maíz, frijol, calabaza, especias, chile y tomate y, para mayor ignominia, a su gran tianguis se le transformó trasladando el mercado de esclavos de Cuautitlán a Atzcapotzalco. La grandeza del señorío de Atzcapotzalco termina y empieza el esplendor de los mexicas (Chapman, 1959).

 

Hernán Cortés y los Tepanecas
Tres años más va a durar la guerra entre los tepanecas y los tenochcas y tezcocanos, una a una van a caer las principales ciudades que constituían al Tepanohuayan de Atzcapotzalco: Tacuba, Teocalhueyacan, Tenayuca, Tultitlán, Cuautitlán, Xaltocan, Tula, Acolman, Tezcoco. Huexotla, Coatlinchán, Atlicuihuayan (Tacubaya), Mixcóac, Cuajimalpa, Churubusco, Culhuacán y Coyoacán.

Con la caída del señorío Tepaneca, lzcóatl, Moctezuma Ilhuicamina, Tlacaélel y Nezahualcóyotl deciden repartirse sus tierras y fundar una nueva alianza tripartita quedando a la cabeza Tenochtitlán, Tezcoco y finalmente Tacuba (Tlacopan), dándole: "...investidura de rey a Totoquiahuaztli, señor de Tacuba que era descendiente de los señores de Azcapotzalco por que de toda punto no se perdiese la memoria de ellos, y porque Totoquihuaztli fue siempre favorecedor aunque en secreto de las causas de Nezahualcoyotzin y de los señores mexicanos..." (Chimalpain citado por Pérez-Rocha, 1982: 29).

De esta manera, los tepanecas quedan bajo la sombra de los tenochcas ayudándoles en sus conquistas, se sabe que fundarán otros pueblos con el nombre de Atzcapotzalco en Toluca y Guerrero, participarán en el sistema de comercio con otras regiones y elaborarán las joyas de Motecuzoma el Xocoyotzin, ya que eran muy primos en este arte, tal y como los describe Bernal Díaz del Castillo: “.....Comencemos por [los] lapidarios y plateros de oro y plata y todo vaciadizo, que en nuestra España los grandes plateros tienen que mirar en ello, y de éstos tenían tantos y tan primos en un pueblo que se dice Escapuzalco [que está al una legua de México..." (Díaz, 1980: 169).

El mismo Díaz del Castillo atestiguará la labor de los plateros de Atzcapotzalco durante la estancia de Hernán Cortés y sus huestes en Tenochtitlán entre 1519 y 1520. Cuando deciden fundir los obsequios y el tesoro de Motecuzoma como parte de los preparativos para salir de la ciudad ante el asedio de Cuitláhuac y Cuauhtémoc: “.....y se comenzó a fundir con los indios plateros que dicho tengo, naturales de Escapuzalco, y se hicieron unas barras muy anchas de ello, de medida como de tres dedos de la mano el anchor de cada barra; pues ya fundido y hecho barras, traen otro presente por ser de lo que el gran Montezuma había dicho que darla, que fue cosa de admiración de tanto oro.....” (Díaz, 1980: 203).

“.....En aquella sazón muchos de nuestros capitanes mandaron hacer cadenas de oro muy grandes a los plateros del gran Montezuma, que ya he dicho que tenía un gran pueblo de ellos, media legua de México, que se dice Escapuzalco, y asimismo Cortés mandó hacer muchas joyas y gran servicio de vajilla, y algunos de nuestros soldados que habían henchido las manos; pormanera que ya andaban públicamente muchos tejuelos de oro marcado y sin marcar, y joyas de muchas diversidades de hechuras.....” (Díaz, 1980: 205).

La lluviosa noche del 30 de junio de 1520, don Hernando Cortés decide romper el cerco en que el que se encontraba y sale de Tenochtitlán por la calzada que conduce a Tacuba, al llegar al canal de Mixcoatechialtitlán una mujer los descubre y da la voz de alerta iniciando la batalla. Al llegar al siguiente canal llamado Tolteca Acalocan, son abatidos por los guerreros tenochcas los peninsularesy sus caballos, sus aliados tlaxcaltecas y tlilihutecas y varias mujeres caen en el agua muriendo la mayoría y sirviendo como puente para el paso de los demás, sólo unos cuantos llegan a alcanzar la orilla.

Así, en el canal de los Toltecas, Cortés ve perderse su aventura y llora su mala fortuna. En este mismo lugar Tonatiuh (Alvarado) se libra de la muerte al saltar la acequia apoyado en una pica. Ahí murió Chimalpopoca, hijo de Motecuzoma, quedo traspasado por un tiro de ballesta; ahí también hirieron a Tlaltecatzin, príncipe tepaneca, muriendo en este sitio. Era él el que guiaba, el que dirigía, el que iba señalando y marcando los caminos a los españoles.

Los peninsulares encuentran descanso con los tepanecas de Otoncapulco (Los Remedios) y TeocaIhueyacan, quienes les auxilian a salir del valle de México y alcanzar el refugio en la nación tlaxcalteca, meses después regresarán y le pondrán sitio a México. Los tlatelolcas, los verdaderos héroes del prolongado sitio impuesto por el capitán Cortés, sucumbirán bajo el poderío español y de sus aliados indígenas un día 1 Serpiente del mes Tlaxochimaco, de un año 3 Casa (13 de agosto de 1521).

“.....y después que fueron de puestos los atavíos de guerra, después que descansó la espada y el escudo, fueron reunidos los señores en Acachinanco. El primero fue Cuauhtémoc, señor de Tenochtitlan, el segundo Tlacotzin, el Cihuacóatl, el tercero Ozquiztzín, señor de Azcapotzalco Mexicapan, el cuarto Panitzin, señor de Ecatépec, el quinto de nombre Motelhuihtzin, [...] A estos cinco hizo descender el capitán Hernando Cortés. Los ataron y los lIevaron a Coyoacán, [...] a éstos les habló el capitán Cortés allá en Coyoacán, [...]
-Quiero ver cuáles eran los dominios de México, cuáles los de los tepanecas, los dominios de Aculhuacan, de Xochimilco, de Chalco.

-Oh, príncipe mío, oiga el dios esto poco que voy a decir. Yo el mexícatl, no tenía tierras, no tenía sementeras, cuando vine acá en medio de los tepanecas y de los de Xochimilco, de los de Aculhuacan y de los de Chalco; ellos sí tenían sementeras, si tenían tierras. Y con flechas y con escudos me hice señor de los otros, me adueñé de sementeras y tierras. [...] Y cuando oyó esto el capitán Cortés, dijo con imperio a los tepanecas, a los acolhuas, a los de Xochimilco y de Chalco, así les habló:
-Venid acá, el mexícatl con  flechas y con escudos se apoderé de vuestra tierra, de vuestra pertenencia, allí donde vosotros le servíais. Pero ahora, de nuevo con flechas y con escudos, los dejo libres, ya nadie allí tendrá que servir al mexícatl. Recobrad vuestra tierra....” (Garibay 1980: 136-138).

De esta forma, lo dispuesto por el futuro Marqués del Valle se llevó a cabo, fue así como los antiguos señores del Anáhuac entraron de nuevo en posesión de lo que les habían quitado los mexicas.

 

Atzcapotza1co en el Virreinato
Cuando se habla del periodo Virreinal en México inmediatamente se nos viene a la mente la idea de trescientos años de oscurantismo y dominación y, en el caso de Atzcapotzalco, pensamos en clavos, bisagras y campanas para la catedral de México, las joyas para Motecuzoma II y los virreyes o los retablos barrocos de su capilla del Rosario, sin embargo, ambas ideas son totalmente absurdas.

No es posible pensar en tres siglos donde no se hizo absolutamente nada, ni concebir a un pueblo dedicado sólo a fundir campanas, clavos o bisagras, el cual poseía grandes extensiones agrícolas, ganaderas, forestales y lacustres, con una división política en dos parcialidades étnicas diferentes y que a su vez fuera un punto importante de doctrina. Por lo anterior es que queremos dar un vistazo al verdadero mundo virreinal (que no colonial) de Atzcapotzalco y al quehacer de sus habitantes.

Al término de la conquista armada los habitantes de Atzcapotzalco, así como de otros pueblos, se tuvieron que adaptar a la nueva administración y leyes, aunque en un principio se respetó la forma de organización básica del mundo indígena: el calpulli, ésta se fue perdiendo ante el empuje de los intereses españoles. Así, como premio a los conquistadores o a quienes hubiesen servido a la Corona Española se les otorgaba una encomienda, que eran pueblos dados para su control y evangelización de los cuales se recibía tributo en especie y mano de obra.

Los tributos mejor documentados son los que se pagaban al encomendero Francisco de Montejo, así, en 1547 se debía pagar cada ochenta días veinte cargas de ropa, cada diez días cuarenta y dos cargas de maíz, cada día dos gallinas, dos codornices, ochenta tortillas, diez cargas de leña de veinte rajas2 cada una, tres cargas de yerba, dos cestillos de carbón. Cincuenta chiles y un pan de sal; además, en los días de pescado, treinta ranas, cuarenta huevos y veinte pescadillos (Córdoba. 1992: 5-6).

Además del encomendero se tributaba al calpixque o cobrador de tributos indígena cada ocho días cinco gallinas, veinte cargas de leña, cien chiles, un pan de sal, dos manojos de ocote y tres cargas de maíz; en los días de escado, veinte huevos. Estas tasaciones fueron modificadas posteriormente en 1548, 1552 y en 1560. En 1552, con motivo de estas modificaciones, se les ordenó a los indios de Atzcapotzalco que terminaran de construir la casa del adelantado Francisco de Montejo (Córdoba, 1992 : 4-6).

Para 1560 no se tributaba todo en especie sino en dinero, debiéndose pagar al año $1,655.00 en tres partes, más ochocientas veinticinco fanegas de maíz 3; de estos pagos. Tres cuartas partes serian para el encomendero y un cuarto para la comunidad; en 1570, en Azcapotzalco se pagaban ocho reales y media fanega de maíz (Córdoba, 1992: 6; Gibson. 1981: 206).

Otro tributo es el de la leña, para 1551 se debían llevar treinta cargas a la semana a la ciudad de México, además de las veinte cargas cada ocho días para el calpixque y las diez cargas diarias para el encomendero, como ya se mencionó. Además de estos tributos hay que considerar otros de los que no se tienen noticias, como los alimentos para los frailes y caciques, las limosnas para la iglesia y los gastos para fiestas.

Junto al tributo en especie había el servicio personal, en 1543 se ordenó que los indios de Atzcapotzalco y Tacuba compusieran una calzada; en l582 se les encomendó la construcción del templo del pueblo; en 1583 servían de cocineros en el templo; para 1591, se apartaron treinta y ocho indiospor dos semanas para que cosecharan trigo; en 1592 se reservaron cinco indígenas del trabajo que tenían para que atendieran una fragua; en 1599 dos indios de Azcapotzalco trabajaban en la construcción de la capilla de las Casas Reales de la ciudad de México; en 1603 se ordenó que se dieran cada semana, dos indios de Atzcapotzalco y uno de Tacuba a Juan Maldonado, nieto del adelantado Francisco de Montejo (Córdoba, 1992).

Se ha mencionado que la carga de tributos y de trabajo por parte del licenciado Maídonado así como las epidemias, como el hueyzáhuatl o viruela, el cocoliztli o el matlazáhuatl o tifo y el tlatlacistli o gripe, diezmaron la población de Atceapotzalco que, en 1521 era de 17 000 habitantes, sin embargo fueron en realidad estas últimas las que causaron grandes estragos entre la población. Entre las pandemias que seguramente se abatieron en Atzcapotzalco en el siglo XV tlenemos la viruela de 1520-1521, la peste de 1531-1532 y de 1538, el tifo de 1545-1548, las paperas de 1550, el tifo de 1559, las enfermedades de 1563-1564, el gran cocoliztli de 1570-158l, el tifo de 1587-1588, la gripe de 1590, las enfermedades de 1592-1593 con gran mortalidad infantil y la epidemia entre los otomíes de 1604-1607 (Gerhard, 1986: 23).

De las epidemias con registros en Atzcapotzalco tenemos el cocolizt1i de 1630, causando 600 muertos; en 1659 se dieron tres pandemias: tos, tifo y sarampión, resultando 150 muertos; la viruela se presentó en los años de 1779 y 1797, muriendo 195 indios en noviembre de 1779 y 250 en diciembre de ese año. Como se ve, debido a las epidemias, de 17 000 indios en 1521 quedaron en Atzcapotzalco 5 082 en 1568 y sólo 1 482 en 1646 (Córdoba, 1992: 2-3).

Sin duda, un factor determinante que contribuyó a que se esparcieran las enfermedades fue que durante años el repartimiento de indios para trabajar en las diversas obras y en los ranchos, se realizó en Atzcapotzalco.

Atzcapotzalco era conocido como el pueblo de los orfebres, durante el siglo XVI aún fabricaban objetos de plata para comerciar, pagándose el quinto al rey por impuestos; además era un centro productor de  cerámica junto con Churubusco, Xochimilco, Cuautitlán y Tezcoco. El mercado precortesiano de esclavos desapareció debido al desuso de su especialidad, lo mismo que el mercado de perros de Acolman.

Algunos virreyes pidieron a los plateros de Atzcapotzalco la fabricación de diversas joyas, como fue el caso de don Diego Femández de Córdoba, Marqués de Guadalcázar, en 1616 y, en 1630, don Rodrigo Pacheco y Osorio, exentó a los plateros de ir a la dobla o pago de tributo en trabajo, en las obras de construcción en otros pueblos y de este modo poder dedicarse a su trabajo de orfebrería; de la misma manera, en 1678 se les exentó de los trabajos de empedrado de las calles y en los molinos de pólvora para trabajar en el encauce del río de los Remedios, obras llevadas a cabo por las inundaciones de 1607 y 1628 en la ciudad de México y sus alrededores (Sánchez, 1974: 63-64; Pérez-Rocha, 1982: 116).

Debido a restricciones impuestas por la Corona, durante el siglo XVII los plateros de Atzcapotzalco dejaron de elaborar objetos en oro y plata dedicándose a la fabricación de piezas en bronce, entre las piezas creadas destaca una esquila de la parroquia de Atzcapotzalco que el 12 de noviembre de 1654, fue trasladada a la Catedral de México y cuyo nombre es San Pedro y San Pablo.

Existe para el siglo XVIII una descripción del pueblo de Atzcapotzalco que resume gran parte de lo dicho: “.....El de Efcapuzalco eftá fituado a diftancia de tres cuartos de legua al norte de Tacuba, por donde paffa el camino real a Tlalnepantla; cuentafe en él quinientos, noventa y tres familias de Indios4, los que fon adminiftrados en Doctrina, y Santos Sacramentos por el Cura Religiofo de Santo Domingo del Convento de efte Pueblo, donde affimifmo ay muchas cafas en que viven familias de Efpañoles, y algunos Meftizos. En la antigüedad y tiempo del Gentilifmo era Corte, y lugar en donde á Moctezuma le labraban todas las alhajas de oro, y plata, y fe hacian las fundiciones de las joyas por los artífices, que tenian deftinados en efte Pueblo, en memoria de lo cual fe han quedado muchos con el oficio de labrar piezas de labranza como fon campanas, clavos y quicialeras para las puertas…” (Villaseñor, 1951-1952: 76).

Como se puede leer, la riqueza histórica del Atzcapotzalco Virreinal va más allá de la fabricación de goznes, arreos de labranza o campanas. Como se verá más adelante, una gran gama de personajes formnaron parte de esta etapa, la edificación de magníficas haciendas o templos son una muestra de ello, desgraciadamente, la incuria y el tiempo han coadyuvado a la desaparición de este pasado.

 

Encomenderos y caciques
Una de las grandes mentiras que se han difundido en Atzcapotzalco es la que habla del supuesto encomendero Diego Delgadillo, oidor de la primer Audiencia de la Nueva España, quien con su presidente Nuño de Guzmán, el también oidor Juan Ortíz de Matienzo, el factor Salazar y el veedor Chirinos, cometieron una y mil tropelías contra los naturales apropiándose de repartimientos de tierras durante el tiempo que duró el juicio de residencia de Hernán Cortés. Dice esta historia que en el gobierno del virrey don Antonio de Mendoza, se envía a Atzcapotzalco como encomendero al licenciado Delgadillo que fue nefasto en sus funciones, pues se apoderó de muchas de las tierras que habían sido devueltas a los tepanecas (Sánchez, 1974: 62), lo anterior es una mentira, ya que para cuando llega el virrey Mendoza a estas tierras en 1535, Delgadillo y sus compinches eran juzgados en España por sus tropelías.

El encomendero que cometió abusos contra los naturales fue Alonso Maldonado, miembro de la segunda Audiencia y esposo de la verdadera encomendera de Atzcapotzalco, doña Catalina de Montejo, quien heredó la encomienda de su padre el adelantado Francisco de Montejo, conquistador de Yucatan y primer encomendero de Atzcapotzalco, conservándola hasta su muerte en algún momento después de 1582. A principios del siglo XVII, junto con Tultitlán, fue dada a don Luis de Velasco II, Marqués de Salinas, conservándola sus descendientes hasta 1703 cuando pasó a la Corona, aunque sus tributos fueron asignados a Teresa Oca y Montezuma (Gibsón, 1981: 420-421).

Como dato curioso, se dice que cuando el marqués don Luis de Velasco descansaba en su encomienda de Atzcapotzalco, fue visto un cometa que desde México caía en este pueblo y que durante varios días fue avistado, un sirviente de don Luis le avisó que aquello era un augurio y que lo iban a nombrar por segunda ocasión virrey de la Nueva España, tal y como efectivamente ocurrió.

Para finalizar diremos que un encomendero fue aquel conquistador o servidor de la Corona a quien se le otorgaba una serie de tierras como recompensa por sus servicios o encomienda, estas tierras incluían pueblos e indios quienes tenían que pagar tributo al susodicho en productos y mano de obra por estar bajo su cuidado; mientras que el encomendero debía procurar darles doctrina, protección y mantener en pacificación los pueblos a él encomendados.

La nueva administración organizada por los conquistadores y continuada por los virreyes contemplaba a los caciques como una forma efectiva de gobernar a los indios, actividad que venían desempeñando desde mucho tiempo atrás. Esta clase social estaba compuesta por señores, nobles y calpixques o cobradores de tributo, cuya función era la de conservar y ejercer las funciones de gobierno y administración, actividades que no podían realizar los españoles por ser una minoría, sin embargo, a través de este sistema, cuyo antecedente es la Triple Alianza, se operó sobre los fundamentos de una convivencia pactada, donde de manera funcional compartían el control los caciques, los encomenderos y los doctrineros o religiosos.

En Atzcapotzalco la encomienda estaba considerada como dos cabeceras en una, debido a que en la localidad había dos caciques o gobernadores indígenas, uno por cada parcialidad en que estaba dividido el poblado: Tepanecapan y Mexicapan, contando en 1560 con 1 500 tributarios (Gibsón, 1981: 42); estos caciques compartían su jurisdicción o trataban de influir sobre la otra. Para fines del siglo XVI actuaban varios indígenas como funcionarios, había un alcalde, tres regidores, un mayordomo, un escribano, ocho cantores, un alguacil y veintisiete tequitlatos o recaudadores de impuestos de los diversos barrios (Gibson, 1981: 187). A mediados del siglo XVII, después de unas elecciones anuladas por el virrey, los tepanecas y mexicanos decidieron tener un solo gobernador.

 

Los dominicanos en Atzcapotzalco
Siguiendo a la conquista armada llega la conquista espiritual encabezada por tres ordenes mendicantes: los Franciscanos, la Orden de Padres Predicadores de Santo Domingo y los Agustinos. En Atzcapotzalco los dominicanos establecen sus reales entre 1528 y 1529. Edificando estos, sobre el antiguo teocalli tepaneca, la capilla dedicada actualmente a San Francisco. Posterior a esta capilla se levantan el atrio, las cuatro capillas posas (de las que solamente se conserva la fachada norte de la tercer capilla en la esquina suroeste del atrio), la capilla abierta y el recinto monacal, siendo su constructor fray Lorenzo de la Asunción5. Fue tal la idea que fray Lorenzo tuvo del recinto, que el cronista de la orden, Alonso Franco y Ortega, dice de él en 1640: "…lo hizo con la mayor proporción y traza para la vida monástica que hasta sus tiempos se habían visto, y así en muchos capítulos provinciales se mandó que los conventos que se edificasen de allí en adelante siguiesen la misma proporción y disposición de arquitectura que tiene el de Azcaputzalco, por ser convento recogido y capaz para la vivienda de los religiosos…” (Citado en Manrique, 1963: 31).

Debido al reducido número de frailes, la casa de Atzcapotzalco no tenía en un principio la categoría de Priorato (derecho a tener abad), por lo que en 1561 es designado como vicario fray Pedro de Santa Maria y, en 1564, se acepta oficialmente el convento, el que es concluido en 1565. Así, para 1591, el convento de Atzcapotzalco es una de las veintidós casas dominicas que conforman la Nación Mexicana, sin embargo, su función es la de ser sólo un lugar de reposo para los frailes que se encontraban enfermos, cansados o en retiro espiritual (Sanchez, 1997: 21-23).

Entre 1582 y 1590 se lleva a cabo la edificación del templo principal de Atzcapotzalco, dándosele la categoría de parroquia en el siglo XVII. Entre las noticias que tenemos sobre el templo de los santos apóstoles Felipe y Santiago están las ocurridas el viernes 14 y el domingo 16 de abril de 1646, días en que se caen la albarrada y el tejado de la iglesia debido a dos temblores, siendo párroco fray Jacinto; el 17 de enero de 1653 volvió a  temblar, cayéndose la mitad de la nave; en 1652 recibió a María Santísima Señora de los Remedios; mienrtas que en 1658, durante la fiesta de los santos patronos, se quebró el palo del volador muriendo doce personas; finalmente, el 8 de octubre de 1702 fue la apertura del templo y el 23 de febrero de 1707 se conviene en vicaría o doctrina, debido a que el claustro volvió a ser habitado por más de dos o tres frailes (Barlow, 1989: 259-260; Córdoba, 1992: 5; Sánchez, 1997: 33-38).

Quizá la obra más importante que podemos ver en el recinto parroquial es la capilla a la Virgen del Rosario, cuya construcción concluyó el 20 de enero de 1720, esta capilla destaca por la belleza de sus retablos, los que son una importante muestra del estilo barroco. La mayoría de los retablos, pinturas y esculturas de la parroquia y de la capilla del Rosario, están firmados por las manos de Cristóbal de Villalpando, Juan Correa y Pedro Ramírez, renombrados artistas de la Nueva España (Manrique, 1963; Sanchez, 1997).

Otras construcciones que realizaron los dominicanos fueron las capillas de los veintisiete barrios de Atzcapotzalco, de tacando entre éstas la de San Simón, de 1579 y la de la Inmaculada Concepción y la de San Lucas, teniendo ambas una capilla abierta de tipo miniatura y tipo escenario respectivamente.

Los Padres Predicadores tuvieron un lugar importante entre los naturales deAtzcapotzalco, ya que no sólo fueron evangelizadores y constructores sino también protectores de ellos, tal y como lo demuestra una carta fechada en 1549 dirigida al emperador Carlos V, donde solicitan justicia para los indios por los abusos cometidos por Alonso Maldonado. Su permanencia en Atzcapotzalco dura hasta el año de 1913, cuando dejan el recinto al ser secularizado.

 

Por ranchos y haciendas
La administración novohispana le dio un valor diferente a la tierra y su uso, ésta no sólo era comunal sino que podía ser particular y enajenable de distintas formas, la mayoría de estas formas traídas del Viejo Mundo; así, además de las encomiendas, la tierra se repartió en mercedes o concesiones otorgadas por el rey a españoles o indios. Para Atzcapotzalco, Tacuba y Tenayuca la tierra se dividió de la siguiente manera: “.....En 1535, por Real Cédula, se ordenó que las tierras de Azcapotzalco, Tacuba y Tenayuca fuesen repartidas en caballerías*, sin perjuicio a terceros, entre los conquistadores y pobladores antiguos que fuesen a permanecer en esta tierra.....” (Pérez-Rocha, 1982: 45).

Entre los españoles a los que les fueron otorgadas tierras en Atzcapotzalco tenemos a Thomás de Rujoles, en 1544; a Gonzalo de Gallegos, en 1551; a Martín Aranguren, en 1563 y a Luisa Navarrete, en 1567; a la comunidad se le repartió tierras en dos ocasiones, en 1550 y en 1565 (Pérez-Rocha, 1982: 133; Córdoba, 1992: 7).

La mayoría de las mercedes fueron para labranza, sin embargo, también se dieron algunas estancias para ganado menor, así, para 1530, el Cabildo de la ciudad de México ordenó que los terrenos entre TIatelolco y Atzcapotzalco se destinaran para la cría de cerdos; en 1565 se da una merced para estancias de ganado caprino a la comunidad indígena en el paraje llamado Jiquiltepec (Córdoba, 1992: 6; Pérez-Rocha, 1982: 52).

Las en comiendas fueron reguladas entre 1530 y 1540, con ello se tasaba el monto del tributo y el lapso de posesión de las tierras, que se limitaba a una generación, sin embargo, los encomenderos consiguieron que ésta se extendiera a tres generaciones. Este hecho, más las mercedes y la compra de tierra originaron las grandes haciendas: “...Las grandes haciendas del Valle de México surgieron mediante otorgación legal, consolidación, expansión, compra, composición y denuncia. Los títulos de tierras incluyen mercedes originales. Documentos subsecuentes de venta, composiciones, registros de exámenes, declaraciones de límites y otros papeles relativos...” (Gibson, 1981: 297).

Las haciendas novohispanas se caracterizaban por el dominio sobre los recursos naturales de una zona: tierra y agua, el dominio sobre la fuerza de trabajo y el dominio sobre los mercados locales y regionales (Torres, 1993).

En 1709, se hizo la composición de las tierras del pueblo de Atzcapotzalco, de acuerdo a la Cédula Real de 1591, con ella se ordenaba la posesión de la tierra comunal y particular; así, Atzcapotzalco estaba formado por veintisiete barrios cuyas tierras comunales estaban en el paso llamado Ahuehuetitlán y Jilotepetitlán, con doce caballerías más ocho caballerías de españoles dentro de los límites y linderos del pueblo; además comprendía seis haciendas y nueve ranchos dedicados a la siembra de trigo, cebada, maíz. Hortalizas y la cria de ganado vacuno, En 1730 había cinco haciendas y nueve ranchos, dos de ellos de indios pero sembrados por españoles y sólo uno de ellos era arrendado; en 1759, había tres haciendas y trece ranchos, siendo la más importante la hacienda de San Nicolás Careaga, además había dieciséis propietarios de casa, y tierras (AGN, 1795; Pérez-Rocha, 1982: 64; Sánchez, 1974: 67).

Las principales haciendas en AtzcapotzaIco durante el Virreinato eran: San Nicolás Careaga, de Ana Cardona; Camarones, del Lic. Clemente Bugueim; El Rosario, de Ramón Sonano; San Antonio Cahualtongo y Santa Cruz del Monte, de José de Castro; El Cristo, de Pedro de Tagle; y Echegaray, perteneciente al Convento Dominicano de Atzcapotzalco. Otras haciendas que hubo en el actual territorio eran: Ahuehuetes y Enmedio; San Antonio Clavería pertenecía a Tacuba y Santa Mónica (de los Agustinos) a Tlalnepantla (AGN, 1795; Urdapilleta. s/f-a).

En cuanto a los ranchos tenemos a Pantaco, de José Soriano; San Marcos, de Nicolás Sonano; Acalotenco, de iguel Alfaro; Azpeitia, de Antonio González de Sepúlveda; San Lucas, de Pedro Hurtado Mendoza; San Rafael, de Juan Andrés González; San Isidro, de Antonio González; y Amealco, perteneciente a los Dominicos de Atzcapotzalco. Otros ranchos que existían en Atzcapotzalco eran: San Antonio Tula, Santa Cecilia, La Naranja, San Francisco Xocotitla, San Carlos, perteneciente al Convento de Santa Clara de México; Renacimiento y San Agustín; además se encontraban las tierras del alférez Juan Rocha y los Potreros del Conde de Miravalles (AGN. 1795; Urdapilleta, s/f-a).

* Una caballería equivale a 42.795 áreas o 427.95 m2

 

Sitios de la Batalla de Atzcapotza1co del 19 de Agosto de 1821
Si caminamos por la calzada de Atzcapotzalco a la altura de la parroquia, podremos ver una placa en la barda del atrio que reza así:

1811-1921
EN ESTE ATRIO TUVO LUGAR
LA ÚLTIMA ACCION DE ARMAS
DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA
NACIONAL EFECTUADA
EL 19 DEAGOSTO DE 1821.

Sin embargo, esta inscripción guarda una verdad a medias, ya que en realidad no fue sólo en el atrio de la parroquia de Atzcapotzalco donde se libró la Ultima Batalla de la Guerra por la Independencia de México, sino que, tal y como su nombre oficial lo dice, fue en varios puntos de Atzcapotzalco6.

En este apartado queremos mencionar estos lugares en donde se libraron los diversos enfrentamientos entre el Ejercito Imperial de las Tres Garantías, al mando de Luis Quintanar y Anastacio Ruíz de Bustamante, contra el Ejercito Realista bajo las ordenes de Manuel de la Concha y Francisco Bucelli. Sin querer hacer una reseña más de este hecho de armas, referíremos que la mayoría de los sitios citados aún persisten en Atzcapotzalco. Después de entrentarse los dos ejércitos en Tepotzotlán, el coronel de la Concha decide continuar su retirada hacia la ciudad de México llegando a Tacuba, donde se acantona en la hacienda de la Clavería.

Los trigarantes avanzan hasta la hacienda de Santa Mónica donde establecen su cuartel, de ahí sale una expedición para reconocer el campo y saber cómo están dispuestas las fuerzas de de la Concha, mientras tanto, Bustamante recorre las haciendas de Careaga, El Cristo y Echegaray. El primer enfrentamiento se verifica entre Atzcapotzalco y la Clavería, en el puente llamado del Rosario (calzada de Atzcapotzalco y Heraldo), retirándose los realistas hasta Tacuba y los trigarantes a la hacienda de El Cristo. Posteriormente hay un segundo enfrentamiento en el mismo punto, replegándose para Atzcapotzalco los independentistas, hasta donde son perseguidos por los realistas, alertado por los disparos. Bustamante corre a apoyar a sus tropas obligando a sus enemigos a retirarse hasta la Clavería.

Conseguido este triunfo, marcha con sus soldados rumbo a Santa Mónica siendo atacado cerca de la hacienda de Careaga por las fuerzas de Bucelli en el puente hoy denominado de Guerra (antiguo camino de Atzcapotzalco a TIalnepantla, hoy mal llamado Aquiles Serdán). Bustamante contra ataca con fiereza y empuja al enemigo hasta Atzcapotzalco, donde se parapetan en el atrio de la parroquia, el convento y en algunas casas principales. Los trigarantes entablan combate y después de un nutrido fuego y con un cañón emplazado en la plazuela del Zacate, dieron cuenta de los artilleros que defendían la plaza.

La lucha dura hasta la noche, llueve y los campos inundados impiden obrar a la caballería de Bustamante, éste ordena la retirada y que el cañón fuese removido a cabeza de silla por los de a caballo, operación que llevaron a cabo el viejo insurgente Encarnación "EI Pachón" Ortíz y el teniente de los Fieles de San Luis Manuel Arana, siendo ambos acribillados al tratar de sacar la pieza atascada en la zanja de Tecompa (antiguo camino de Atzcapotzalco a TIalnepantla y San Mateo). La muerte de "El Pachón" exacerbó a los independentistas quienes atacaron a sus agresores tomando las casas en que se parapetaban hasta entrar al atrio7, en una lucha cuerpo a cuerpo se apoderan del cementerio haciendo salir de la parroquia y el convento a sus agresores, quienes son perseguidos más allá de la puente del Rosario.

Bustamante ordena sepultar a Ortíz en el atrio de Atzcapotzalco y al resto de los muertos en los atrios del barrio de Santa Maria Xocoyahualco y del pueblo de San LucasTepetlacalco en su camino a Santa Mónica. Después de la batalla de Atzcapotzalco los realistas abandonaron la Clavería, Tacuba, Popotla y San Jacinto, para establecer su avanzada en el hospicio de Santo Tomás. Según las consejas, de Santa Mónica pasan los trigarantes a Careaga en espera de la llegada de Agustín de lturbide y de Vicente Guerrero, en este sitio permnanecen hasta su entrada triunfal a la ciudad de México.

El 27 de septiembre de 1821 avanzó el Ejercito Imperial por la calzada de la Verónica y el camino de México a Tacuba. Iturbide atravesó la ciudad hasta el Palacio Virreinal y desde el balcón principal presenció el desfile de las tropas, doscientos de ellos pertenecientes a los Voluntarios de Atzcapotzalco de la Decimoquinta Compañía de Dragones, con esta marcha y un tedéum concluye la lucha libertaria de México. Al día siguiente se firmará el Acta de Independencia naciendo así el Imperio Mexicano.

 

El Distrito Federal y Atzcapotzalco
Con la abolición del Imperio y tras el Triunvirato, la Nación Mexicana decide constituirse como una República Federal designando a la ciudad de México como la sede de los poderes de la Federación, esta ciudad contará con un territorio Autónomo a cualquier estado de la Unión al que se llamará Distrito Federal, siendo su extensión dos leguas8 a la redonda a partir de la plaza mayor, según decreto del 18 de noviembre de 1824 (SEP, 1995: 74).

A pesar de quedar comprendidos dentro del territorio del D.F. Atzcapotzalco, Tacuba, Tacubaya. Coyoacán, Mexicalcingo, TIalpan y Xochimilco tuvieron una situación ambigua para los gobiernos de la ciudad de México y del Estado de México. Situación que quedó aclarada en 1826 cuando se determinó que todos los pueblos cuya mayor parte quedaran dentro de los límites del D.F. pertenecían a esta demarcación, sin embargo el pleito por los límites entre estas dos entidades continuó hasta, 1878 (Sánchez, 1974: 70-71: Romero, 1988: 142), fecha en la que los barrios de Santa Cruz del Monte y Santa Maria Xocoyahualco quedan en el Estado de México.

En 1854, Antonio López de Santa Anna dispuso que el D.F. se dividiera en ocho prefecturas centrales, correspondientes a los cuarteles mayores que formaban la municipalidad de México, más tres exteriores: Tlalnepantla, Tacubaya y Tlalpan. En 1861, se hizo una nueva modificación al D.F., quedando dividido en la municipalidad de México y cuatro partidos: Guadalupe-Hidalgo, con los municipios de Atzcapotzalco y Guadalupe; Xochimilco, con Xochimilco, Tulyehualco, Tlahuac, San Pedro Atocpan, Milpa Alta y Aztahuacán; Tlalpan, con San Angel, TIalpan, Coyoacán, lztapalapa e Iztacalco; Tacubaya, con Tacubaya, Tacuba, Santa Fe y Mixcóac (SEP 1995 : 84).

Durante el gobierno de Don Porfirio Díaz, en diciembre de 1899, el D.F. es dividido para su administración en la municipalidad de México y seis prefecturas: Atzcapotzalco, con las municipalidades de Atzcapotzalco y Tacuba; Guadalupe-Hidalgo, con Guadalupe e Iztacalco; Tacubaya, con Mixcoac, Santa Fe y Cuajimalpa; Coyoacán, con Coyoacán y San Angel; TIalpan, con Tlalpan e Iztapalapa; y Xochimilco, con Xochimilco, Aztahuacán, Atenco.

Tulyehualco, Mixquic, Tláhuac, Milpa Alta, Atocpan y Ostotepec (Romero, 1988: 142-143); a partir de este momento Atzcapotzalco fue designado como "de Porfirio Díaz", en honor al "Héroe de la Carbonera, del 2 de Abril y de la paz" (Sánchez, 1974: 72). Para 1903 el D.F. se divide en trece municipalidades: México. Atzcapotzalco, Guadalupe-Hid algo, Tacuba, Tacubaya, Mixcoac, Cuajimalpa, San Angel, Coyoacán, Tlalpan, Xochimilco, Milpa Alta e Iztapalapa (SEP, 1995 :114).

La Ley Orgánica del Distrito Federal de 1928 suprime el régimen municipal y crea para su policía una dependencia a la que se le denominó Departamento Central, la ciudad de México agrupa ahora a Tacubaya y Mixcoac, además el D.F se dividió en trece delegaciones: Atzcapotzalco, Guadalupe-Hidalgo (que en 1931 cambió su nombre a Gustavo A. Madero), Iztacalco, General Anaya, Coyoacán, San Ángel (que en 1931 cambio su nombre por el de Alvaro Obregón). La Magdalena (Contreras), Cuajimalpa, Tlalpan, Iztapalapa, Xochimilco, Milpa Alta y Tláhuac (Romero, 1988: 22-223; SEP, 1995 : 115). Entre 1941 y 1962 se vuelve a reformar el D.F., comprendiendo la ciudad de México a Tacuba, Tacubaya, Mixcoác y General Anaya, sumando ahora doce delegaciones.

Finalmente, en 1970, a partir de un estúpido decreto presidencial se considerarán sinónimos Distrito Federal y ciudad de México, suprimiéndose las categorías de ciudad, pueblo y villa, provocando con ello la pérdida de identidad entre los antiguos pobladores de estas entidades al incorporarlas todas a la única ciudad que se considera existente: México, además de no se designar a las cabeceras delegacionales. El territorio que comprendía hasta ese momento la ciudad de México se dividió en cuatro delegaciones: Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Cuauhtémoc y Venustiano Carranza, sumándose éstas a las doce ya existentes (SEP, 1995: 120); con esta nueva conformación Atzcapotzalco perderá parte de su territorio, pasando principalmente el área de la refinería a formar parte de la delegación Miguel Hidalgo.

 

La Villa de Atzcapotzalco de Bustamante y Quintanar
En recuerdo al glorioso hecho de armas que tuvo lugar en el pueblo de Atzcapotzalco el 19 de agosto de 1821 ya los comandantes del Ejercito Imperial de las Tres Garantías que participaron en esta batalla, los Chintololos solicitan al presidente de la república, general Antonio López de Santa Anna, que se le conceda al pueblo de Atzcapotzalco el titulo de ciudad con derecho a realizar una feria anual, tal y como se acostumbraba hacerlo en San Agustín de las Cuevas TIalpan, sin embargo, bajo el argumento de su proximidad a la ciudad de México le niega esta categoría decretando, el 1 de septiembre de 1854, que a partir de este momento se le debe de nombrar como: "Villa de Atzcapotzalco de Bustamante y Quintanar", sin derecho a celebrar la mentada feria (Arteta, 1982: 22).

En el Diccionario Universal de Historia y de Geografía se hace una descripción en 1853 de la futura villa: “.....sembrado de porción de pueblecillos, que son otros tantos barrios de la cabecera, y algunas haciendas como incrustadas en lo que forma su municipio; sus productos son trigo, maíz, cebada, hortalizas que cultivan con esmero sus habitantes, dedicándose, además, a la alfarería: [...]y su municipalidad, según los padrones de este año, apenas llega a 5 000 habitantes…” (Arteta, 1982: 21-22).

 

Atzcapotzalco de Porfirio Díaz
Durante gran parte del siglo XIX Atzcapotzalco fue decayendo en su desarrollo. Causal de esto fueron las continuas asonadas por el poder político nacional, lo que provocó que la agricultura y la ganadería vinieran a menos, aunado a lo anterior, los saqueos por parte de los ejércitos conservadores y liberales, más los asaltos y secuestros que se extendieron por todo su territorio fueron algunos de los factores que provocaron un desplome en su economía.

Así, luego de medio siglo de luchas internas e invasiones extranjeras durante poco más de treinta años la nación vivió un periodo de paz, tranquilidad y progreso al que se le ha llamado Porfiriato (1876-1911) y, en Atzcapotzalco, bien se puede decir que se vivió y recibió los beneficios de ésta: "la paz porfiriana”.

Un ejemplo de lo anterior se dio en el año de 1899, cuando a este territorio se le otorga la categoría de prefectura política siendo nombrada como "Atzcapotzalco de Porfirio Díaz", acción diplomática que permitió a la población estar bajo el cobijo del gobernante. Para algunos, esta acción les permitió realizar negocios pingües en el ramo de los bienes raíces, como es el caso de la sociedad de trabajadores del periódico El Imparcial, quienes entre los años 1900 y 1910 fraccionan los terrenos de la hacienda de Clavería y otros pertenecientes a Angel Zimbrón9, para edificar la moderna y afrancesada colonia de El Imparcial (Morales, 1978).

Sin embargo, no todo fue especular con los terrenos de Atzcapotzalco ya que la paz social permitió a la población trabajar sus tierras y, en el caso de las haciendas y ranchos a medias o por jornal, obteniéndose la recuperación económica. La producción de forrajes, carnes y leche es tal, que es posible sacar grandes volúmenes de estos productos por medio del ferrocarril para su consumo en la ciudad de México.

La llegada del caballo de hierro a Atzcapotzalco coadyuvó a la instalación de varias factorías en su territorio, como lo fueron los molinos de trigo y dos de las industrias más importantes: la Fundidora de Hierro y Acero y la pequeña refinería de la Mexican Eagle Petroleum Company.

Con la instalación del tranvía y la construcción de las colonias Aldana, San Alvaro y El Imparcial. Atzcapotzalco es incorporado a la ciudad de México, lo que conllevó a dotar a la población de una serie de mejoras y servicios para su bienestar, en 1878, al instalarse el telégrafo entre la ciudad de México y Cuautitlán, se conecta una terminal con el gobierno y policía de Atzcapotzalco; en 1891 se inaugura el Palacio Municipal (hoy Casa de la Cultura); para 1896 el tianguis que cada jueves se celebraba en la plaza de armas es reubicado debido a las mejoras que se realizan en la misma para transformarla en un jardín dotado de pórtico, con dos hermosos leones sobre pedestales, jarrones y un quiosco octagonal, de tal tamaño que por debajo de él transitaban lo camiones, ya que su estructura de hierro fundido se levantaba sobre las aceras y la calle que dividían en dos al jardín (González,
1990).

A la llegada del nuevo siglo se inaugura el mercado hecho de alma de acero llamado Siglo XX, ubicado en la esquina de las calles Tepanecos y Porfirio Díaz (hoy calzada de Atzcapotzalco); se dotó de luz eléctrica a la villa mediante un contrato con la Compañía de Fuerzas Hidroeléctricas de San Ildefonso y se hicieron mejoras en el rastro de la localidad (ubicado en Camarones y Nubia); en 1904, se llevan a cabo las obras para dotar de drenaje y de agua potable a la cabecera, se canalizan zanjas y se alinean y componen calles y caminos, además se construye una enfermería y un depósito para cadáveres; para 1905, se introduce el tranvía eléctrico.

Para 1910, la población en Atzcapotzalco fluctuó entre los 10 785 y los 12 500 habitantes, de los cuales 7 500 se concentraban en la cabecera y barrios adyacentes. Contaba con dos escuelas superiores: José Rosas Moreno y Vicente Alcaráz, de niños y niñas respectivamente, más diez escuelas elementales para el servicio de sus niños y jóvenes (Arteta. 1982: 32; González, 1990).

Para las fiestas del Centenario del inicio de nuestra Independencia, además de los festejos de rigor, se inauguró la avenida del Centenario, la cual va a ser alumbrada por la compañía alemana Siemens and Salske y por donde tendrá ahora su salida a la ciudad de México el tranvía (González. 1990).

En Atzcapotzalco, con su calma provinciana, el santo silencio era roto de vez en cuando por los pregoneros que anunciaban sus productos de viva voz: "tierra pa' las macetas; chichicuilotes tiernos, jamoncillos, dulces de leche, pepitorias, charamuscas, alegrías, cómprelas este día; gorrioncillos pecho amarillo, verdines cantadores, cómprelos güerita…” Además, dicen las consejas, que el Señor Presidente de la República acostumbraba pasarb varios días en Atzcapotzalco descansando en la casa del señor Zimbrón (hoy Colegio Atzcapotzalco), y pasear por el camino de los Ahuehuetes para celebrar días de campo bajo la sombra de su fronda.

En 1914, por orden del Primer Jefe de la Revolución: Venustiano Carranza, y entre saqueos carranclanes, nuestra localidad deja de ser prefectura y pierde su denominación de "Atzcapotzalco de Porfirio Díaz".

 

Colonias El Imparcial, Aldana y San Álvaro
A principios del siglo XX, por iniciativa del periódico El Imparcial, se funda una colonia del mismo nombre para personas de clase media alta, este asentamiento reunía las condiciones de higiene y belleza para vivir cómodamente y sus casas eran afrancesadas y muy hermosas. La colonia El Imparcial se levantó en terrenos que pertenecían al licenciado Angel Zimbrón, erigiéndose a todo lo largo de la calzada Atzcapotzalco lo que le da un aire señorial a la rúa, la cual, para poderse comunicar con la ciudad de México utilizaba el tranvía, el que realizaba el viaje hasta el Zócalo en media hora.

En los folletos de propaganda para promover la venta de los terrenos y casas de l nuevo fraccioamiento se lee lo siguiente: “.....El lugar en que se halla la colonia es, sin duda, el más sano é higiénico del Distrito Federal, tanto por su situación topográfica como porque siendo los vientos dominantes en el Valle de México los del N. y P., la Colonia no recibe aires viciados de la Capital, como sucede en otros lugares del Distrito, contribuyendo poderosamente a la higiene de la Colonia las obras de saneamiento de que está dotada y la abundante agua potable con que cuenta…” (García G., 1907: 5).

La ampliación de El Imparcial se inició en el año de 1907, al oriente de la calzada, en los terrenos de la hacienda de Clavería, por eso después toma ese nombre, el dueño de los predios era don Manuel Manterola que los cede a muy bajo precio con el fin de beneficiar a las familias de clase media. En la ampliación, las calles abiertas tienen veinte metros de ancho y cuentan con árboles a lo largo de las banquetas, además se ha destinado para jardín un terreno en el centro de la colonia que mide más de 9 000 metros cuadrados (conocido hoy como "de los Vagos") .

Una novedad de aquellos tiempos era el uso en las construcciones del cemento armado, siendo en esta colonia donde los constructores promueven este tipo de material por ser más fuerte, seguro, resistente al fuego y al deterioro del tiempo. El objetivo de los fraccionadores no fue especular con los terrenos y obtener grandes ganancias, sino el de fundar una colonia bella y cómoda y desde luego lo lograron.

Las condiciones para la compra de los lotes eran las siguientes: 10% al contado y el resto en tres años por mensualidades vencidas. El comprador tenía la obligación de construir dejando quince metros al frente para jardín. Los precios de los lotes varían de $2.00 a $4.00 el metro cuadrado. En vista de la demanda, a los compradores que pagaron al contado se les dio el metro cuadrado a $1.75 y se les facilitó dinero para la construcción, pagadero en diez años en abonos mensuales con réditos de banco.

Entre los personajes que llegaron a Atzcapotzalco y se avecindaron en El Imparcial tenemos al periodista J. R. Reyes Spíndola, fundador de los periódicos El Imparcial, El Universal y el Mundo y cuya casa era de las más hermosas; a don Manuel Manterola, al Sr. Enrique F. Martínez, al Dr. Rafael López, al Lic. Rodolfo Araujo, al Sr. Peccio Florio, al Sr. Luis G. Padilla, al notario Humberto Molina, a la Sra. Mercedes S. de Parlange, a don Carlos Díaz Dufoó, al Ing. Rafael Garete y Sánchez Facio, las Sritas. Isabel y Delfina García, al Sr. G. Cortina Aasadre, la Sra. Isabel Bedolla de Alducin, al Dr. León Martínez, al Sr. Antonio Enríquez, al Sr. M. Fernández Ortigosa, al Sr. N. Pheffer; al Sr. Felipe Ortega y al Sr. Luis Lahera.

En 1906 se autorizan otras dos colonias, una de ellas es San Álvaro, al sur de Clavería y la otra es la colonia Aldana, al norte del Río del Consulado, a estas dos colonias se pensó destinarlas para la clase proletaria ya que se encontraban cerca de Tacuba y de Atlampa, esta última centro fabril, San Álvaro es una colonia con casas unifamiliares y con vecindades. Algunas ya fueron demolidas y otras todavía se conservan en malas condiciones, frente al jardín en la calle de Libertad se sitúan las llamadas "Casitas Blancas", construcciones sencillas para personas de escasos recursos. En la calle de Juárez había dos vecindades marcadas con los números 26 y 30, siendo famosa la del número 26 porque ahí vivió una actriz llamada Eva Martino que hizo segundos papeles con varios galanes del cine nacional.

La colonia Aldana se destinó para albergar a los obreros y ésta si cumplió su cometido. A diferencia de Clavería, no estaba urbanizada ni tenía buenos servicios, muchos lotes no estaban regularizados y la gente los adquirió también en abonos, las modestas construcciones fueron surgiendo poco a poco, cuarto por cuarto y fueron levantadas con los materiales que podían adquirir con sus bajos salarios, las casas no tienen el pequeño jardín al frente ni las fachadas han sido diseñadas por un arquitecto, lo que le da una gran heterogeneiad a sus construcciones, muchas de ellas tienen pisos de cemento y techos de lámina, aunque no existe un solo jardín que sirva para adorno y como pulmón para la colonia, ésta ha cambiado para mejorar, pero todavía hay construcciones en muy malas condiciones.

 

El Palacio Municipal de Atzcapotzalco
Poco o nada se ha escrito acerca de los edificios destinados a alojar al gobierno local, mismos que al igual que las edificaciones particulares y religiosas son parte de los que viven en Azcapotzalco y de su quehacer cotidiano. Estos edificios tienen una historia interesante para nosotros los Chintololos, siendo los más conocidos el llamado Palacio de Maxtla, la Casa del Encomendero, el Convento Dominicano y el viejo Edificio Municipal o Antigua Delegación, hoy Casa de la Cultura de Atzcapotzalco.

Este edificio, inaugurado en 1891, se levanta en el lugar de la tercer capilla posa ubicada en la esquina sudoeste del atrio y en los terrenos que fueran parte de la huerta grande del convento de Atzcapot zalco. Esta huerta fue. j unto con otro s bienes eclesiásticos, desamortizada por las Leye s de Reforma a mediados del siglo XIX, por lo que la mayor parte de su superficie se fraccionó y vendió a particulares que edificaron en ella sus viviendas, quedando algunas fracciones en poder del Estado.

En 1872, en la villa de Atzcapotzalco se inauguró un hermoso salón que sirvió para la residencia del Ayuntamiento (Arteta, 1982: 23), pero tuvieron que pasar casi veinte años para la edifi cación del Palacio Municipal.

Los muros de la planta baja se construyeron con adobe y los de la planta alta con tepetate, en la planta superior está el salón principal, con piso de duela, en él observamos el balcón central que se ha utilizado para múltiples ceremonias como la del Grito de Independencia del 16 de septiembre o para ver el desfile del día 15, sobre el balcón un antiguo reloj francés de 1891 nos recuerda con sus campanadas ese pasado progresista y moderno (Solórzano, 1998).

La escalera estaba en medio del edificio y tenía una baranda de hierro forjado, posteriormente se cambió al lado derecho de la entrada para que pudieran tener acceso los vehículos oficiales, del lado derecho el barandal también era de hierro forjado. En la parte posterior estaba la casa de tranvías, en donde se guardaban estos junto con las mulas que los jalaban hasta 1905, año en que fueron cambiados por los de tracción eléctrica; posteriormente el servicio de tranvías pasó a manos del Departamento del Distrito Federal, quedando la estación como solar abandonado (Urdapilleta, 1991).

En el año de 1928 fue cuando se crearon las delegaciones suprimiéndose la categoría de municipio, pasando el inmueble de Palacio Municipal a edificio delegacional. Además de las oficinas de la delegación, estaban también policía, tesorería, el servicio médico, el anfiteatro, donde eran depositados los cadáveres de las personas que fallecían por asesinato o por accidente y la cárcel local, la que tenía tres separos para los varones y tres para las mujeres (Solórzano, 1998).

La función del inmueble perdurará hasta 1962, año en que se traslada la delegación a su nuevo edificio en la desaparecida huerta de Ahuacatitla, sin embargo, no todas las oficinas se cambian quedando tránsito, el registro y juzgado civil y otras que albergará posteriormente hasta 1910. Finalmente, en noviembre de 1991, bajo la administración del licenciado David Jiménez González, este viejo palacio recupera su dignidad al abrir sus puertas como sede de la Casa de la Cultura de Atzcapotzalco.

 

El Águila, El Hierro y El Acero: La Industrialización
Como ya hemos mencionado en cápsulas anteriores, es durante el Porfiriato que en Atzcapotzalco inicia su marcha hacia la industrialización. La estabilidad política en el país permite el crecimiento económico de la localidad por lo que en sus ranchos y haciendas se reaviva la producción agrícola, ganadera y lechera. Sin embargo, por su cercanía a la ciudad de México, Atzcapotzalco es puesto en la mira para modificar su uso de suelo e ir levantando en lo que fueran tierras de cultivo y potreros nuevas formas de producción y reproducción.

Tres son los momentos más trascendentes en este cambio de actividades en Atzcapotzalco, el primero de ellos se da con la instalación en las tierras del rancho El Rosario (que no la hacienda) de la Fundidora de Hierro y Acero, la que va a especializarse en la construcción de carros de ferrocarril: el segundo momento se da con la presencia de la pequeña refinería de la Mexican Eagle Petroleum Company, edificada en el rancho de La Naranja y finalmente, la creación en 1929 de la Zona Industrial de Vallejo, la cual se levantará en terrenos de la hacienda de los Ahuehuetes y del rancho de San Antonio Tula.

La refinería de Atzcapotzalco contribuye en gran parte al desarrollo industrial, alrededor de ella se genera una gran actividad comercial y social, sus grandes depósitos de petróleo, gasolina, diesel, queroseno, chapopote, etcétera, son llenados y distribuidos por el Ferrocarril Nacional Mexicano, así como por las pipas, a diversos lugares de la república. Diversos comercios y locales se construyen alrededor de ella para dar servicio a sus trabajadores; estos últimos son antiguos campesinos de Atzcapotzalco o gente proveniente de otros lugares que comienzan a avecindarse en la villa y que por lo mismo van transformando la vida cotidiana de los Chintololos.

Durante el conflicto petrolero de la década de 1930, la Compañía Mexicana de Petróleo El Águila, subsidiaria de la Royal Dutch Shell, estaba dividida en diez compañías para evitar la firma de un mismo contrato con las mismas condicio nes que pud ieran favore cer en algo a los trabajadores. Con la ex propiación, la refinería fue nombrada como 18 de Marzo, curiosamente en esta fecha pero de 1911, sus instalaciónes fueron cerradas por el peligro que representaban para la ciudad, hay que recordar dos grandes incendios y la explosión en repetidas ocasiones de tuberías y drenajes en las calles de Atzcapotzalco, quedando exclusivamente como centro de almacenaje y distribución.

Aunque en 1970 con las modificaciones que se hicieron a la Ley Orgánica del D.F. la refinería paso a pertenecer a la delegación Miguel Hidalgo, ésta se sigue identificando como de Atzcapotzalco.

Cuando se crea la Zona Industrial de Vallejo, cinco millones de metros cuadrados que eran dedicados a la agricultura desaparecen para el establecimiento de fábricas. Siendo presidente Emilio Portes Gil es colocada la primera piedra del que seria uno de los primeros desarrollos industriales de México, para 1944 el presidente Manuel Avila Camacho expide un decreto para consolidar esta zona industrial. La fábricas en clavadas en Vallejo fabrican diversos artículos: enseres eléctricos, de cocina, línea blanca, partes automotrices, alimentos enlatados y procesados, materiales de consttucción, cables de acero y cobre, motores de varios tipos, herramientas, pinturas, pegamentos y muchos artículos más.

Otras zonas industriales que existen en Atzcapotzalco son: el fraccionamiento industrial de San Antonio o Atzcapotzalco, ocupando el área de la hacienda del mismo nombre y tierras de los barrios de Santa Lucía, San Francisco y Santa Apolonia; la zona de Pantaco, levantada en terrenos del rancho de Pantaco y de los barrios de Santo Tomás y Santa Catarina, ésta comprendía hasta hace pocos años el rastro de la ciudad o Industrial de Abastos, la terminal de carga de Ferrocarriles Nacionales, los Almacenes de México y la Aduana Postal y la Central Mecánica de Correos, la zona de Xochimancas, construida en el barrio dé San Salvador Xochimancas y en terrenos de la hacienda de Camarones, finalmente la zona industrial de El Gas, edificada en el rancho de San Francisco Xocotitla.

Durante el siglo XX, se instalan varias factorías en Atzcapotzalco como molinos de harina e industriales, jaboneras, aceiteras, fábricas de aditamentos médicos, de chocolates y dulces (Usher), de mosaicos (Mancilla) y cigarrillos (El Águila), llantas (Tornel), siendo la mayoría de las industrias de capital extranjero: inglés, español y alemán. En la actualidad la mayoría de las empresas son de capital nacional, sin embargo el poco impulso recibido durante años ha provocado el decaimiento y migración a otros lugares con mayor potencial de desarrollo, así, de los años de 1970, cuando el ingreso anual era del 12% nacional, para finales de siglo éste desciende al 9.8%del producto interno bruto.

No podemos dejar de mencionar la industria lechera de la hacienda del Rosario, uno de los centros productores más grandes no sólo de Atzcapotzalco sin o del D.F., el sindicato lechero se inició ahí y uno de sus dirigentes también salió del Rosario: don Fidel Velázquez. Durante años la leche del Rosario fue muy solicitada, hasta que a mediados de los años 1970 a alguien se le ocurrió la brillante idea de construir en los terrenos de la hacienda el hacinamiento humano más grande de Iberoamérica, la unidad habitacional El Rosario, dándole fin a esta industria y a sus empleados (queremos agregar que en Atzcapotzalco se sigue produciendo leche, nada más que ahora es plástica y viene en cartones con la denominación de Lala).

Hoy, en Atzcapotzalco los cantos de los pájaros, el balar de los borregos y el mugir de las vacas han sido sustituidos por las sirenas de las fábricas que anuncian la hora de entrada y salida de los obreros.

 

En lo Rural y en lo Urbano
¿Azcapotzalco es un pueblote? Si. Atzcapotzalco es un pueblote. Con estas frases inició y terminó una presentación nuestro amigo Enrique Medina y déjenos decirle que es cierto. Atzcapotzalco, la zona industrial más importante del D.F., con el 20%del producto interno bruto de la capital, anexada a ésta desde principios del siglo XX por medio de fraccionamientos comunicados por  el tranvía, es un pueblote.

Y no hay porque extrañarse de esto si los Chintololos hacemos todo lo posible por conservarlo así, cada barrio trata, año tras año, de realizar la mejor fiesta para su santo patrono o patrona en comparación a los otros, alrededor de sus casi extintas mayordomías se preparan las mañanitas, los "cuetes", el castillo, las procesiones, la "alquila" o comida comunal, la feria, los eventos culturales y deportivos y el baile.

Dentro de este mundo religioso, cómo no conmemorar la celebración de la Cuaresma y la Semana Mayor, con su Miércoles de Ceniza, sus procesiones del silencio o con representaciones muy al estilo de lztapalapa, o la mirada sigilosa de la Hermandad que busca con su silencio conservar la tradición; no podemos dejar de mencionar a la Fiesta de los Naturales, peregrinación anual que se hace a la Villa de Guadalupe con "cuetes", banda y los naturales de Atzcapotzalco, pero quizá el momento más importante de estas celebraciones sea la "alquila", con el arroz, el mole, las tortillas, el curado o los tamales de Júdas, la que perrnite reunir entorno a los platos a propios y extraños.

Otra fiesta que nos emociona es la del día 15 de septiembre, cada niño, joven y adulto trata de participar en el desfile que se hace por la calzada de Atzcapotzalco durante la mañana de ese día, siendo quizá la única conmemoración cívica en la que la población se apropia de este evento sin que sea obligada por la delegación. En San Juan Tlilhuaca, varias semanas antes convocan a las jóvenes a participar en la elección para la Reina de las Fiestas Patrias, con damas de honor, corona y cetro, y la única finalidad es que la joven engalane con su porte y presencia al carro alegórico de los Brujos. De igual manera, aunque nuestros ranchos y haciendas hayan desaparecido, buscamos la participación de los Charros de Atzcapotzalco, herederos de las suertes de Sebastián de Aparicio y único recuerdo de aquellos tiempos campiranos.

Si, mucho a cambiado Atzcapotzalco, pero aún con el ruido y sirenas de las fábricas, automóviles, estéreos y bocinas a todo volumen, se pueden escuchar las campanadas de la parroquia, el canto de los gallos, el mugir de las vacas y el rumor del viento al parsar por entre las hojas de sus árboles. Los Chintololos todavía se pasean por la tarde en los distintos jardines y comen nieve, la paleta, el elote o los esquites; saludan cordialmente a sus vecinos y se detienen a platicar un momento con ellos, tratando de buscar ese algo que los une e identifica, aunque estos procedan de otro barrio o colonia.

Las mayoría de sus calles continúan estrechas y torcidas, recuerdos de tiempos idos que siguen presentes; las quintas y casas afrancesadas en su guerra interminable que todos los días mantienen por sobrevivir al apetito voraz de constructoras y a la falta de escrúpulos por parte de los que otorgan los permisos para demoler y construir en la delegación, y sus consejas, ruidos y fantasmas siguen presentes en la vida de aquellos que pelean junto a ellas por salvaguardarlas, porque éstas representan una forma de vida muy diferente a la citadina y, en el Hormiguero, los Chintololos hacen todo lo posible por conservar esta forma de vida: tranquila, bucólica, de pueblo, a pesar de estar inmersos en una gran ciudad. Si, Atzcapotzalco, afortunadamente, no deja de ser un pueblote.

 

Las Escuelas en Atzcapotzalco
Con este apartado queremos dar un paseo por las escuelas que han existido en Atzcapotzaleo, como es obvio no nos es posible abarcar todas, pero pensamos que es importante mencionar a varias de ellas para que su huella no se pierda en el olvido. Quizá una de las escuelas más antiguas de Atzcapotzalco fue la que se fundó en la hacienda de Careaga, las primeras noticias que tenemos de ella corresponden a su dueño: Sebastián de Aparicio, quien siguiendo los pasos de fray Pedro de Gante, funda en su hacienda una escuela de artes manuales para sus peones y vecinos: curiosamente en este lugar podemos ubicar una de las escuelas elementales que congregaba a los niños de la hacienda para aprender a leer y escribir, ésta se encontraba bajo la tutela de Martín Oyamburo hacia 1930 ó 1940 (comunicación personal de don David Delgado, 2000).

Otra de las escuelas antecesora de las instituciones oficiales lo fue la de Luisa Fernández de Córdoba, la que estaba ubicada en las calles de la Posta (hoy Morelos) y Tizne, en ella el método utilizado para la enseñanza estaba basado en el silabario del Padre Ripalda y posteriormente en el de San Miguel, a los niños egresados de esta escuela se le haga una gran fiesta a la que invitaban a la comunidad y que era costeada por el padrino del silabario.

Durante el Porfiriato se abrieron en Atzcapotzalco dos escuelas superiores, la primaria de niños José Rosas Moreno y la primaria de niñas Vicente Alcaráz, la Rosas Moreno fue una escuela de un gran prestigio, estaba ubicada en una preciosa casona antigua que perteneció a la familia Rocha, sin embargo, por disposiciones de la SEP, se ordenó que el edificio fuese demolido para edificar las actuales aulas10; además de estas dos escuelas, se abrieron diez elementales.

La misma suerte de la Rosas Moreno la tuvo la primaria José Arturo Pichardo. La casa era muy grande y hermosa con dos patios enormes, se dividía en dos partes y cada una tenía una escalinata que llevaba al segundo piso. Esta casona en sus tiempos de esplendor perteneció al periodista Reyes Spíndola fundador de la entonces colonia El Imparcial, los patios eran de tierra y veredas de piedra, tenía una parcela escolar donde los alumnos aprendían a cultivar hortalizas y legumbres, los viernes daban "cinito" en el sótano de una de las alas exhibiendo películas del Gordo y el Flaco y series de ciencia ficción en las que se exhibía un mundo subterráneo en el centro de la tierra. Al construirse sus nuevas aulas, ésta se tuvo que dividir en dos escuelas por problemas sindicales, así nació la primaria Tepuchcalli.

Otras escuelas que tuvieron el mismo origen y destino fueron la Vicente Alcaráz, la Juan N. Méndez y la Joaquín Baranda, esta última instalada en una casa desvencijada en San Álvaro pasándose después a Tacuba. Entre otras primarias que se fundaron en Atzcapotzalco están, la Carlos Marx en Santa Bárbara o la Liberación Campesina en San Juan Tlilhuaca, esta última tenía un campo para el cultivo de maíz y frijol donde los niños aprendían a barbechar o sembrar y cosechar.

En la avenida Atzcapotzalco y La Rosa (hoy Aquiles Elorduy) se encuentra la escuela particular de monjas dominicas fray Matías de Córdoba, en ella había un pequeño internado para niñas, a las madres que no podían atender a sus hijas les cobraban módicas cuotas, muchas de estas niñas se convirtieron en brillantes profesionistas. Y ya que mencionamos a don Aquiles Elorduy, él y su familia son recordados con gran cariño por todos los vecinos de la colonia El Recreo, el terreno que ocupa la primaria Aquiles Elorduy fue donado por esta familia, su hija Atala o Tala mandó construir un comedor y de su peculio costeaba los desayunos que diariamente se daban a los niños de escasos recursos que asistían a esa escuela, igualmente el terreno en el que se levanta la secundaria No. 196 fue cedido por la familia Elorduy.

Otros colegios particulares de renombre son el Colegio Atzcapotzalco, los institutos La paz y Cobre de México, este último se funda a partir de la buena disposición de los directivos de la compañía Cobre de México.

En cuanto a las escuelas de educación superior en Atzcapotzalco podemos nombrar varias, en las inmediaciones de San Álvaro y Santa Cruz Atenco se ubicó por mucho tiempo la Escuela de Ciencias Químicas de la UNAM, para su mala fortuna este lugar cuenta con un par de puntos negros en su historia, en él estudió y enterró a una de sus víctimas Goyo Cárdenas y fue sede durante algún tiempo de la Preparatoria Popular Tacuba, en la actualidad alberga la Fundación Roberto Medellín donde los ex-alumnos de Química llevan a cabo actividades culturales y científicas.

Las escuelas Normales dedicadas a preparar profesores para la enseñanza, también han estado en esta localidad, entre 1942 y 1948 la Escuela Nacional de Maestros para varones, estuvo instalada en Santa Catarina y contó con servicio militarizado y de internado11 o la Escuela Nacional de Maestros para el Trabajo Industrial o ENAMATI, ubicada sobre la avenida de las Granjas, hoy convertida en CETIS; finalmente, de sus antiguas instalaciones en San Cosme, se ha trasladado a Atzcapotzalco la Escuela Normal Superior.

Otras escuelas superiores son: el Instituto Politécnico Nacional con una sede de la ESIME y los CECyT 6 y 8, la UniversidadAutónoma Metropolitana y los colegios de Bachilleres l y 18, así como el Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM; el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa o IPADE; el Tecnológico Universitario de México o TUM y la Universidad Tecnológica o UNITEC.

Entre las escuelas técnicas albergamos al Instituto ARMO de adiestramiento rápido de mano de obra, la Escuela Tecnológica, Industrial y Comercial y varios CECATlS. Finalmente mencionaremos las dos Centrales de Laboratorios y Talleres para nivel medio.

 

Tacuba-Atzcapotzalco-Tlalnepantla y Anexas: El Transporte
Creemos que es importante que sea registrado algo acerca del transporte en Atzcapotzalco, ya que en las poblaciones integrantes del gran monstruo que es el Distrito Federal, es el transporte la columna vertebral para la realización de la mayoría de las actividades que desarrollan.

Si nos remontamos a la época precortesiana, Atzcapotzalco dependió en gran medida de sus comunicaciones lacustres para su actividad comercial, existió una serie de canales que eran navegados por chalupas, canoas y trajineras. La otra forma de transportarse en esa época era la terrestre, que se hace a pie sin usar animales de tiro, por medio de una gran red de caminos entre los que destacan la calzada de Atzcapotzalco, que unía San Angel, Mixcóac, Tacubaya, Tacuba, Atzcapotzalco y Tenayuca; la calzada de Camarones, que unía la metrópoli con Tlatelolco y el camino de Nextenco, que conducía a Toluca.

A partir de la llegada de los españoles a estas tierras y con la introducción de los animales de tiro se abren nuevos caminos siendo el precursor Sebastián de Aparicio, fundador de la hacienda de San Nicolás Careaga, que abre rutas como la de la plata (antiguo camino Atzcapotzalco-TIalnepantla). De esta manera durante más de trescientos años veremos el ir y venir de carretas, calandrias y diligencias por los polvosos caminos de la localidad; hasta llegar el momento en que el transpone se moderniza con el ferrocarril, el tranvía y el automóvil.

En el primer caso son cinco las líneas que de alguna manera atraviesan Azcapotzalco: el Ferrocarril Nacional que va a Nuevo Laredo (1888), el Ferrocarril Central que va a ciudad Juárez (1884), el Ferrocarril Nacional Mexicano que va a Toluca (1875), el Ferrocarril lndustrial, que es un ramal entre el Central y el de Hidalgo y, finalmente, el Ferrocarril de Monte Alto que circulaba por la calzada de Vallejo, desde Santiago Tlatelolco hasta San Pedro Azcapotzaltongo.

Otro medio de transporte que fue de gran utilidad en aquella época fue el tranvía, en 1861 este servicio inicia tirado por mulitas recorriendo desde la ciudad de México hasta Tacuba, en 1882 se extiende a Atzcapotzalco y Tlalnepantla (Vidrio, 1978: 215), haciendo cambio de animales en la calle de la Posta, hoy llamada Morelos. En 1905 el tranvía eléctrico se introduce de la ciudad de México hasta la villa de Atzcapotzalco para beneficio de los obreros. En 1916 se incorpora el autovía a Tlalnepantla.

Este transporte tenía como forma de pago unas planillas que el usuario compraba cada mes y le daban derecho a viajar en número indefinido de subidas, las planillas eran de color verde y costaban veinticinco centavos. Este sistema duró en Atzcapotzalco hasta mediados de los años setenta, siendo su recorrido original desde el frente de la parroquia de Atzcapotzalco hasta el Zócalo y luego hasta el Rastro Viejo, en la colonia Janitzio, quedando como su último destino la Plaza de Loreto, pasando por localidades como: Clavería. Popotla, el Casco de Santo Tomás, Santa María la Ribera, Guerrero y el Centro Histórico, de regreso pasaba además por San Jacinto y Tacuba.

Una variante de los tranvías son los trolebuses que aún circulan por Atzcapotzalco, siendo dos las rutas principales las que se dirigen a Chapultepec y el Puerto Aéreo, mismas que circulan por Camarones y Cuitláhuac, originalmente la terminal se encontraba sobre 22 de Febrero, entre la Delegación y Bomberos, posteriormente se trasladó debajo del puente de Castilla y Parque Vía y se abrió un ramal a la Petrolera, para finalmente ser trasladada la terminal a El Rosario.

En la confluencia de Camarones, la Rosa (hoy Aquiles Elorduy) y Nubia, se encontraba el encierro de los tranvías y trolebuses, mismo que fue trasladado recientemente a un costado de la estación Rosario del metro. Para concluir con este medio de transporte, diremos que también cruzaban Atzcapotzalco las siguientes rutas sobre la avenida Cuitláhuac: Circuitos 1 y 2 y la Villa.

Atzcapotzalco contó con una considerable red de camiones de pasajeros siendo la primera de ellas: Tacuba-Atzcapotzalco-Tlalnepantla y anexas, que circulaba por la calzada Atzcapotzalco; eran camiones Ford 1928 con escalón atrás y bancos laterales, el pasaje costaba cinco centavos. Después aparecieron otros camiones de color verde y azul que llevaban la leyenda: Atzcapotzalco-Tlalnepantla y pasaban por Puente de Vigas, la línea Atzcapotzalco-Narvarte, como su nombre lo indica, viajaba desde Atzcapotzalco hasta la colonia Narvarte; mientras que la Atzcapotzalco-Aviación, con una franja gris en el costado, hacía un recorrido enorme y tardaba dos horas aproximadamente para llegar hasta cerca del Puerto Aéreo.

La línea Atzcapotzalco-Merced-Jamaica tenía un recorrido muy largo ya que atravesaba la ciudad; había de primera y de segunda. En los carros de primera no se permitían pasajeros de pie al principio, aunque después de algún tiempo iban hasta colgados de las puertas. Estos tenían los asientos de dos en dos a lo largo del estrecho pasillo, en hilera, cuando iban llenos eran más incómodos que los otros, los de segunda tenían los asientos ubicados a todo lo largo del camión, del lado de las ventanillas, por lo que quedaba un lugar mas amplio, hacían el mismo recorrido, eran más baratos y le permitían a la gente traer bultos o animales desde la Merced o Jamaica, era un verdadero espectáculo lo que sucedía durante el viaje, pleitos por los animales que molestaban a los pasajeros, la gente a veces tenía que sentarse encima de los bultos y el paisanaje iba apretado como sardinas, costaba quince centavos el boleto hacia 1950 aproximadamente.

Otro camión que hacía un recorrido enorme para aquellos tiempos era el Santa María Mixcalco y anexas, en este camión viajaban muchos varilleros, encargados de vender al menudeo cháchara y media. Al subir en Atzcapotzalco las unidades muy cómodas, pero de regreso bultos y más bultos de mercancía que los usuarios traían de los puestos y mercados por los que pasaban. El Viga-Colonias, este camión llegaba más allá de la Viga, por Balbuena. El Atzcapotzalco-La Villa, como su nombre lo indica, hacía su recorrido por la calzada Atzcapotzalco-La Villa y terminaba frente a la Basílica.

Entre las líneas que destacaban por su trayecto estaba Circuito Hospitales, la cual hacía una ruta pasando frente a la mayoría de los nosocomios: militar, español, Tacuba, etcétera. Otras líneas que unían Atzcapotzalco con el "Centro", cruzando por la colonia San Rafael y Santa María la Ribera eran: la Rastro Nuevo-Rastro viejo, la San Rafael-Asturias, la Santa María-San Rafael, la Pino-Artes, Caballito o Correo, Zócalo, Atzcapotzalco-Mina; finalmente, aunque sea sólo por su nombre queremos mencionar a Colonias Urbanas, Santa María Insurgentes y los Postergados, llamados así por haber sido expulsados de la Unión de Camioneros, eran de color café y circulaban por la calzada de Atzcapotzalco dando vuelta posteriormente para la glorieta de Clavería.

Entre las líneas foráneas estaban: Cuautitlán-Tepotzotlán, Jilotepec-Tepeji del Río, Satélite-Jacarandas, México-Tlalnepantla, Rápidos de Monte Alto y otros más, la mayoría de estas rutas tenían su paradero en Tacuba, mientras que otras venian desde la Merced o Jamaica.

Con la desaparición del "Pulpo Camionero" a principio de los años ochenta, más la recomposición de las rutas en una red ortogonal, aparecen en Atzcapotzalco los siguientes camiones: Providencia, Tacubaya-Rastro Nuevo, Ceylán, Armas-Aragón-Cd. Lago, Peñón La Naranja-San Isidro, Reynosa-CU, Tacuba-San Pablo, Parque México y Chapultepec –La Villa.

Para finalizar, diremos con respecto a las rutas internas que uno de los camiones más antiguos es el que circulaba entre San Juan Tlilhuaca y Atzcapotzalco, mientras que otra ruta era un camión local que recorría Atzcapotzalco y que se conocía como Línea 2 Local.

 

1Según Alva lxtlixóchitl, el año corresponde a 1063 (1975, vol. I: 298-99), mientras que para algunos investigadores esta fecha puede ser el año de 1230 (Sánchez, 1974: 30 y Bernal, 1984:130)
2 Una raja es cada una de las partes de un leño que resultan al abrirlo al hilo.

3 Una fanega equivale a 90.8 litros, por lo que 825 fanegas equivalen a 74 910 litros. Un litro equivale a  un decímetro cúbico o un kilogramo.

4 Jorge Alberto Manrique (1963) calcula que estas 593 familias se componían de 3 000 personas.

5 En el caso del convento de Atzcapotzalco, sabemos que fue concluido el 23 de marzo de 1565. Gracias a la inscripción que se encuentra en una viga de madera de la planta baja del mismo, su edificación duró cuatro años, de 1561 a 1565.

6 Este texto está basado en: Sedena, 1821 y Ferrer, 1939.

7 Por estos hechos, con fecha del 26 de junio de 1923, el recinto parroquial es declarado Monumento Nacional Histórico y Artístico, ratificándose el 15 de febrero de 1932 (Ferrer, 1939; INAH, 1987).

8 Una legua equivale a 4 190 metros.

9 Secretario de Gobierno y Gobernador interino del D.F. en dos ocasiones durante 1900.

10 La Rosas Moreno actualmente cubre el turno nocturn, mientras que en el día su tarea la realiza la escuela Mártires de la Libertad.

11 También se le conoció como Escuela Hijos del Ejército, hoy es la EST No. 15.

   
 
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  Fuente:
   
  “Voces tepanecas: Tepanecahtlahtolli, cápsulas históricas de Atzcapotzalco”
   
  Consejo de cronistas de Azcaptzalco.
                Colección reflejos e imágenes de Atzcapotzalco Num.2.
                Crónicas históricas, costumbristas y urbanas.
                Consejo de la crónica – PACMYC 1999.
                Azcapotzalco 2001.
 
     
 

José Antonio Urdapilleta Pérez.

María Elena Solórzano Carbajal.

 


               
               

 
 
     
 
 
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